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Corteza auditiva: características y funciones de esta región del cerebro


La corteza del cerebro incluye zonas especializadas en tareas concretas. Es el caso, por ejemplo, de la corteza auditiva.

Dedicaremos las siguientes líneas a conocer mejor la función de esta parte del cerebro, sus características y regiones más importantes. Igualmente, veremos con qué otras partes del sistema nervioso y del organismo humano está conectada para lograr cumplir sus funciones.

Qué es la corteza auditiva del cerebro? Ubicación y características

La corteza auditiva del cerebro es una parte de este órgano encargada de procesar toda la información que obtenemos a través del sistema auditivo, es decir, los sonidos que captan los oídos. Su ubicación se encuentra en el lóbulo temporal y dentro de esta zona podemos encontrarla en el llamado área de Heschl, formado por las circunvoluciones transversas.

Otra forma de encontrar esta región es acudiendo al mapa de las antiguas áreas de Brodmann, ya que la corteza auditiva del cerebro estaría ocupando las partes 41, 42 y una parte de la 22, dentro de este mapa. Esta región del córtex cerebral se puede encontrar tanto en el cerebro de los seres humanos como en el de gran cantidad de especies animales de vertebrados.

Partes y estructura

En cuanto a la estructura, la corteza auditiva del cerebro se puede subdividir en corteza cerebral auditiva primaria (A1), secundaria (A2) y terciaria (A3). La primaria cuenta con un grosor de 3 milímetros, aproximadamente. A nivel macroestructural, ya hemos visto que se encuentra en el área de Heschl, ocupando la mitad de toda esa zona.

Si nos vamos a la microestructura, podemos encontrar varias formas de estudiar esta parte del encéfalo. Por ejemplo, a nivel de disposición neuronal o citoarquitectura, la parte A1 conformaría parte de la llamada koniocorteza, un agrupamiento de neuronas con apariencia granular. La corteza auditiva del cerebro A1 tiene varias capas, mostrando mayor densidad en las número II y IV. En cuanto a la III, se caracteriza por la existencia de células de tipo piramidal.

Si nos centramos en la composición química, o quimioarquitectura, descubriremos que la zona A1 está compuesta en gran medida por CO, citocromooxidasa y AChE, acetilcolinesterasa. Por último, la distribución de mielina, o mieloarquitectura, denota grandes concentraciones de esta sustancia en la parte primaria, precisamente donde más proyecciones sensoriales se dan.

Precisamente por esa gran mielinización, la corteza auditiva del cerebro de tipo primario (A1) se puede observar fácilmente mediante resonancia magnética.

En el caso de los primates, y más concretamente en los seres humanos, podemos dividir esta zona, desde la más central hasta la más periférica, como núcleo, cinturón interno y cinturón externo. El núcleo albergaría la sección A1 y también la parte rostral o R. El cinturón interno albergaría la corteza auditiva del cerebro secundaria, es decir, la zona A2. Por último, la faja exterior es el lugar donde hallaríamos la sección terciaria, o A3.

La corteza auditiva del cerebro forma parte del denominado neocortex. Esta zona se caracteriza por la necesidad de una cierta estimulación durante el desarrollo para poder desarrollar correctamente todas las funciones. En este sentido, para que la corteza auditiva ejerza sus tareas de manera normal, habrá sido necesario que haya sido expuesta a diferentes frecuencias auditivas en las primeras etapas de la vida del organismo.

Funciones de la corteza auditiva del cerebro

La función de la corteza auditiva del cerebro, como es evidente, es la de procesar los datos captados por el sistema auditivo. Si esta parte del cerebro no hiciera esta labor, por mucho que a nivel estructural los oídos funcionasen correctamente, no tendríamos forma de poder utilizar el sentido del oído, pues no habría una recepción e interpretación de los sonidos captados por dicho sistema.

Por este motivo, algunas lesiones cerebrales debidas a traumatismos, enfermedades, infartos cerebrales o tumores que dañen esta zona, pueden provocar una sordera a nivel funcional, independientemente de que los oídos no se encuentren afectados. Sin embargo, aunque no se puedan interpretar los sonidos, estos sujetos todavía muestran conductas reflejo ante algunos de ellos.

La explicación a este fenómeno se debe a que, antes de llegar a la corteza auditiva del cerebro, existe un primer procesamiento de la información que tiene lugar en el tronco del encéfalo y en el mesencéfalo.

Además, cada grupo de neuronas de la corteza auditiva del cerebro está especializada en procesar los sonidos pertenecientes a una determinada frecuencia. De esta manera, se puede observar que, comenzando desde un extremo, se sitúan las neuronas que procesan las frecuencias bajas (desde 2 Hz) y según vamos avanzando hacia la otra punta de esta corteza, las células nerviosas van procesando las frecuencias más altas, hasta llegar a las de 128 Hz.

Debido a este fenómeno, existen mapas de frecuencias o mapa tonotópico que indican exactamente qué zona de la corteza auditiva del cerebro se dedica a unas frecuencias sonoras en concreto. Esta región del cerebro, mediante la interpretación de los datos obtenidos por el oído, es capaz de localizar de dónde provienen los sonidos y además identificarlos y clasificarlos.

Aún no se conoce en profundidad cómo esta parte del encéfalo es capaz de realizar esta actividad con esa precisión, pues identificar el continuo de un sonido en concreto, obviando el resto del ruido que se percibe constantemente, es algo extremadamente complejo. Una teoría es que la clave está en la localización espacial de la fuente de sonido, pero cuando esta va variando constantemente tampoco supone un problema para la corteza auditiva del cerebro, por lo que debe haber otra explicación.

A su vez, la corteza auditiva del cerebro es capaz de discernir entre las diferentes tonalidades, la armonía y la sincronización de las notas. Esta faceta se observa muy bien en cuanto a la interpretación musical y como somos capaces de distinguir cada sonido, proveniente de toda una gama de instrumentos, e interpretarlos todos juntos.

Ya hemos visto que la corteza auditiva del cerebro estaba dividida en tres partes (primaria, secundaria y terciaria) y que además está estructurada neuronalmente por el tipo de frecuencias sonoras que gestionan. Además, la zona A1 también tiene conexiones con otras regiones del sistema nervioso como es el tálamo, y más concretamente con la zona del núcleo geniculado medial.

Se cree que esta parte es una de las responsables en la interpretación del volumen del sonido y también de los tonos percibidos.

Tipos de disfunciones en la corteza auditiva

Existen diferentes patologías que pueden ser causadas por lesiones o anomalías en la corteza auditiva del cerebro.

Ya hemos mencionado anteriormente la sordera de tipo cortical, que viene dada cuando la zona A1 está dañada y por tanto el individuo no puede procesar los sonidos que sus oídos están escuchando correctamente.

Si las lesiones, por el contrario, están afectando a la zona secundaria o terciaria, son otras las patologías que el sujeto puede desarrollar. Por ejemplo, si el área dañada está en el hemisferio derecho, esta persona podría tener problemas para reconocer el tono de los sonidos, lo que se conoce como amusia. Podría ser que tuviera dificultades para entonar correctamente las frases. En este caso, la dolencia se llamaría disprosodia.

Incluso podría estar afectando a otras regiones sensoriales, por ejemplo las que tienen que ver con la memoria visual. En caso de que la lesión afectara al hemisferio izquierdo, son otras las posibilidades que encontramos. Las más conocidas son las afasias, que tienen que ver con dificultades para comprender o utilizar el lenguaje. Una de ellas es la de Wernicke, que impide comprender y repetir las palabras que está escuchando.

Otra afasia común es la anómica, por la cual la persona que la experimenta tiene problemas para poder recordar el nombre de un elemento. Podría darse también otra afasia conocida como transcortical sensorial, que también afecta a la comprensión del lenguaje. La última de las posibles afasias es la de conducción de tipo acústico y amnésica, que le generaría problemas para repetir una secuencia de palabras.

Igualmente, con lesiones en la corteza auditiva del cerebro del hemisferio izquierdo también se puede sufrir de amnesia para elementos verbales, que igualmente estarían dificultando el habla de la persona. La amusia que veíamos en el otro hemisferio también puede ocurrir aquí, relacionada también con la agnosia auditiva, la incapacidad para procesar los estímulos que recibe a través del oído, en este caso.

Pero puede ocurrir que la lesión o enfermedad haya afectado a la corteza auditiva del cerebro de los dos hemisferios del cerebro, lo que supondría una dolencia de tipo bilateral. En este tipo podemos encontrar esa agnosia auditiva de la que hablábamos y también sordera de tipo verbal, es decir, ser incapaz de procesar las palabras que los oídos están escuchando.

Referencias bibliográficas:

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