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Niveles de la lengua

Te explicamos qué son los niveles de la lengua y cuáles son los registros de los niveles subestándar, estándar y superestándar.

¿Qué son los niveles de la lengua?

Se entiende por niveles de la lengua o niveles del lenguaje (y también registro lingüístico) al grado de corrección con que utilizamos el idioma en una situación determinada. Esto significa que no siempre nos expresamos de la misma manera, sino que ponemos más empeño y atención en el modo de hablar o escribir en algunas situaciones, mientras que en otras nos relajamos y nos permitimos un mayor margen de error, incertidumbre y/o informalidad.

Así, los niveles de la lengua tienen que ver, en primer lugar, con el contexto comunicativo: con quién nos comunicamos, en qué situación y para qué; y en segundo lugar con las capacidades lingüísticas de cada quien, esto es, con su nivel de instrucción educativo, su talento para el manejo del lenguaje y su léxico.

Así, cuando empleamos un nivel inadecuado para la situación en la que estamos, corremos el riesgo de desentonar, ofender o perder la atención y el respeto de nuestros interlocutores; mientras que empleando el registro adecuado garantizamos un menor margen de ruido en la comunicación. Además, cuando nos comunicamos revelamos cosas sobre nosotros, no sólo en lo que decimos, sino en cómo lo decimos.

Los tres niveles de la lengua son: subestándar (por debajo de la norma), estándar (a tono con la norma) y superestándar (por encima de la norma). A continuación veremos cada uno por separado.

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Nivel subestándar de la lengua

El nivel subestándar de la lengua es el menos sofisticado de todos, es decir, el que menos conocimientos lingüísticos y menos capacidad de entendimiento requiere para emplearse y entenderse. Por ende, es el que emplea el idioma de manera más informal, menos cuidadosa, con mayor cantidad de libertades y de modismos, que en otro contexto pueden ser percibidos como incorrecciones.

El nivel subestándar es utilizado en situaciones informales, en las que existe una cierta familiaridad o en que las normas de protocolo y cortesía se relajan, de modo que es un nivel al que todos accedemos en determinadas ocasiones. Sin embargo, su uso continuo y constante es considerado socialmente impropio, y se suele asociar con los sectores menos educados y de menos recursos de la sociedad.

El nivel subestándar comprende, a su vez, dos registros de uso: la lengua popular y la lengua vulgar.

  • La lengua vulgar o popular. Es el uso más irregular del idioma que existe, desobedeciendo o forzando las reglas a conveniencia y privilegiando siempre la comunicación situacional por encima de la corrección. Es típica de las jergas, los sociolectos y las maneras locales de comunicarse, por lo que puede resultar oscuro para quienes no conozcan el código. En ella abundan los vulgarismos y barbarismos, o sea, se trata de la lengua barriobajera.

Por ejemplo, en la variante vulgar del español latinoamericano se suelen elidir o modificar muchas consonantes finales, de modo que “llorado” se convierte en llora’o, o “pelar” en peliar. También es común que el léxico sea muy hermético: en el lunfardo argentino, por ejemplo, “tombo” es un término reservado para la policía (proveniente de la inversión de “botón”).

  • Lengua familiar o de confianza. Aunque similar al caso anterior en sus niveles de relajamiento de las estructuras y normas del idioma, en este caso se trata del modo de comunicación típico de las situaciones de mucha confianza, en las que el afecto y la familiaridad privan por encima de la corrección. Se trata de un modo de habla muy marcado por las expresiones comunes y por el léxico afectivo (ese modo de decirle a las cosas o a la gente que es propio de los amantes o de la familia).

Por ejemplo, en el seno de nuestra familia solemos ponerles apodos a las personas (“el tito”, “la pepa”, etc.), podemos usar vocablos incorrectos heredados de nuestros padres (o de abuelos con poco nivel educativo, con frecuencia).

Nivel estándar de la lengua

El nivel estándar de la lengua es aquel que la mayoría de la población reconoce como correcto o adecuado, y que por lo tanto establece la norma mínima para situaciones en las que no existe ni familiaridad, ni relajamiento de las condiciones de respeto y protocolo.

Es, digamos, el nivel que empleamos para comunicarnos con un desconocido en una situación relativamente formal. Tiende a ser económico, sin florituras, pero práctico y enfocado hacia el pleno entendimiento. Esto significa que el nivel estándar se esfuerza por cumplir con las normas mínimas de la corrección gramatical y fonética, lo cual a su vez requiere de cierto grado de instrucción educativa y de cierta capacidad lingüística.

En esa medida, existe un único registro asociado a este nivel, que es la lengua coloquial: aquella que se adapta a las necesidades básicas formales y de corrección de una comunidad lingüística, que puede ser una ciudad, una región o un país entero. Esa es la razón por la cual un extranjero, incluso si habla el mismo idioma, puede desconocer muchas de las normas estándar de otro país.

Por ejemplo, en la norma estándar rioplatense, el pronombre “tú” es reemplazado por “vos”, y se suele diferenciar entre “taxi” y “remis”, dependiendo del tipo de servicio de transporte, una distinción que en otros países no existe.

Nivel superestándar de la lengua

El nivel superestándar es el nivel de uso más culto y sofisticado del idioma, y por lo tanto el que más se adapta a la corrección del idioma y que mayores conocimientos del mismo requiere para su uso. Es típico de las situaciones de mayor formalidad y protocolo, o de personas con un alto nivel educativo, de modo que a aquellos sin la preparación o la práctica necesarias, les costará mucho más entender.

Este nivel contempla tres registros de uso de la lengua, que son:

  • Lengua culta. La lengua culta es el registro de mayor corrección posible del idioma, empleado en situaciones formales, de respeto, en las que el uso del idioma debe ser pulcro y cauteloso. Se caracteriza por una gran riqueza lexical, pudiendo emplear muchos sinónimos para una misma palabra, y por prestar atención a la forma en que se dicen las cosas, no sólo al mensaje en sí mismo, de modo de buscar la manera más elegante o más sofisticada de decirlo.

Por ejemplo, en situaciones muy formales como una exposición de trabajo, es posible que para evitar repetir la palabra “problema”, usemos “inconveniente” o “accidente” o “imprevisto”, dependiendo de si deseamos minimizar los problemas o deslastrarnos de su responsabilidad. Este grado de manejo del idioma, pues, requiere de que pensemos en cada palabra, en lugar de usar la primera que se nos ocurre.

  • Lengua académica o técnica. La lengua académica, técnica o profesional es aquella que es propia de un grupo o una institución que maneja conocimientos especializados y que por lo tanto requiere de un lenguaje adaptado al universo de conocimientos que maneja. Es decir, se trata del modo en que usan el idioma las personas que tienen un público especializado y estudiado, para el cual ninguna terminología o neologismo será extraño o incomprensible.

Por ejemplo, en la jerga odontológica especializada, es común hablar de tartrectomía en lugar de “limpieza dental”, piorrea o periodontitis por “infección en las encías”, y otros términos similares.

  • Lengua poética. Se trata del registro propio de la literatura, la poesía o el arte, en el que la corrección de la lengua, paradójicamente, es secundaria a las intenciones creativas y lúdicas del artista. Es decir, se conocen tan bien las normas del idioma, que se las puede romper con fines creativos.

El mejor ejemplo de ello son los giros de la poesía tradicional, en la que se solía violentar la estructura de ciertas oraciones para lograr con ello la métrica deseada, o en la poesía moderna, cuando se usa una palabra de una categoría gramatical diferente a la debida para obtener un mayor efecto expresivo.

Por ejemplo, cuando César Vallejo escribe “Está ahora tan suave, / tan ala, tan salida, tan amor”, está usando los sustantivos “ala” y “amor” como si fueran adjetivos.

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Referencias