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María Rojas-Marcos: «La ansiedad se ve como algo ajeno»


Según las investigaciones recientes, una de cada cuatro personas padece o padecerá alguna enfermedad mental a lo largo de su vida.

Para comprender más acerca de este fenómeno, hablamos con la psicóloga María Rojas-Marcos, quien en su día a día ayuda a personas con problemas de ansiedad, entre otras formas de malestar.

Entrevista a María Rojas-Marcos: ¿Por qué todos somos vulnerables ante la ansiedad?

María Rojas-Marcos Asensi es Psicóloga General Sanitaria con consulta en Sevilla, y se especializa en la atención a adultos, adolescentes y parejas. Aquí nos habla sobre las características de la ansiedad, y acerca de lo que la refuerza.

¿Crees que la ansiedad tiene una mala fama inmerecida?

Entiendo que la ansiedad se ha ganado una mala fama merecidamente porque suele venir acompañada de fuertes síntomas físicos y psicológicos y produce mucha sensación de descontrol y miedo que pueden llegar a ser muy limitantes.

El problema de la mala fama de la ansiedad son los prejuicios y el rechazo que esto conlleva. Se ve como algo ajeno, que te ha tocado sufrir, y parece difícil de gestionar, cuando en realidad es algo muy personal que has cultivado y que puedes gestionar si aprendes, lo primero, a escucharte.

Acéptala, es tu cuerpo o tu mente pidiéndote ayuda e informándote de que algo no está bien, que necesitas parar y pensar en ti, escucharte y ver qué necesitas y quieres.

¿Cuáles son los “pensamientos trampa” habituales que llevan a caer en la ansiedad una y otra vez?

Se estima que todos tenemos una vulnerabilidad concreta para los trastornos mentales, y que esta se desencadene o no depende, en gran medida, de las experiencias vitales a las que nos vemos expuestos, como pérdidas, incertidumbre…

Cuando la ansiedad te ha invadido es como si tuvieras unas gafas de negatividad puestas que te dan una nueva y distorsionada visión del mundo y de lo que te pasa. Se producen unos “pensamientos trampa” que son llamados “distorsiones cognitivas”. Son las que hacen que el agujero en el que caemos cada vez sea más profundo y tenga más poder.

Para no caer aprende de ellos, ya que son producto de tu malestar. Los más habituales son:

-La personalización que hace que lo personalices todo o lo veas de manera dañina para ti, como cuando dices “todo parece que el mundo está en mi contra”, “yo nunca tengo suerte”.

-La abstracción selectiva, que ocurre cuando sólo eres capaz de ver la parte negativa de las cosas: “seguro que me ha dicho eso para quedar bien delante de los demás, no para halagarme”, “llegar tarde hizo que se estropeara toda la noche, ya era imposible que fuera bien”...

-La postura catastrofista: me pongo siempre en lo peor y siento que esto me permite estar preparado: “mi jefe ha visto que me he equivocado, soy un inútil, no sirvo para nada en la vida”, “por mucho que lo intento, no les caigo bien, soy lo peor, no encajo en ninguna parte”...

-El pensamiento dicotómico o polarizado: no veo las cosas con realismo, me muevo entre los extremos sin equilibrio, en mi pensamiento el discurso es demoledor: “siempre seré un inútil”, “nunca conseguiré aprobar”, “nadie más me va a querer”, “todo va mal”...

No creas todo lo que el miedo te hace sentir o pensar, no dejes que tome decisiones por ti porque si no irá ganando terreno.

¿Si tuvieras que nombrar tres rutinas y hábitos ligados a la cultura occidental que generan en nosotros una ansiedad innecesaria, cuáles destacarías?

Los tres hábitos más habituales que generan ansiedad son, primero, la costumbre de compararnos constantemente. Cuando te comparas caes en la trampa de competir constantemente, de medir, de juzgar, ya que buscas argumentos para saber en qué lugar poner a esa persona. Es como depender de los resultados y que tu valor dependa de lo que consigues, así fácilmente quedas atrapado en el “nunca es suficiente”, la comparación es una batalla sin final. Por tanto, esta constante frustración o lucha acaba fácilmente generando desajustes y una autoestima frágil y en constante lucha por demostrar su valor.

En segundo lugar, el no querer sentirnos mal. Es comprensible y tendría sentido si fuéramos máquinas, pero no lo somos, aprendemos de la experiencia y de todas nuestras emociones. Las emociones como el malestar, la rabia, el enfado, el dolor, nos hablan de que algo no va bien y necesita ser revisado. No querer sufrir nos hace frágiles ante el sufrimiento porque no aprendemos a gestionarlo y tampoco nos permite resolver esa situación que nos provoca malestar. Simplemente, tapar no sirve, así caes en la ansiedad, a base de no afrontar lo que sientes.

En tercer lugar, la “velocidad” a la que va la sociedad, los avances, los cambios y la falta de tiempo. Son momentos de muchos cambios y de mucha presión, es una carrera de fondo que requiere constante adaptación y esforzarse por estar al día para no quedarse fácilmente “obsoleto”. Al final esto requiere de mucho esfuerzo y tiempo, y esto no se concilia fácilmente con tener vida o familia. El no tener tiempo para desconectar, descansar, reponerse, sino vivir siempre con la presión del “tengo que, hay que, debo…” Es caldo de cultivo para desarrollar malestar.

¿Por qué está en aumento en la población en general y especialmente en adolescentes?

Los hábitos y el ritmo de vida hace que nos veamos sometidos a multitud de exigencias internas y externas para ser capaces de “estar a la altura” o “sacar todo adelante”.

Sabemos que es complicado con tanta presión tener un buen equilibrio entre lo que quiero, el cómo quiero vivir y lo que me parece realmente importante. La estabilidad, la paz, el equilibrio entre trabajo y familia, que el sacrificio me permita mejorar, no sólo sobrevivir, son algunas de las cosas que necesitamos, pero no siempre conseguimos.

Emocionalmente, ha sido una etapa dura con la pandemia, algo especialmente duro para las más jóvenes; los trastornos de ansiedad han aumentado un 20% entre los adolescentes, ya que cuentan con menos herramientas y capacidad de regulación emocional y por eso la situación de encierro, la falta de certezas… les ha provocado muchas más consecuencias emocionales que a los adultos.

Dirías que la tendencia a competir cada vez más en todos los ámbitos hace que muchas empresas y organizaciones fomenten espacios de trabajo que generan ansiedad y estrés, viéndolo como algo necesario para ser eficientes?

El clima de trabajo en que cada persona se desenvuelve tiene un claro impacto en su vida y en su salud física y emocional. Está comprobado que cuanto mejor sea un clima laboral, mejor será la productividad, pero nos cuesta mantener esa fina línea que separa una competitividad sana de la que no lo es.

Es cierto que las empresas necesitan ser competitivas y obtener resultados, deben pararse a ver los valores que fomenta y favorece en el entorno laboral a los trabajadores. Es un reto el tomar conciencia de la importancia de gestionar los recursos humanos y de enfocarlo en una dirección constructiva y sostenible para todos en la empresa a largo plazo, conseguir un win to win.

¿Cuáles son los retos que afrontan los psicólogos durante los próximos años para ayudar a las personas a gestionar la ansiedad de un modo adecuado, a medida que la sociedad sigue cambiando?

En esta nueva etapa los objetivos a desarrollar de la psicología pasan por varios caminos, desde seguir desarrollando la investigación científica para contar con tratamientos cada vez más eficaces. Seguir dando a conocer nuestra labor cada vez es más valorada en el cuidado y prevención de la salud mental. Hasta el hecho de afrontar el intrusismo y la falta de regulación, que provoca mucha confusión sobre lo que es la terapia psicológica.

El reto del psicólogo en la consulta es ofrecer cada vez herramientas más útiles y adaptadas a las necesidades de cada persona. En esta sociedad de satisfacción inmediata y fácil se demandan rápidas soluciones o por lo menos prácticas, así que aún haciendo un tratamiento largo y profundo con la persona, ésta necesita cada vez más ir viendo resultados para no desmotivarse por el camino. La mejora de la adherencia al tratamiento en psicología es uno de nuestros grandes retos.

También debemos reciclarnos y estudiar constantemente, no puedes trabajar con alguien si no eres consciente de su entorno, es decir, de sus prioridades, necesidades... Y esto se refleja en la urgencia de conocer por ejemplo a las nuevas generaciones virtuales, que piensan y se relacionan en muchos sentidos de una manera completamente diferente y que seguirán evolucionando, surgiendo así nuevos trastornos asociados, como son los de las nuevas tecnologías. Ahora debemos prepararnos para la revolución que seguirá suponiendo el desarrollo del mundo virtual.