Definición de rococó

La noción de rococó se utiliza en el ámbito del arte para aludir a un estilo. Se trata del barroco que nació en el siglo XVIII en el territorio francés, el cual se distingue por la decoración refinada y exuberante.

Detrás del nombre

Los inicios del rococó se ubican en torno a 1730. Sin embargo, el concepto fue acuñado varias décadas después, supuestamente por un discípulo del pintor Jacques-Louis David que habría asociado los términos rocaille (el ornamento hecho en imitación a las rocas) y baroque (es decir, barroco).

Es fácil apreciar la influencia barroca en la ornamentación del rococó


En principio la connotación de rococó fue peyorativa. Con el paso del tiempo, los historiadores del arte pasaron a denominar de este modo al estilo inspirado en la mitología y en la naturaleza, caracterizado por el uso de tonalidades claras y luminosas.

Breve descripción

El rococó apuesta por la sensualidad y lo exótico, representando los vínculos humanos y el amor. La religión no suele estar presente en sus obras y desarrollos, pese a que hay una vertiente que aparece en la ornamentación de iglesias católicas (el rococó sacro).

Su temática no es muy compleja, aunque este adjetivo sí se puede aplicar con respecto a sus diseños, los cuales presentan una gran densidad de intrincados ornamentos. De acuerdo con la opinión mayoritaria, el rococó es más adecuado a los muebles y objetos decorativos relativamente pequeños que a las esculturas y los edificios.

No se trata de una idea aislada, ya que los propios franceses representantes del rococó lo aplicaron en especial para el interior de las viviendas. Lo podemos apreciar en las numerosas figuras de porcelana, los muebles y la platería de las familias de la alta sociedad, deseosas de estar a la moda.

La caída del rococó

Alrededor del año 1760 comenzó el final de este estilo artístico que, probablemente no lo sabían por aquel entonces, de todos modos pasaría a la historia y sería una parte importante de los programas académicos universitarios. El punto de inflexión fue la fuerte crítica que emitieron personas influyentes como Jacques-François Blondel y Voltaire acerca de su falta de profundidad, que suponía un movimiento en contra del arte mismo.

De acuerdo con Blondel, el rococó mezclaba de forma excesiva palmas, cañas, plantas, dragones y conchas, algo que lo disgustaba. Bastaron dos décadas de difamación para que pasara de moda en su país de origen y fuera sustituido por el estilo neoclásico, caracterizado por sus obras serias y ordenadas, impulsado por el pintor Jacques-Louis David.

Más allá de las fronteras de las grandes ciudades, el rococó conservó su popularidad. Lo mismo sucedió en Italia, pero cuando llegó la segunda etapa del neoclásico el gobierno de Napoleón impuso el denominado estilo Imperio. A partir de 1820 y a lo largo de medio siglo, el rococó volvió a despertar el interés de una parte de la población.

El primer país que volvió a valorar este estilo fue Inglaterra, y así comenzó una importación de artículos de segunda mano que les vendieron los parisinos. En suelo francés no recuperó su popularidad con tanta fuerza, aunque gozó de un moderado interés gracias a la influencia de la emperatriz Eugenia de Montijo y Ferdinand-Victor-Eugène Delacroix.

El rococó brilla en el mobiliario y el diseño de interiores

En todas las artes

Es posible encontrar manifestaciones del rococó en la escultura, la pintura, la arquitectura, la moda y el diseño de muebles, por ejemplo. Ya acercándose al siglo XIX su popularidad cayó, aunque luego tuvo periodos de repunte.

Pintores como el español Francisco de Goya y el francés Jean-Baptiste Oudry; arquitectos como el alemán Dominikus Zimmermann y el italiano Bernardo Antonio Vittone; y escultores como los franceses Étienne-Maurice Falconet y François Gaspard Adam son exponentes históricos de diversas expresiones del estilo rococó.

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