Definición de resocialización

La Real Academia Española (RAE) no reconoce el concepto de resocialización. Sí incluye en su diccionario, en cambio, la palabra socialización como el proceso y el resultado de socializar (la promoción de condiciones que contribuyan al desarrollo de las personas).

Si tenemos en cuenta la inclusión del prefijo re-, podemos afirmar que resocialización consiste en volver a socializar. La idea refiere a la reintegración de un individuo de la sociedad, luego de que estuviera marginado por algún motivo.

Por lo general se entiende a la sociedad como una red en la cual se enmarca a un grupo de personas. Se dice, en este sentido, que un sujeto está marginado de la sociedad cuando no tiene los recursos o las capacidades para desempeñarse con autonomía en la comunidad, carece de acceso a los servicios públicos, etc. También se entiende que una persona está afuera de la sociedad cuando atenta contra el bien común o no comparte sus valores.

La resocialización, en definitiva, es el proceso que busca que una persona pueda reintegrarse a la sociedad. Aquellos que fueron condenados por un delito y estuvieron privados de su libertad a modo de castigo, deben atravesar diversas etapas de resocialización para poder incluirse nuevamente en el sistema.

Se supone, de este modo, que la permanencia de un individuo en una cárcel forma parte de un proceso de resocialización. En una primera instancia, el condenado es castigado y apartado de la sociedad. Un tiempo después, sin embargo, tendrá que reintegrarse. Los responsables del centro penitenciario, por lo tanto, deben realizar una serie de funciones que incluya la asistencia psicológica y la capacitación para que el recluso, al recuperar la libertad, pueda desarrollarse y no sea nuevamente un componente peligroso de la sociedad.

Resulta curioso que la pena privativa de libertad continúe siendo la sanción por excelencia contra cualquier persona que infringe las leyes a pesar de que en la mayoría de los países la percepción general apunte a que el sistema penitenciario no funciona adecuadamente, no ofrece una verdadera solución a la delincuencia ni brinda oportunidades útiles a los presos para que vuelvan a insertarse en el sistema una vez que han cumplido su pena.

La asistencia psicológica en la prisión es fundamental, ya que muchos de los reclusos tienen trasfondos emocionales muy delicados por alguno de los siguientes motivos, entre muchos otros: vienen de familias en las que se han sentido siempre desplazados y no queridos; han debido abandonar su país a la fuerza por falta de oportunidades; sufren discriminación por cuestiones étnicas; han vivido en la calle durante mucho tiempo; no tienen la suficiente formación como para acceder a un buen trabajo y eso los empuja a sufrir todo tipo de abusos laborales.

Estar encerrado en una celda, privado de la libertad de salir del edificio para hacer las compras, ver una película o leer un libro en el parque es mucho más difícil de superar de lo que se percibe desde afuera; como muchas otras cosas en la vida, no valoramos la libertad lo suficiente hasta que la perdemos. Cuando existen problemas psicológicos que impiden el correcto y sano desarrollo en la sociedad, verse forzado a compartir un espacio reducido durante meses o años no es precisamente un plato tentador.

Entre los problemas que deben atender los psicólogos de las prisiones se encuentran los intentos de suicidio, que muchas veces comienzan por creer que una vez terminado el periodo de reclusión no habrá futuro. No olvidemos que muchos individuos pierden su trabajo, su casa y sus relaciones cuando son condenados a prisión, por lo cual el proceso de resocialización debe enfocarse en gran parte en impedir que esos acontecimientos les impidan levantarse y seguir adelante con sus vidas.

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