Definición de restos fósiles

El término resto hace referencia a lo que subsiste o sobra de un todo. Un fósil, por su parte, es una sustancia orgánica que presenta un cierto grado de petrificación y que puede hallarse en las capas de la Tierra. Fósil también es el vestigio que revela la existencia de seres que no forman parte de la actualidad geológica.

Los restos fósiles, por lo tanto, pertenecen a organismos que, mediante un proceso de mineralización, se han convertido en rocas. Estos cambios en su estructura posibilitan que subsistan en el tiempo.

Por ejemplo: “Los paleontólogos hallaron nuevos restos fósiles en la base del cerro Carmón”, “Cuando era chico, podía pasar horas viendo los restos fósiles expuestos en el museo de mi ciudad”, “El análisis de los restos fósiles permitió a los especialistas determinar que esta especie era herbívora”.

Puede decirse, en definitiva, que los restos fósiles son organismos vivos que se hallan petrificados por la acción de los minerales con los que mantuvieron contacto. La acción de estos minerales hace que se reemplacen ciertos componentes del organismo y que se mantenga la apariencia exterior.

El proceso físico y químico que permite el desarrollo de los restos fósiles se denomina fosilización, y esto implica distintas transformaciones en la estructura y la composición de los restos del ser vivo y requiere de tiempo para desarrollarse. Cabe destacar que lo habitual es que los restos del ser vivo se descompongan a la brevedad tras la muerte, por eso la fosilización y la producción de restos fósiles son poco frecuentes.

Para encontrar restos fósiles existen dos caminos bien definidos: por un lado, es posible dar con ellos por casualidad mientras se realiza un trabajo de construcción o una expedición, entre otros casos, sin la intención ni los conocimientos técnicos; lo más común, sin embargo, es a través de una excavación arqueológica. Este último procedimiento consiste en actuar sobre un determinado terreno con el objetivo definido de encontrar restos, ya sean fósiles o de artículos creados por el hombre, como ser utensilios de una civilización antigua.

Como sucede con otros elementos propios de la naturaleza, la fascinación que los restos fósiles causan a la gente exceden los límites de la comunidad científica, y esto se debe en gran parte a su inclusión en la literatura, el cine y los videojuegos.

Uno de los ejemplos más destacados es la novela «Parque Jurásico«, publicada por Michael Crichton en el año 1990, la cual repasa la explotación animal y el comercio en el ámbito de la ingeniería genética, específicamente cuando un magnate multimillonario encarga la construcción de un parque temático en una isla paradisíaca para dar lugar a un experimento que consiste en revivir a los dinosaurios a partir de los restos fósiles de un mosquito cubierto en ámbar.

Este libro, a su vez, fue llevado a la gran pantalla de la mano del aclamado director Steven Spielberg, quien cautivó al mundo entero tres años más tarde con su película homónima. Ver una reproducción tan impresionante de los dinosaurios en movimiento genera un impacto al cual resulta muy difícil resistirse; de hecho, muchos paleontólogos que eran niños cuando se estrenó «Parque Jurásico» le atribuyen gran parte de su interés en la materia.

En los videojuegos, las posibilidades de acercar el mundo de los dinosaurios a los consumidores son aún mayores, gracias a la interacción que los caracteriza. En la serie «Animal Crossing» (su título no ha sido traducido al español, sino que se comercializa intacto en los países de habla hispana), desarrollada y publicada por la compañía japonesa Nintendo para varias de sus plataformas, el jugador tiene la particular habilidad de hallar y desenterrar con gran facilidad un gran número de restos fósiles de dinosaurios, que van desde huevos hasta esqueletos de grandes bestias, como ser el Tyrannosaurus rex.

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