Definición de carabela

El vocablo del griego bizantino kárabos, que puede traducirse como “escarabajo”, se utilizaba para nombrar a una embarcación ligera. El recorrido etimológico del término fue extenso hasta llegar a nuestro idioma como carabela.

Una carabela, por lo tanto, es un barco a vela ligero que cuenta con una única cubierta y popa llana. Dispone de tres palos con tres velas y puede navegar a una velocidad de unos ocho nudos.

Estas embarcaciones fueron muy importantes en los siglos XV y XVI. De hecho, muchos conquistadores europeos utilizaron carabelas en los viajes que los llevaron hasta el continente americano.

Las carabelas ofrecían varias ventajas ante otros barcos de aquella época. No requerían de remeros para su propulsión y tenían una capacidad de carga importante: por eso podían transportar grandes cantidades de alimentos para travesías extensas.

Tras la conquista de América, las carabelas comenzaron a perder preponderancia porque, poco a poco, los navegantes comenzaron a optar por otras embarcaciones, como ser los galeones.

Posiblemente las carabelas más famosas de la historia sean las que formaron parte de la expedición que llevó a Cristóbal Colón y a su tripulación al territorio americano por primera vez. La Santa María era el barco más grande: algunos historiadores dudan si se trataba de una carabela o de una nao. La Niña y La Pinta eran las otras carabelas que permitieron desarrollar la travesía.

La nao, por su parte, era una embarcación dotada de vela y cubierta que tampoco requería de remos para su funcionamiento. El término proviene del latín navis, que puede traducirse como «navío», y luego atravesó el idioma Galaico-Portugués. Si bien desde el siglo XIV hasta el XVII, este concepto se entendía con la definición antes provista, más adelante comenzó a usarse para hacer referencia a una clase de buque se caracterizaba por contar con castillos en popa y proa, un francobordo elevado y tres mástiles con velas cuadras.

Las carabelas redondas surgieron cuando los marineros comenzaron a usar en la embarcación tanto la vela cuadra como la latina (la primera es cuadrada y la segunda tiene forma triangular). Poco tiempo antes de que el equipo a cargo de Cristóbal Colón diera comienzo a su histórico viaje, La Niña y La Pinta, hasta entonces consideradas carabelas latinas, fueron modificadas para convertirlas en redondas.

Sobra decir que el surgimiento de las carabelas redondas no se trató de un capricho de naturaleza estilística, sino que tuvo lugar con el objetivo de mejorar la maniobrabilidad de las naves.

Por ejemplo, la vela cuadra no es capaz de ceñirse a un viento de cara (es decir, desfavorable) más que en un cincuenta por ciento, incluso si el barco está bien equilibrado y la tripulación está formada por gente muy experimentada; del mismo modo, tiende a hacer que la carabela se vaya a la deriva. Pero todo esto cambia cuando se combinan los dos tipos de vela, ya que la latina no posee ninguno de estos dos problemas.

Si el viento es favorable (el llamado viento de popa), la situación se invierte: mientras que la presión desigual vuelve muy difícil mantener la nave en el camino trazado con una vela latina, la cuadra puede aprovechar todo el viento y permite avanzar con total uniformidad.

Existió también una embarcación llamada barcusium, la cual era muy similar a la carabela latina. También funcionaba a vela, tenía dos palos y tres timones. Su creación tuvo lugar en la ciudad siciliana de Ragusa, donde predominó su uso.

En el contexto de la zoología, se conoce como carabela portuguesa al animal acuático cuyo nombre científico es Physalia physalis. Se trata de un hidrozoo que pertenece al orden de los sifonóforos.

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