Definición de yaguareté

Yaguareté es un concepto que procede de la lengua guaraní, compuesto por los vocablos yaguar (es decir, el felino conocido en castellano como “jaguar”) y eté (que puede traducirse como “verdadero”). Más allá de este detalle aportado por la Real Academia Española (RAE) en su diccionario, los términos yaguareté, yaguar y jaguar son sinónimos ya que todos se emplean para nombrar a la Panthera onca.

Este animal, que pertenece al género Panthera, es el tercer felino más grande del planeta, solo por detrás del Panthera tigris (el tigre) y del Panthera leo (el león). El yaguareté habita en el continente americano, desde el sur de los Estados Unidos hasta la región norte de Argentina.

En este último país goza de una gran importancia, ya que es una especie de felino silvestre de las diez que allí habitan (entre las restantes se encuentran el ocelote, el yaguarundí, la tirica, el puma y el gato montés). En algunas partes de Argentina se lo considera un animal sagrado; en la provincia de Misiones, por ejemplo, muchas personas no se atreven a mencionarlo porque creen que al hacerlo invocan su presencia.

Fuera del plano material, donde ya ocupa un puesto de gran importancia, el yaguareté es protagonista de diversos mitos y leyendas que se transmiten de generación en generación; su impetuosidad y el misterio que genera al evitar la compañía humana son algunos de los disparadores de estas historias que también forman parte de la imagen que el ser humano tiene de él.

Además de los nombres expuestos más arriba, el yaguareté también se conoce como Yagua-pará, Chiví guazú, Uturunco, Manchado, Overo e incluso el Compadre. Esta variedad se debe a su gran distribución geográfica.

De apariencia similar al Panthera pardus (el leopardo), su comportamiento lo asemeja al tigre. El yaguareté se encuentra, por lo general, en selvas de mucha humedad y vegetación espesa. Sin embargo, también puede vivir en bosques. Al igual que el tigre, el yaguareté disfruta del contacto con el agua.

Calificado como superpredador debido a que se ubica en el extremo superior de la cadena alimentaria (no dispone de depredadores naturales), el yaguareté tiene hábitos solitarios. Al cazar, este animal carnívoro aprovecha su fuerte mordedura, que le permite atravesar desde cráneos hasta caparazones. Es importante señalar que en el continente americano ningún felino lo supera en dimensiones, y que en el mundo entero se encuentra tan sólo en tercer puesto (el más grande es el león y el segundo, el tigre de bengala).

Con un peso habitual de entre 50 y 100 kilogramos, el yaguareté puede medir hasta 80 centímetros y tener una extensión aproximada de 1,80 metros (sin contar la cola). Existen registros, por otro lado, de machos que han alcanzado los 140 kilogramos de peso y una longitud total (es decir, contando la cola) de 2,5 metros. Sus dimensiones no reflejan la ausencia de ejercicio físico: por el contrario, además de la energía invertida en los momentos de caza, el yaguareté disfruta mucho de caminar y es un nadador excelente.

Además de su impresionante tamaño y su peso considerable, que se aprecian en su robustez, la cabeza del yaguareté es grande si la medimos en proporción al resto del cuerpo, y su mandíbula es muy poderosa. Su pelaje base es entre castaño y amarillo, contando con manchas que lo ayudan a camuflarse.

Aunque disfruta de la soledad, el yaguareté es un animal muy territorial. Con respecto a su alimentación, suele cazar vertebrados de gran tamaño, como ser el venado, el chancho de monte y el tapir.

Cabe destacar que, por la destrucción del hábitat y la caza, el yaguareté es una especie calificada como “casi amenazada” ya que la cantidad de ejemplares está en retroceso.

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