Definición de polivalente

Polivalente es un adjetivo que se aplica a aquel o aquello que resulta valioso en diferentes situaciones o que ofrece varias prestaciones. Lo polivalente, por lo tanto, tiene valor (es importante o útil) en distintos contextos.

Por ejemplo: “Es un jugador polivalente, que nos ofrece soluciones en todo el campo de juego”, “Necesito una mesa que sea polivalente y que me sirva tanto para comer como para estudiar”, “Brindamos una cobertura polivalente con múltiples beneficios”.

Un basquetbolista polivalente puede jugar en diferentes posiciones.

Polivalente en el deporte

A nivel deportivo, se dice que un jugador es polivalente cuando puede ocupar diferentes posiciones. En este sentido, la noción se asocia a la idea de polifuncionalidad (el deportista que, por sus condiciones, puede desarrollar muchas funciones).

Un basquetbolista polivalente es aquel que puede jugar de armador, escolta o alero, por citar una posibilidad.

El concepto en la química y en la medicina

Los elementos químicos que disponen de distintas valencias (es decir, de varios números que revelan su capacidad para combinar un átomo con otros y así crear un compuesto) también reciben el nombre de polivalentes.

En el ámbito de la medicina, por otra parte, hay vacunas y sueros que se califican como polivalentes ya que resultan eficaces contra numerosos agentes: “Vamos a aplicarle un suero polivalente para contrarrestar la infección”, “No se preocupe, esta es una vacuna polivalente que le brindará la protección que necesita para viajar a esas tierras”.

Existen sueros antiofídicos que se definen como polivalentes ya que son eficaces ante las mordeduras de diferentes especies de serpiente. Esto hace que, ante un eventual ataque, el suero puede neutralizar la acción de distintos venenos.

Una vacuna polivalente tiene eficacia ante diversos agentes.

Lógica polivalente

También llamada plurivalente, la lógica polivalente admite más de dos valores de verdad (tradicionalmente, verdadero o falso), opuesto a lo que ocurre en las lógicas bivalentes; la cantidad de posibles valores tiene un mínimo de tres, pero puede llegar al infinito. Además, este sistema lógico no acepta el principio del tercero excluido.

Para comprender este concepto es necesario conocer las bases de otros dos, mencionados en el párrafo anterior. En primer lugar, se encuentra la lógica bivalente, un sistema lógico que en sus premisas y en su conclusión (que en conjunto se conocen como enunciados) solamente admite dos valores de verdad (verdadero y falso). La lógica aristotélica es su referente clásico por excelencia y sostiene tres principios fundamentales, uno de los cuales es el siguiente concepto a aclarar: el del tercero excluido, que define que la proposición A sólo puede ser verdadera o falsa, sin una tercera posibilidad.

Los dos principios restantes de la lógica aristotélica son el de identidad (A es idéntica a sí misma) y el de no contradicción (A no puede ser simultáneamente A y no-A).

Estudios de distintos pensadores

La difusión de las lógicas polivalentes tuvo lugar fundamentalmente a raíz de los estudios de Emil Post y Jan Lukasiewicz, dos filósofos oriundos de Polonia que realizaron importantes trabajos relacionados también con la física cuántica. Sin embargo, las lógicas polivalentes ya habían sido expuestas, aunque con otros puntos de vista, por otros científicos, entre los que se encuentran Hugh MacColl, Hegel, Nicolai A. Vasiliev y Charles Sanders Peirce.

Stephen Kleene, un lógico y matemático norteamericano nacido en 1909, fue el autor de las tablas de verdad destinadas especialmente para su uso en un sistema de lógica con tres valores posibles. Al respecto, la trivalencia en física ha sido ilustrada exitosamente gracias al uso de la paradoja conocida como el gato de Shrödinger.

El físico Erwin Schrödinger, nacido en Austria, concibió en el año 1935 la paradoja que lleva su nombre para plantear el siguiente sistema: hay una caja opaca cerrada con una botella de gas venenoso, un dispositivo con una partícula radiactiva y un gato; la partícula tiene un 50% de probabilidades de desintegrarse pasado un cierto lapso de tiempo, lo cual haría que el veneno matara al gato. Este experimento ha sido interpretado de diversas maneras, aunque su esencia radica en que no deberíamos enfocarnos simplemente en los dos estados posibles del animal (vivo o muerto), sino en que hasta que el observador abra la caja ambos coexistirán en lo que se conoce como superposición.

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