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​¿Qué es el lóbulo frontal y cómo funciona?


El lóbulo frontal es una de las partes del cerebro más estudiadas y más interesantes desde el punto de vista de la psicología, la neuropsicología y las neurociencias en general. No sólo es conocido por el hecho de ser el lóbulo más grande en el encéfalo humano, sino también por las importantísimas funciones y capacidades cuya existencia debemos a esta estructura. ¿Qué capacidades son estas?

Básicamente las funciones del lóbulo frontal son todas aquellas que atribuimos exclusivamente a los seres racionales, con criterio propio, con la posibilidad de actuar según estrategias complejas y bien preparados para vivir en sociedades muy grandes.

La importancia del lóbulo frontal

La diferencia entre tener un lóbulo frontal como el de los seres humanos adultos y sanos y no tenerlos es la diferencia que hay entre ser un organismo guiado básicamente por los impulsos y las emociones u otro que, a pesar de estar motivado fundamentalmente por estados emocionales generados por el sistema límbico, es capaz de posponer estos impulsos para seguir planes elaborados y optar a conseguir objetivos abstractos o situado en un punto muy lejano en el tiempo.

Sin embargo, el papel del lóbulo frontal va más allá de ser un conjunto de neuronas y glía que permite pensar a largo plazo. Exploraremos su potencial en las siguientes líneas.

¿Cómo es el lóbulo frontal?

El lóbulo frontal es una estructura anatómica situada en la parte más frontal del cerebro, es decir, más cercana al rostro. Está separado del lóbulo parietal por la Fisura de Roland**o (o Fisura Central) y del lóbulo temporal por la Fisura de Silvio (o Fisura Lateral). Además, en el encéfalo humano los lóbulos frontales son los mayores de todos, ya que ocupan aproximadamente un tercio de toda la corteza cerebral.

A pesar de que se le puede considerar una de las muchas partes del cerebro, hay que tener en cuenta que los lóbulos frontales no trabajan por sí solos, y que sólo cobran sentido como estructura cerebral cuando trabajan coordinadamente con el resto del encéfalo.

Ahondando en detalles

Suele decirse que el lóbulo frontal es la parte del cerebro que más nos diferencia del resto de animales. Si bien es cierto que el cerebro de nuestra especie es distinto a los del resto en muchos más aspectos que afectan a su globalidad, esta afirmación es, en parte, verdadera.

¿Por qué? Porque nuestros lóbulos cerebrales no son sólo los más grandes proporcionalmente, sino también los únicos que hacen posible la existencia una gran variedad de funciones y capacidades únicas.

La importancia de las funciones ejecutivas

Los lóbulos frontales del cerebro destacan especialmente por el hecho de estar muy involucrados en las llamadas funciones ejecutivas. Estas funciones son las que asociamos a la cognición y la toma de decisiones: el uso de la memoria, la planificación, la selección de objetivos, y la resolución de problemas específicos que tienen que ser abordados focalizando la atención en aspectos concretos.

En líneas generales, puede decirse que el lóbulo frontal de cada hemisferio sirve para convertir la información sobre el entorno en materia a partir de la cual decidir lo que se hace y diseñar un plan de acción para intervenir sobre lo que nos rodea. De algún modo, es la parte del cerebro gracias a la cual dejamos de convertirnos en sujetos pasivos para pasar a ser agentes activos, con capacidad para cambiar cosas respondiendo a unos objetivos concretos elegidos por nosotros a partir de lo que hemos ido aprendiendo.

El lóbulo frontal no opera aisladamente

Por supuesto, todo esto no lo hace solo. Es imposible entender cómo funciona el lóbulo frontal sin saber también cómo funcionan otras estructuras del cerebro, de las que no sólo recibe información sino que además funcionan coordinándose con este en tiempo real y a una velocidad vertiginosa. Así, por ejemplo, para iniciar una secuencia de movimientos voluntarios, el lóbulo frontal necesita que estén activados los ganglios basales, relacionados con la ejecución de movimientos automatizados fruto de las experiencias pasadas y la continua repetición.

Algunas funciones básicas del lóbulo frontal

Entre las funciones y procesos ejecutivos que asociamos al lóbulo frontal podemos encontrar los siguientes:

Meta-pensamiento

Es decir, la capacidad para pensar en abstracto sobre cosas que sólo están presentes en nuestra imaginación, ya que no evocamos por el hecho de estar siendo registradas por nuestros sentidos en ese momento determinado. También es importante hacer notar que este tipo de pensamiento puede tener varios grados de abstracción, lo cual incluye la posibilidad de pensar en cómo pensamos. Es en este tipo de procesos en el que intervienen las Terapias Cognitivo-Conductuales.

Gestión de la memoria de trabajo

Lesiones en ciertas partes del lóbulo frontal hacen que la memoria de trabajo se vea afectada. Esto significa que el lóbulo frontal tiene un papel a la hora de mantener en un tipo de memoria "transitoria" información relativa a un problema que debe ser resuelto en tiempo real, y que una vez solucionado este perderán su valor. Gracias a esta capacidad cognitiva, podemos llevar a cabo tareas complejas en tiempo real, tareas que requieren de tener en cuenta diferentes variables y piezas de información.

Ideación a largo plazo

Actualmente se cree que el lóbulo frontal permite proyectar experiencias pasadas en situaciones futuras, todo ello a partir de las normas y dinámicas que se han ido aprendiendo por el camino. A su vez, esto permite situar objetivos, metas e incluso necesidades en un punto muy alejado del presente, a meses o años vista.

Planificación

Pensar en el futuro permite imaginar planes y estrategias, además de sus posibles resultados y consecuencias. El lóbulo prefrontal no sólo "crea" posibles escenas futuras en nuestra mente, sino que también nos ayuda a navegar por ellas buscando nuestros propios objetivos.

Así pues, mientras que otras partes del cerebro están diseñadas para orientarnos hacia los objetivos más a corto plazo, los lóbulos frontales permiten que aspiremos a metas de naturaleza más abstracta, gracias a las cuales somos capaces de cooperar, ya que las cadenas de acciones que llevan a conseguirlas son lo suficientemente largas y complejas como para que en ellas tengan cabida más personas.

Control de la propia conducta

La zona orbital del lóbulo frontal (es decir, la zona inferior de este, que queda cerca de las órbitas de los ojos) está en constante relación con los impulsos que vienen de la zona del sistema límbico, la estructura en la que se originan las emociones. Es por eso que una de sus funciones es amortiguar los efectos de estas señales, para evitar que ciertos arrebatos emocionales e impulsos que requieren ser satisfechos cuanto antes entorpezcan los planes cuya meta está situada a largo plazo. En definitiva, todo esto facilita el autocontrol.

Cognición social

Los lóbulos frontales nos permiten atribuir estados mentales y emocionales a los demás, y que esto influya en nuestra conducta. De este modo, interiorizamos posibles estados mentales de la gente que nos rodea. Esto, unido a que tal y como hemos visto los lóbulos frontales nos permiten planificar teniendo en cuenta a otras personas, hace que estas zonas de la corteza cerebral nos predispongan a crear tejidos sociales complejos.

Partes del lóbulo frontal

Podríamos pasarnos días, semanas e incluso meses recapitulando todas las sub-estructuras que pueden encontrarse en un lóbulo frontal común y corriente, ya que siempre es posible ir desgranando hasta el infinito una parte en otras más pequeñas. Sin embargo, puede decirse que las principales áreas del lóbulo frontal son las siguientes:

1. Corteza motora

La corteza motora es la parte del lóbulo frontal involucrada en los procesos de planificación, ejecución y control de los movimientos voluntarios. Puede entenderse que es en esta parte del cerebro donde la información sobre el entorno y sobre la propia información que se procesa en el cerebro se convierte en acción, es decir, en señales eléctricas destinadas a activar músculos del cuerpo.

La corteza motora está situada justo al lado de la fisura de Rolando, y por lo tanto recibe muchas información proveniente del área somatosensorial que se encuentra justo al otro lado de esta "frontera", en el lóbulo parietal.

La corteza motora se divide en corteza motora primaria, corteza pre-motora y área motora suplementaria.

Corteza motora primaria (M1)

Es en esta zona donde se originan gran parte de los impulsos nerviosos que bajarán por la espina dorsal para activar músculos concretos.

Corteza pre-motora (APM)

La corteza pre-motora es la parte del lóbulo frontal encargada de hacer que el aprendizaje de experiencias pasadas influya sobre la técnica de movimiento. Por eso, tiene un papel muy importante en los movimientos que realizamos constantemente y de los cuales somos "expertos", como los que están asociados con el control postural y los movimientos proximales (es decir, los que se realizan con partes del tronco o zonas muy cercanas a él). Trabaja recibiendo información de los ganglios basales y el tálamo, especialmente.

Área motora suplementaria (AMS)

Está involucrada en la realización de movimientos muy precisos, como los que requieren de la utilización de los dedos de las manos de forma coordinada.

2. Corteza prefrontal

Muchas de las características y rasgos que atribuimos en exclusiva a nuestra especie tienen su base neural en esta región del lóbulo frontal: la capacidad para reprimir impulsos y para pensar en ideas abstractas, la imaginación de las posibles situaciones futuras a partir de lo que hemos visto en el pasado y la interiorización de las normas sociales. En realidad, algunas facultades y funciones cognitivas que normalmente se atribuyen a los lóbulos frontales en general, existen, concretamente, gracias a la corteza prefrontal, que es la región de la corteza que ha evolucionado más recientemente.

3. Área de Broca

Esta zona está involucrada en la realización de movimientos concretos para articular el habla. Por lo tanto, desde aquí se emiten señales que irán a parar a la lengua, la laringe y la boca.

Referencias bibliográficas:

  • Goldberg E. (2001). The executive brain.
  • Shammi P, Stuss DT. (1999). Humour appreciation: a role of the right frontal lobe. Brain.
  • Zalla T, Pradat-Diehl y P, Sirigu A. (2003). Perception of action boundaries in patients with frontal lobe damage. Neuropsychologia.