Definición de eritrocitos

La etimología de eritrocito nos remite al latín científico erythrocytus. Este término, a su vez, está compuesto por un vocablo griego (erythro) y otro latino (cytus). Los eritrocitos son los hematíes: es decir, los glóbulos rojos.

Se trata de células globosas que se encuentran en la sangre. Hay dos tipos de glóbulos: los rojos o hematíes y los blancos, también conocidos como leucocitos. Estas células cumplen con distintas funciones que son importantes para el organismo.

Los eritrocitos son las células que se encuentran en mayor número en la sangre. Los hombres tienen unos 5 400 000 eritrocitos por milímetro cúbico de sangre, mientras que las mujeres cuentan con unos 4 500 000. Cuando se realiza un análisis de sangre y los valores de eritrocitos están alejados de estos parámetros, el resultado anómalo puede revelar la presencia de una enfermedad o de algún tipo de trastorno.

Tanto los eritrocitos como los leucocitos se originan en la médula ósea. Los eritrocitos no tienen mitocondrias ni núcleo: en su citoplasma, albergan hemoglobina, una proteína que les confiere el color rojo y que se encarga de transportar oxígeno desde los órganos de la respiración hasta los diversos tejidos.

La macrocitosis, la anisocitosis, la dianocitosis, la esferocitosis, la policromasia y la hipocromía son algunas de las alteraciones de forma, tamaño y color que pueden padecer los eritrocitos.

Los eritrocitos en estado de anisocitosis presentan una marcada variación en sus dimensiones, a diferencia de una situación normal, en la cual todos tendrían el mismo diámetro. En otras palabras, cuando en una muestra de sangre se observan glóbulos rojos de diferentes tamaños, se habla de anisocitosis y puede aparecer luego de una transfusión. Cabe mencionar que cuando los glóbulos blancos presentan variaciones considerables de diámetro también se recurre a este término.

Por otro lado está la microcitosis, cuando el diámetro y el volumen de los eritrocitos son inferiores a 7 micrones 80 micrones cúbicos, respectivamente. Esta alteración suele aparecer en casos de anemia sideroacréstica, talasemia o anemia ferropénica.

La macrocitosis, por su parte, es una alteración opuesta a la anterior, ya que se caracteriza por un aumento en el diámetro longitudinal y el volumen de los eritrocitos, superando los 8 micrones y los 100 micrones cúbicos, respectivamente. Se da en hepatopatías crónicas y en casos de alcoholismo. La megalocitosis acarrea un diámetro longitudinal aún mayor: 11 micrones, y aparece con la anemia megaloblástica.

Con respecto a las alteraciones de forma, una de las más comunes es la poiquilocitosis, que provoca la variabilidad o desigualdad de los eritrocitos dentro de una frotis o muestra. La dacriocitosis, en cambio, acarrea glóbulos rojos con forma ovalada y con uno de sus extremos especialmente agudo, como si se tratara de una gota de agua.

Esta alteración se presenta en cualquier condición ligada a la esplenomegalia, así como en la talasemia, la anemia megaloblástica y la enfermedad renal. Cuando los eritrocitos tienen espículas de posición y longitud irregulares se habla de acantocitosis, una alteración que se produce en casos de cirrosis hepática, abetalipoproteinemia y mielofibrosis (tanto crónica como aguda).

Otra alteración de la forma de los eritrocitos es la dianocitosis, que los vuelve planos y con un aspecto similar al de un sombrero de punta. Si se los mira de frente, se advierte un borde coloreado que delimita una región pálida con su centro coloreado, lo cual los hace parecer «dianas». Las hepatopatías y la talasemia son dos trastornos asociados a la dianocitosis.

Cuando una persona presenta un nivel bajo de eritrocitos en sangre, tiene anemia. Esta patología puede ser un signo de un problema gastrointestinal, hipertiroidismo, hipotiroidismo, una falla renal o malnutrición, por ejemplo. Si el nivel de eritrocitos es elevado, en cambio, se habla de policitemia.

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