Definición de aglutinante

Aglutinante puede emplearse como adjetivo o como sustantivo. En el primer caso, califica a aquello que tiene la capacidad de aglutinar (es decir, de conseguir que distintos elementos queden unidos entre sí).

En el terreno de la medicina, se nombra como aglutinante a la sustancia o el objeto que se adhiere con firmeza a la piel y que permite aglutinar. Los aglutinantes, en este marco, pueden contribuir a la cicatrización al fomentar la adherencia.

Un aglutinante, por otra parte, es una sustancia que se utiliza para diluir los pigmentos de una pintura o de un barniz. Estos aglutinantes no solo pueden mezclarse con los diferentes pigmentos, sino que también aportan la textura que se necesita para que la pintura pueda aplicarse y le confieren resistencia tras el proceso de secado.

El secado de la pintura puede desarrollarse de distintas maneras. Hay pinturas que se secan a partir de la evaporación de los disolventes presentes en el aglutinante. En otros casos, además de esta evaporación, se genera una reacción de tipo químico que hace que la pintura se endurezca.

La idea de aglutinante, además, puede emplearse en el ámbito de la lingüística. Las lenguas aglutinantes apelan a palabras que son formadas a partir de la unión de monemas independientes. Estos términos se constituyen por afijos y lexemas que disponen de significados gramaticales o referenciales ya definidos.

El concepto de monema, por su parte, hace referencia a una transformación abstracta o bien una secuencia irreductible de fonemas que genera modificaciones en el significado regular y sistemático en donde se aplique o se añada. En otras palabras, podemos decir que es la mínima unidad de significado de un idioma. A grandes rasgos, podemos hablar de dos tipos de monema, que son los siguientes: lexema, con significado autónomo y concreto; morfema, que puede o no depender de la unión con otro lexema para adquirir un significado.

Por lo tanto, en una lengua aglutinante, los afijos se ubican en un sitio específico de acuerdo al sentido que se quiere crear con la raíz. En las lenguas fusionantes, en cambio, los afijos se fusionan entre sí y adoptan distintas formas de acuerdo al resto de los morfemas.

El término lengua aglutinante data del año 1836, cuando lo acuñó el erudito conocido como Wilhelm von Humboldt, uno de los responsables de la fundación de la actual Universidad de Humboldt de Berlín. Gracias a esta distinción entre estas lenguas y las fusionantes, es posible clasificarlas de acuerdo con su morfología.

Sin embargo, a pesar de la existencia de estas dos categorías, no hay una clara línea que las separe, sino que la forma más común de diferenciar unas de otras es prestando atención a su tendencia. Para decir con certeza que una lengua es de tipo aglutinante, debemos comprobar que cumpla con los siguiente requisitos:

* que sus palabras puedan segmentarse en morfemas que no puedan ser alterados a causa de los adyacentes;

* que cada morfo (la expresión fónica de los morfemas) realice solamente una categoría gramatical.

En las lenguas fusionantes, entre las cuales se encuentra el español, podemos observar lo contrario. Por ejemplo, nuestra forma de negación in- cambia según el resto de la palabra de la cual forma parte: si bien es in- en el caso de «intocable», pasa a ser im- en «impensable» e ir- en «irremplazable».

Por lo general, en las lenguas aglutinantes se puede apreciar que los sufijos se aglutinan a las raíces (que suelen ser monosilábicas), y así es posible precisar o modificar el sentido. Algunos ejemplos de lenguas aglutinantes actuales son el japonés, el guaraní, el euskera, las lenguas quechua, el suajili y el turco.

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