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Vivíparos: características, reproducción y ejemplos


¿Qué son los vivíparos?

Los vivíparos son aquellos animales que “nacen vivos”, es decir, aquellos que se desarrollan dentro de estructuras especializadas de la madre, de quien reciben el sustento metabólico y por medio de la cual pueden realizar intercambio gaseoso y eliminar sus productos de desecho.

En otras palabras, la viviparidad es un patrón reproductivo por el cual las hembras retienen los huevos fecundados en desarrollo en el interior de sus cavidades reproductivas, para luego dar a luz a crías con cierta independencia o capacidad de “vida libre” (depende de la especie).

La viviparidad es quizá un de las adaptaciones más significativas en la reproducción de los animales vertebrados, pues elimina las “presiones ambientales” impuestas sobre las crías, dado que estas se desarrollan dentro del cuerpo de la madre, escapando de la depredación, la deshidratación, el congelamiento, la hambruna, etc.

A diferencia de los animales ovíparos, que se reproducen a través de la formación de estructuras conocidas como “huevos”, dentro de las cuales usualmente existe suficiente alimento para el desarrollo de los embriones, los vivíparos dependen de la placenta, una estructura interna que soporta el crecimiento y la viabilidad de las crías.

Además de que no ponen huevos, las especies animales vivíparas se distinguen de las ovíparas en que los comportamientos reproductivos en relación con el cuidado parental son un poco más evidentes, especialmente en los mamíferos (tanto placentarios como no placentarios).

Características de los vivíparos

El término “vivíparo” se usa especialmente para denotar a las especies en las cuales los embriones son retenidos dentro de la hembra hasta su desarrollo completo, luego del cual pueden o no eclosionar y abandonar el cuerpo de la hembra.

La condición de viviparidad ha surgido más o menos 160 veces entre los distintos grupos de animales. Está representada en algunos peces óseos y cartilaginosos, en algunas especies de anfibios, es propia de prácticamente todos los mamíferos, de los reptiles squamata y de algunos grupos de animales invertebrados, entre ellos algunos insectos.

La forma de nutrición de los embriones característicos de las especies vivíparas dista considerablemente de la de las especies ovíparas, pues en las primeras la alimentación no ocurre por la presencia de una “yema” o vitelo (lecitotrofia), sino que depende mayoritariamente de la madre (matrotrofia o placentotrofía).

Algunos autores consideran que muchas especies vivíparas (con excepción de los mamíferos) son también lecitotróficas, es decir, que los huevos son retenidos dentro del tracto reproductivo de las hembras, pero parte importante de su desarrollo depende de los nutrientes contenidos en su interior (yema).

Los mamíferos, por el contrario, son vivíparos matrotróficos exclusivos, en los cuales absolutamente todos los nutrientes son provistos por la madre durante la gestación y a través de la placenta o algunas sustancias en el tracto reproductivo.

Desarrollo de la placenta

La placenta, el tejido que nutre a los embriones de los vivíparos, se forma durante la embriogénesis a partir del primer evento de especificación celular, que resulta en la formación de una monocapa de células epiteliales polarizada conocida como trofoectodermo, que rodea la cavidad blastocélica (ver desarrollo embrionario).

El proceso de formación de esta estructura está controlado por distintas señales hormonales y genéticas. Dentro de la cavidad del blastocele, las células allí presentes forman el embrión (feto) y también se encargan de la formación de las membranas del saco amniótico y del alantoides, membranas extraembrionarias.

La placenta es, entonces, un órgano que se forma por “aposición” de unos tejidos especiales de la madre y del embrión. Funciona específicamente en el intercambio de nutrientes, en la protección del embrión, en la producción de agentes inmunomoduladores que promueven la aceptación inmune del feto por la madre, en el soporte endocrino del embarazo (producción de hormonas), etc.

Reproducción

Así como es cierto para los animales ovíparos, las crías de los animales vivíparos se forman gracias a la reproducción sexual, a través de la cual se fusionan dos células sexuales diferentes: el óvulo y el espermatozoide; que dan lugar a un cigoto y este, a su vez, a un embrión.

No obstante, los vivíparos se diferencian de los ovíparos en que, en los primeros, la fertilización de la ovocélula es estrictamente interna, es decir, no ocurre fertilización externa como en muchos peces y anfibios ovíparos.

Esta condición implica el desarrollo de estructuras reproductivas un tanto más complejas, de modo que se “asegure” el contacto entre las células sexuales o los gametos del macho y de la hembra.

El sitio más común para el desarrollo del embrión en los animales vivíparos está representado por el oviducto (el útero en los mamíferos) lo que significa que, evolutivamente, se ha “reclutado” un órgano para la “acomodación” del huevo durante su desarrollo.

Los tiempos de gestación de las especies vivíparas son muy variables, no obstante, es una regla general que son mucho más largos que los de las especies ovíparas. Solo en los mamíferos, por ejemplo, el tiempo de gestación puede variar de 20 días a 660 y el tamaño y peso de las crías también es muy variable.

Ejemplos de especies vivíparas

Peces

La mayoría de los peces son ovíparos, solo algunas especies son vivíparas y estas son, en su mayoría, especies de agua dulce. Entre algunos de los peces vivíparos que son de agua salada podemos encontrar varios tiburones.

El pez “guppy” (Poecilia reticulata) es uno de los peces más utilizados en la acuicultura ornamental. Este se reproduce de forma vivípara y puede tener entre 30 y 200 alevines por camada, dependiendo de la especie.

Una vez los óvulos de la hembra son fecundados, el desarrollo de los alevines ocurre en el interior de la madre, alimentándose a través de la placenta. Estos peces tienen la capacidad de almacenar esperma en el interior del cuerpo y por tanto pueden tener varias puestas a partir de un único apareamiento.

Los tiburones vivíparos son unos de los pocos peces de agua salada que tienen esta característica; se consideran tiburones “menos ancestrales” a los que poseen un comportamiento ovíparo u ovovivíparo.

En general, los tiburones tienen una o dos crías por parto, estas se desarrollan en el interior de la madre una vez son fecundadas las ovocélulas. Los embriones se alimentan de la madre a través del cordón umbilical que los une a esta.

Anfibios

Dentro del grupo de los anfibios, la gestación de crías de forma vivípara no es la más común. Sin embargo, cerca de unas 100 especies, entre estas tritones y salamandras, gestan a sus crías de esta forma.

En estos organismos, los neonatos nacen en un estado larval muy desarrollado, e incluso algunos ya tienen los rasgos desarrollados como se observarían en la adultez. La mayoría de las larvas poseen ya pulmones para respirar de forma eficiente en el ambiente terrestre.

Las crías nacidas de esta forma son casi completamente independientes de los ambientes acuáticos. La viviparidad es muy frecuente en la familia Salamandridae y los científicos han relacionado el desarrollo de la viviparidad en esta familia con la fertilización del macho en el interior de la hembra.

El macho secreta el esperma en un saco gelatinoso llamado “espermatóforo” (que lleva el esperma). La hembra toma el espermatóforo con los labios cloacales y lo almacena en una estructura especializada llamada “espermateca”.

La fertilización y el desarrollo del embrión puede ocurrir mucho después de que la hembra colecte el espermatóforo.

Reptiles

En los reptiles la viviparidad es poco frecuente, solo se encuentra en el grupo Squamata, en algunas especies de culebras y de lagartijas. Entre las especies vivíparas más reconocidas se encuentran las serpientes de cascabel, las anacondas y las culebras marinas.

Las serpientes vivíparas poseen placenta para dar sustento a sus crías hasta el momento del nacimiento. A través de la placenta, el embrión puede alimentarse, realizar su intercambio de gases y excretar los desechos de su cuerpo.

Todas las serpientes de la familia Boido son vivíparas, pueden parir entre 40 y 70 crías en una sola camada. Las crías recién nacidas miden entre 60 y 80 cm y, desde el momento de su nacimiento tienen que valerse por sí solas, ya que las madres no poseen un cuidado parental.

Los científicos especulan que el origen de los vivíparos sucedió en especies de reptiles que habitaban a grandes alturas y a muy bajas temperaturas. Este modo de gestación proporcionaba ventajas sobre las especies ovíparas de reptiles para sobrevivir en estas condiciones.

Mamíferos

A excepción del ornitorrinco, todos los animales mamíferos son vivíparos. La mayor parte de estos animales muestran complejos patrones reproductivos y de cuidado parental.

Aunque no es una regla general, las crías de los mamíferos dependen en cierta medida de sus madres para subsistir durante las primeras etapas de su vida juvenil. Además, se ha demostrado un vínculo cercano entre madres y crías.

La mayor parte de los mamíferos son placentarios, es decir, que sus embriones se alimentan a través de la placenta o, lo que es igual, a través de los fluidos maternos. Además, una característica distintiva de los mamíferos es que sus crías se alimentan de la leche producida por las mamas de las hembras.

Los marsupiales, un subgrupo dentro de los mamíferos, son animales que dan a luz a crías poco desarrolladas, las cuales completan su crecimiento en el interior de una bolsa en la hembra conocida como “marsupio”, en donde también se encuentran las mamas. Se diferencian de otros mamíferos placentados por el nacimiento prematuro de sus crías.

Insectos

Entre los insectos existen escasos ejemplos de viviparismo, ya que la gran mayoría ponen huevos (ovíparos) o crían los huevos en su interior hasta la eclosión de las crías (ovovivíparos).

Los áfidos o pulgones, como se conocen comúnmente, son insectos que pueden presentar ambos tipos de reproducción, ovípara o vivípara y exhiben ciclos de vida muy complejos.

Uno de los ciclos implica que estos insectos viven sobre una única planta; la hembra (de origen sexual) deposita un único huevo antes del invierno; al eclosionar el huevo da origen a la hembra fundadora que, al crecer y madurar, origina múltiples hembras de forma vivípara.

Las nuevas hembras que surgieron del viviparismo se diferencian poco de la hembra progenitora que les dio origen. Estas son más pequeñas y tienen un grado de fecundidad mucho más bajo.

Referencias

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