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Beber alcohol durante la adolescencia modifica el cerebro


Vivimos en una sociedad en que el consumo de alcohol entre los jóvenes se ha popularizado y en el que forma parte de un gran número de tradiciones y eventos. Utilizado como elemento para provocar desinhibición tanto mental como física y para socializar, con el paso del tiempo la edad de inicio del consumo de alcohol ha ido disminuyendo.

En la actualidad, la media de edad en la que se empieza a beber estas sustancias se sitúa alrededor de los trece años. Si bien se conocen los efectos inmediatos de una intoxicación, lo que no resulta tan conocido es que el consumo habitual de alcohol, aún sin caer en la dependencia, provoca cambios en la estructura cerebral de los adolescentes

Estos cambios son especialmente notorios y tienen mayor efecto cuando el consumo se ha dado en individuos en proceso de desarrollo. Dicho de otro modo, podemos considerar que el consumo de alcohol en la adolescencia provoca cambios cerebrales.

Alcohol y adolescencia: mala combinación

El alcohol es una de las drogas legales más populares del mundo, frecuentemente usada en todo tipo de contextos por la gran mayoría de la población. Se trata de una sustancia que entra dentro de la categoría de psicolépticos o depresores debido a que su principal efecto es el de causar un descenso de la actividad del sistema nervioso. 

Aunque parezca paradójico, en pequeñas dosis dicho efecto depresor produce un aumento de la sensación de euforia y bienestar, dado que inhibe en primer lugar territorios subcorticales y algunos de los procesos inhibitorios que normalmente utilizamos para regular nuestra conducta. Es por ello que facilita la socialización y por lo que la gran mayoría de la gente consume alcohol de manera recreativa.

A dosis elevadas de alcohol, sin embargo, aparecen efectos más propiamente depresivos, con una alteración del nivel de consciencia, lentitud mental y física y pérdida de parte del raciocinio y de las funciones ejecutivas en general.

Dados los efectos reforzantes que aparecen con el consumo de pequeñas cantidades de alcohol es frecuente que los adolescentes, que se encuentran de búsqueda de su identidad a través de la experimentación y la vinculación con personas alejadas de las figuras de autoridad y familiares, decidan recurrir a la bebida como medio de socialización y desinhibición de sus impulsos. 

Sin embargo, además del riesgo de intoxicaciones severas (en el que pueden aparecer el coma etílico e incluso la muerte por parada cardiorrespiratoria) y dependencia que ya de por sí puede provocar el alcohol a cualquier edad, se ha de tener en cuenta que el cerebro adolescente aún se encuentra en periodo de desarrollo, de manera que el consumo de sustancias con propiedades psicoactivas pueden producir graves alteraciones estructurales y funcionales en su encéfalo.

Cambios en la estructura cerebral

Las últimas investigaciones llevadas a cabo reflejan que el consumo de alcohol a edades tempranas, en las que el cerebro aún no ha terminado de desarrollarse por completo, produce cambios relevantes a largo plazo en la estructura y configuración de las neuronas.

Concretamente los efectos más claros se dan en partes del cerebro vinculadas al aprendizaje, la memoria y las funciones ejecutivas. En experimentos llevados a cabo con roedores se ha demostrado que los individuos que durante la etapa de desarrollo han consumido de manera relativamente frecuente en la etapa adulta tienen muchas más dificultades en tareas de memoria, anticipación y planificación. Estos efectos se producen especialmente debido a la afectación del hipocampo, el sistema límbico y el lóbulo frontal.

Efectos en el hipocampo

El alcohol hace que el hipocampo no se desarrolle tanto como el de los individuos que no han consumido. Las células de esta localización cerebral aparecen como inmaduras y poco desarrolladas en comparación a la de adultos que no han consumido alcohol con frecuencia.

Se ha observado asimismo que la potenciación a largo plazo, uno de los procesos a través del cual mediante el fortalecimiento de sinapsis (los espacios por los que las neuronas se comunican entre sí) reforzamos el aprendizaje y que está especialmente activo durante la infancia y adolescencia, se encuentra especialmente activa. Si bien esto podría parecer positivo, esta activación llega a un nivel tal que termina por colapsar y no producir mayor aprendizaje.

En base a la inmadurez de las células observadas se especula que el efecto del alcohol, una sustancia de tipo depresor, probablemente altera el proceso madurativo. En este sentido, también se ha comprobado que la formación de nuevas neuronas y conexiones entre ellas se ralentiza e incluso detiene.

La afectación de esta zona induce severas dificultades en el reconocimiento y la memoria a corto plazo, estando la memoria a largo plazo generalmente conservada. Más que olvido de la información retenida, los problemas más importantes se darían a nivel de la capacidad de "grabar" y almacenar nueva información.

Afectación del frontal

Además del hipocampo, otra de las zonas que mayores alteraciones ante el consumo de alcohol en la adolescencia es el lóbulo frontal, la parte del encéfalo más vinculada al control de los impulsos, la planificación y en general las funciones ejecutivas, afectando asimismo a algunas facetas de personalidad.

El consumo continuado de alcohol a largo plazo genera alteraciones en este área, produciéndose un elevado nivel de degeneración y muerte neuronal especialmente en el área prefrontal. Estas alteraciones surgen en personas de cualquier edad que realicen consumos abusivos de alcohol durante largos periodos, pero sin embargo se ha comprobado que en cerebros en desarrollo como los de los adolescentes el nivel de muerte neuronal es mucho mayor que en otras etapas.

Ello puede provocar que los ahora adolescentes tengan en un futuro problemas de control de los impulsos, disminuyendo su capacidad de inhibición, con lo que a la larga adoptan una actitud más agresiva e impulsiva. También es frecuente que los individuos que frecuentan el alcohol durante etapas tempranas tengan una menor capacidad de concentración y planificación de lo esperable. Por último, a largo plazo disminuye la capacidad de fijación de metas y de automotivación, siendo asimismo más probable la caída en estados depresivos y de ansiedad.

Efectos sobre el sistema de recompensa cerebral

Está demostrado que durante la adolescencia las receptores dopaminérgicos están especialmente activados y tienen cierta hipersensibilidad a este neurotransmisor, siendo este uno de los motivos por el que los adolescentes en general tienden a buscar nuevas experiencias que les estimulen.

En este sentido, otro de los elementos que los diversos estudios realizados han reflejado es que se observa una mayor frecuencia de dependencia a sustancias entre los sujetos que empezaron a beber antes de los catorce respecto a aquellos que tuvieron sus primeras experiencias con alcohol a partir de la veintena (una época en que el cerebro ya está totalmente desarrollado o cerca de concluir su proceso de desarrollo).

Este hecho puede vincularse, junto con la alteración de los mecanismos de inhibición propios de la afectación del frontal, a una alteración en las vías que regulan las emociones y la sensación de recompensa. Tanto la actuación sobre el GABA como la inhibición de receptores NMDA de glutamato que produce el alcohol inducen a un aumento de la actividad dopaminérgica en el estriado, que en estar ya hipersensibilizado debido al proceso de desarrollo puede conducir a una facilidad para fijar conductas que la estimulen aún más, como el consumo de alcohol u otras sustancias.

Referencias bibliográficas:

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