Definición de bioenergía

La Real Academia Española (RAE) no incluye el término bioenergía en su diccionario. El concepto, que también suele mencionarse como energía de biomasa, alude a una clase de energía renovable que se obtiene a partir del procesamiento de materia que se forma a través de un proceso mecánico o biológico.

Por lo general la bioenergía se produce con los desechos de las sustancias constituyentes de los organismos vivos. Esta energía puede aprovecharse mediante la transformación de los residuos en otras sustancias o de modo directo por combustión u otro método.

Bioenergía puede usarse como sinónimo de biocombustible (el combustible que se genera con plantas o con desechos orgánicos) y de biomasa (la materia prima de los biocombustibles). También se conoce como bioenergía a todo el contexto relacionado con la producción de biocombustibles y con la obtención de biomasa, incluyendo la situación científica, económica y social.

El origen de la bioenergía se encuentra en los rayos solares, cuya energía es absorbida –a través de la fotosíntesis– por las diversas especies de plantas en la Tierra. Cabe mencionar que el volumen de materia orgánica que se consigue de este modo es más grande que la cantidad de energía presente en las sustancias minerales.

Dicha energía que procede del sol se transforma en materia orgánica. La energía de la biomasa puede aprovecharse para producir biocombustibles como el bioetanol o el biodiésel.

En términos más específicos, todos los años se generan millones de toneladas de materia orgánica seca, que posee una cantidad de energía equivalente a 68 billones de toneladas de petróleo, un quíntuple de lo que necesita el planeta entero para abastecer la demanda energética.

A pesar de la enorme cantidad de energía presente en la materia orgánica producida cada año, tan sólo se aprovecha una fracción de la misma a causa de la considerable dispersión que atraviesa.

Los residuos ganaderos, la remolacha y la caña de azúcar están entre las fuentes de bioenergía. La biomasa, por lo tanto, puede ser residual (como huesos o cáscaras) o natural (plantas, árboles, etc.). Otra clasificación distingue entre la biomasa húmeda (los residuos que se generan al producir aceite) y la biomasa seca (la madera).

La bioenergía natural se puede obtener de los residuos que generan las explotaciones forestales, así como de sus subproductos, los cuales tienen un poder energético considerable. Dado que no pueden usarse para fabricar papel o muebles, se los destina a la producción de energía, de manera que pueda aprovecharse y reduzca el impacto ambiental.

Además de los residuos de la madera, también sirven como fuente de bioenergía los restos de las carpinterías, los aserraderos y las fábricas de muebles, entre otros componentes de la industria de transformación de la madera.

Con respecto a la bioenergía residual, los materiales usados pueden ser aserrín, estiércol, paja, restos de animales y basura urbana. Sobra aclarar que la obtención de bioenergía dista de ser un proceso informal y esporádico, sino que se apoya en un sistema absolutamente organizado que, por ejemplo, cuenta con plantas de aprovechamiento de residuos agrícolas, como ser la paja que no se usa para el forraje.

Transformar la biomasa seca y la húmeda en bioenergía acarrea procesos diferentes. En el primer caso, tenemos la necesidad de aplicar la gasificación (para varios tipos de combustibles), la pirólisis (para metanol y electricidad) o la combustión (para electricidad, calor y vapor de agua), entre otros procesos termoquímicos. Por lo general, se obtiene un buen rendimiento energético. La biomasa húmeda requiere el uso de procesos bioquímicos, los cuales toman más tiempo y aportan un rendimiento energético menor; por ejemplo: mediante la fermentación anaerobia obtenemos metano, mientras que la alcohólica nos da etanol.

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