Neuropsicología

Olvido: tipos, causas u cuándo son peligrosos


Un olvido consiste en la pérdida de información que previamente existía en la memoria. Por ejemplo, no recordar el nombre de alguien que acabamos de conocer, el lugar de las llaves u olvidar un número de teléfono se consideran olvidos que todos podemos tener en el día a día. (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Los olvidos pueden ocurrir a cualquier edad, generalmente debido a que no prestamos suficiente atención. Sin embargo, a medida que crecemos, nos preocupamos sobre estos y nos preguntamos cual podría ser su significado.

Por lo tanto, las personas sanas pueden experimentar este tipo de pérdidas de memoria. Sin embargo, algunas son más evidentes conforme la edad aumenta; a menos que sean extremas y persistentes, no tienen por qué considerarse indicadores de un déficit de memoria (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Cuando estos olvidos interfieren de forma significativa con las actividades diarias sí pueden constituir un indicador relevante de deterioro cognitivo leve (Calero-García et al., 2014).

Actualmente no se conocen con exactitud todos los factores que pueden incrementar la ocurrencia de este tipo de fallos cognitivos. Sin embargo, parece ser que el envejecimiento está asociado a un desempeño más pobre de las funciones cognitivas y más concretamente de la memoria (Carrigan & Barkus, 2016).

Además, el perfeccionamiento de las técnicas de evaluación y diagnóstico han incrementado de forma considerable el número de casos con diagnóstico de demencia. Este hecho por tanto ha dado lugar a la aparición de numerosas preocupaciones y ansiedad sobre el padecimiento de este tipo de patologías en la población de mediana edad (Carrigan & Barkus, 2016).

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Tipos de olvido

The Harvard Medical School, en una de sus publicaciones sanitarias ha señalado una lista de seis problemas normales de memoria o tipos de olvido:

Temporalidad – olvido por paso del tiempo

Conforme pasa el tiempo es normal que tendamos a olvidar ciertos acontecimientos. Es probable que olvidemos algunas informaciones que acabamos de aprender; sin embargo, cuando una información se emplea, también perdura. Por lo tanto las memorias que empleamos de forma frecuente serán más resistentes a los olvidos (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Aunque cualquier olvido nos puede llegar a preocupar, numerosos estudios experimentales demuestran que cuando una información no es utilizada, estos recuerdos se debilitan hasta que los perdemos, dando paso a nuevas memorias más útiles (Harvard Hatlh Publications, 2013).

La mejor estrategia para guardar en nuestra memoria diferentes informaciones o memorias es la práctica. Es decir, cuanto más hablemos o pensemos sobre dicha información, más la esteremos empleando y por tanto más resistente será al olvido. Cuando tratamos de memorizar una información específica es muy útil repetirla en diferentes ensayos (ARRP, 2016).

Olvido por falta de atención

Muchos de los fallos de memoria que tenemos día a día son producto de la falta de atención. Por ejemplo, muchas veces no somos capaces de recordar donde hemos puesto nuestro smartphone hace un segundo y creemos que lo hemos perdido, pero esto se debe a que en un primer momento no hemos prestado atención a lugar donde lo hemos colocado (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Cuando estamos pensando en otra cosa o realizamos diferentes actividades de forma simultánea es probable que no codifiquemos toda la información de forma eficiente o por otro lado, que no recordemos realizar algo que teníamos planteado: asistir a una cita o tomar un tratamiento (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Si centramos nuestra atención en lo que estamos haciendo o pensando en un momento concreto, nos ayudará a resolver muchos de estos fallos. Además, cuando olvidamos lo que estamos haciendo es muy útil volver mentalmente sobre nuestros pasos (ARRP, 2016).

Olvidos por bloqueos

Seguro que muchas veces te han hecho una pregunta y has sentido que lo sabes pero no eres capaz de encontrar una respuesta, lo tienes en “la punta de la lengua”. (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Este es uno de los ejemplos de bloqueo de memoria, cuando queremos recordar algo y de forma temporal no somos capaces de acceder a él. En muchos casos esta incapacidad se debe a que diferentes memorias o recuerdos similares están interfiriendo en la recuperación de la información (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Diferentes estudios muestran que estos bloqueos son más frecuentes a media que aumenta la edad. Por ejemplo, cuando no somos capaces de recordar un nombre y decimos varios de ellos antes del correcto (Harvard Hatlh Publications, 2013).

A pesar de todo esto, la mayor parte de nosotros somos capaces de recuperar el recuerdo bloqueado en un tiempo no más largo de unos minutos (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Suele ser útil revisar mentalmente o escribir los diferentes elementos o hechos que necesitaremos explicar antes de hablar sobre estos. Además en un momento de bloqueo nos puede ayudar recordar los detalles contextuales de la información que queremos recuperar (ARRP, 2016).

Olvidos por atribuciones erróneas

Muchas veces recordamos algún hecho con precisión pero le asignamos detalles erróneos referidos al tiempo, lugar o las personas involucradas. Por ejemplo: recordamos una noticia concreta pero no recordamos si la hemos leído o nos la han contado.

En otras ocasiones, creemos que tenemos un pensamiento original cuando en realidad lo hemos leído o escuchando en otro momento, pero olvidamos cómo lo hemos adquirido (Harvard Hatlh Publications, 2013)

Este tipo de hechos se consideran atribuciones erróneas y del mismo modo que otros fallos de memoria, es común que se vuelvan más frecuentes con el aumento de la edad (Harvard Hatlh Publications, 2013).

La edad, la carga de trabajo, el estrés, entre otros factores dificultan la adquisición de detalles de los hechos, ya que es posible que se presenten dificultades de atención o concentración, e incluso de procesar la información de forma rápida y eficiente (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Por otro lado, es normal que los recuerdos más remotos o más antiguos, sean susceptibles de atribuciones erróneas.

Para evitar las atribuciones erróneas puede resultar útil realizar un dibujo mental de las claves y detalles del evento para activar de forma precisa el recuerdo. Además, concentrarse en el lugar, el momento, las personas, motivo del evento y los temas de conversación nos puede ayudar a recuperar de forma eficiente y precisa los recuerdos (ARRP, 2016).

Olvido por sugestionabilidad

La información que aprendemos de forma previa a un evento podemos incorporarla de forma accidente a la memoria de un hecho o incidente, aunque dicha experiencia no incorpore los detalles que le estamos añadiendo (Harvard Hatlh Publications, 2013).

La sugestión puede engañar a nuestra memoria para que piense que un hecho es real.

Olvido por sesgo

Incluso las memorias más precisas no constituyen un reflejo de la realidad al 100%. Todos los hechos que almacenamos en nuestra memoria se van a filtrar a través de nuestros perjuicios, experiencias personales, creencias, conocimientos e incluso el estado de ánimo (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Todas estas circunstancias será sesgos que alteren las memorias que estamos codificando o recuperando.

Olvido por persistencia

Existen ciertas memorias que son muy resistentes al olvido, especialmente las relacionadas con eventos traumáticos, sentimientos negativos o miedos. Estas memorias pueden reflejar la realidad o ser una distorsión negativa (Harvard Hatlh Publications, 2013).

En concreto, las personas que padecen depresión o trastorno de estrés postraumático pueden presentar recuerdos negativos recurrentes y muy perturbadores (Harvard Hatlh Publications, 2013).

Causas de los olvidos

En adultos de mediana edad y mayores, especialmente en edades comprendidas en los 60, más de la mitad expresan preocupaciones sobre su memoria (Harvard Hatlh Publications, 2015).

Sin embargo, existen muchos olvidos leves que son producto de diferentes condiciones y no signos clínicos de algún tipo de enfermedad. Estos olvidos son más bien el producto de cambios estructurales o funcionales producto de la edad (Harvard Hatlh Publications, 2015).

A medida que envejecemos, es posible que experimentemos diferente cambios que pueden dar lugar a fallos o déficits en algunas funciones cognitivas. Por ejemplo, es posible que se necesite más tiempo para procesar informaciones o recuperar una respuesta de nuestra memoria.

Esta reducción de la velocidad de procesamiento a menudo puede confundirse con la presencia de problemas de memoria; sin embargo, si nos damos un tiempo suficiente, la información se podrá recuperar de forma eficiente (Smith et al., 2016).

En general la pérdida de memoria asociada a la edad se relaciona con (Smith et al., 2016):

  • Reducciones del volumen del hipocampo.
  • Reducción de factores hormonales
  • Disminución de la profusión sanguínea en diferentes regiones cerebrales.

A pesar de estas condiciones, el incremento de la edad no va a suponer siempre la existencia de una pérdida de memoria aunque sea a nivel mínimo.

Nuestro cerebro es capaz de producir nuevas neuronas a cualquier edad. Sin bien es cierto que la neurogénesis se da esencialmente durante la etapa de desarrollo, numerosos estudios la ha descrito en adultos.

El estilo de vida, los hábitos de salud, el ejercicio físico, las rutinas y las actividades diarias van a ser un factor importante tanto en la regulación de la neurogénesis adulta como en el mantenimiento óptimo de todas nuestras funciones cognitivas (Smith et al., 2016).

¿Cuándo son patológicos los olvidos?

En al caso de adultos jóvenes, cuando los olvidos aparecen de forma repentina, repetitiva y son globales, es decir, afectan a muchos dominios o a un intervalo temporal importante, debemos considerar este hecho como un signo de alarma ante la posible existencia de un compromiso hemisférico o daño cerebral.

Además, en el caso de adultos mayores debemos de tener en cuenta alguno de los siguientes signos que podrían ser indicadores de un posible deterioro cognitivo (Smith et al., 2016):

  • Dificultades significativas para la ejecución de tareas sencillas (vestirse, lavar platos, pagar la compra) y olvidar cómo se hacen cosas que se han realizado diariamente o de forma muy frecuente.
  • Dificultad o incapacidad para recordar/describir situaciones en las que el olvido de alguna información ha interferido en la realización de alguna actividad.
  • Encontrarse perdido o desorientado en lugares conocidos; dificultad/incapacidad para seguir instrucciones.
  • Dificultad para tomar decisiones.

Conclusiones

Actualmente se han incrementado de forma considerable el número de consultas médicas relacionadas con problemas de memoria. En gran parte de los casos se tratan de olvidos cotidianos o fallos de memoria normales.

Debemos tener en cuenta que estos fallos se deben a diferentes condiciones como la falta de atención o la sobrecarga de trabajo y que por tanto son “remediables”.

Cuando notamos que tenemos dificultades para recordar algunas cosas debemos de prestar atención tanto a su frecuente como al volumen del olvido. Aunque todos tenemos a alarmarnos, es poco frecuente que un olvido cotidiano sea indicador del desarrollo de algún tipo de enfermedad o demencia.

Referencias

  1. AARP. (2016). 6 Types of Normal Memory Lapses. Obtenido de AARP: aarp.org
  2. APS. (2012). When We Forget to Remember Failures in Prospective Memory Range From Annoying to Lethal. Obtenido de Association for Psychological science: psychologicalscience.org
  3. Calero-García, M., Navarro-González, E., Gómez-Ceballos, L., López Pérez-Díaz, A., Torres-Carbonell, I., & Calero-García, M. (2008). Olvidos y memoria: relaciones entre memoria objetiva y subjetiva de la vejez. Rev Esp Geriatr Gerontol, 43(5), 299-307.
  4. Carrigan, N., & Barkus, E. (2016). A systematic review of cognitive failures in daily life: Healthy popularions. Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 63, 29-42.
  5. Harvard Medical School. (2013). Forgetfulness 7 types of normal memory problems. Obtenido de Harvard Health Publications: health.harvard.edu
  6. Harvard Medical School. (2015). Improving Memory: Understanding age-related memory loss. Obtenido de Harvard Health Publications: health.harvard.edu
  7. Smith, M., Robinson, L., & Segal, R. (2016). Age-Related Memory Loss. Obtenido de HelpGuide: helpguide.org