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Neuroderechos: qué son, tipos, e implicaciones jurídicas


La evolución de la neurociencia es imparable, al igual que lo es de forma paralela la neurotecnología. Es cuestión de pocas décadas que se inventen aparatos electrónicos capaces de decodificar la información de nuestro cerebro e introducirse en las profundidades de nuestra mente.

El uso de una tecnología capaz de semejante poder es un arma de doble filo porque, si bien supondrá grandes avances en campos como la criminología, descubriendo si un sospechoso es autor de un delito, también plantea serios interrogantes éticos como es el de poder modificar nuestros recuerdos o manipular nuestra toma de decisiones.

Es por este motivo que no son pocos los neurocientíficos que en los últimos años han ido advirtiendo sobre la necesidad de establecer unos límites éticos en el uso de la tecnología capaz de influir sobre nuestra mente, entrando en juego lo que se ha llamado los neuroderechos. A continuación vamos a ver qué son y su gran importancia.

¿Qué son los neuroderechos y por qué son importantes?

Los avances de las neurociencias, disciplinas que estudian el funcionamiento del cerebro y buscan los fundamentos biológicos de la conducta humana, han hecho que haya cierta preocupación acerca del uso que se podría hacer de las tecnologías que se benefician de sus hallazgos. La neurotecnología, combinada con la inteligencia artificial, tiene el potencial de influir en la sociedad de manera profunda de acuerdo con activistas en neuroderechos, una herramienta muy peligrosa de ser usada de forma irresponsable y con fines comerciales.

Como producto de esta preocupación se han planteado los neuroderechos, un nuevo marco jurídico internacional de derechos humanos enfocados en proteger el cerebro humano y su individualidad de un uso irresponsable de las nuevas tecnologías. Pese a que suene a ciencia ficción, estamos cada vez más cerca de conocer mediante una radiografía o electrodos qué es lo que piensa, siente, cree y opina una persona, una posibilidad sumamente peligrosa en caso de caer en las manos equivocadas, motivo por el cual son tan necesarios estos derechos neurotecnológicos.

Proyecto BRAIN y NeuroRights Initiative

Uno de los proyectos que más avances está logrando en el mapeo del cerebro y el análisis del comportamiento y sus fundamentos neurológicos es el BRAIN INITIATIVE (Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies), radicado en los Estados Unidos. Este proyecto fue iniciado por el expresidente estadounidense Barack Obama en el año 2013, dotándolo con un presupuesto de cerca de 4.500 millones de dólares.

En su momento ya dio bastante de qué hablar, pues se trataba de un potente programa con el que rastrear de forma minuciosa la actividad mental mediante el desarrollo de herramientas con las que poder saber qué piensa o siente una persona a partir de su actividad neurológica rastreable. Su objetivo era, de hecho, el de conseguir tomar una fotografía dinámica del cerebro en acción y entender mejor cómo pensamos, aprendemos y recordamos.

Habiendo pasado ya unos cuantos años los descubrimientos que han realizado los implicados en este proyecto y la información que se ha ido recolectando es tan grande y valiosa que incluso los propios neurocientíficos advierten de la gran necesidad de establecer una serie de derechos universales que garanticen la protección de la individualidad y privacidad mental. De no aprobarse unos neuroderechos con vigencia internacional, se corre el riesgo de que las neurotecnologías sean muy mal usadas.

Uno de los defensores de la necesidad de establecer estos derechos humanos es el neurobiólogo español Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia (EE.UU.). Yuste es uno de los principales impulsores del proyecto BRAIN, pero también de la defensa de los neuroderechos y por ello también lidera la NeuroRights Initiative, centrada de hecho en este cometido.

Tipos de neuroderechos

Los neurocientíficos son seres humanos muy conscientes de las implicaciones éticas de sus avances, motivo por el cual son los primeros que desean que se reconozcan los neuroderechos a nivel internacional. Sus avances neurocientíficos tienen el objetivo de mejorar la vida de las personas, descubriendo qué es lo que se esconde detrás de enfermedades y trastornos asentados en el cerebro como el Alzhéimer, el Parkinson, la epilepsia, la depresión, la ansiedad o la esquizofrenia. Conociendo cómo se dan en el cerebro será posible encontrarle una cura definitiva.

Pero el conocimiento del cerebro también puede llevar a intereses que van más allá de la mejora de la calidad de vida de quienes padecen enfermedades neurológicas. Las empresas podrían valerse de las neurociencias más sofisticadas para manipular a individuos y, cambiando sus deseos e intereses entrando en su mente, hacerles comprar sus productos. También puede ser una herramienta usada por gobiernos corruptos y regímenes totalitarios, interesados en identificar a ciudadanos que no comulgan con sus ideas violando su privacidad mental y arrestándoles por tener determinados pensamientos.

¿Cuáles son los neuroderechos?

Teniendo en cuenta las implicaciones éticas y los potenciales riesgos que entrañan los avances en neurociencias, tanto neurocientíficos como activistas de derechos humanos demandan a los grandes organismos que se incluyan cinco neuroderechos fundamentales.

De hecho, se está haciendo campaña para que estos derechos sean recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU ya que, de conseguirse, tendría una vinculación real, obligando a gobiernos, autoridades, sector privado y ciudadanía a respetarlos estuvieran en el país donde estuvieran.

De momento, los cinco neuroderechos fundamentales planteados son los que siguen.

1. Derecho a la identidad personal

El derecho a la identidad personal insta a imponer límites que prohiban a las tecnologías alterar el sentido del yo. Este derecho pretende que se proteja la individualidad y autonomía personal de los individuos porque, cuando la neurotecnología pueda conectar a las personas con redes sociales, se podría correr el riesgo de que se difumine la línea entre la conciencia de la persona y los aportes tecnológicos externos.

2. Derecho al libre albedrío

El derecho al libre albedrío garantiza que las personas puedan tomar decisiones libremente, con su propia voluntad y sin ser manipuladas por la tecnología. Este derecho prevé la posibilidad de que, si nuestro cerebro está conectado a través de lectores de actividad cerebral a un ordenador, no será libre de tomar decisiones o incluso podría darse el caso de que alguien invada nuestro cerebro, hackeando nuestra mente.

3. Derecho a la privacidad mental

El neuroderecho a la privacidad mental pretende evitar que cualquier dato obtenido del análisis y medición de la actividad neuronal sea usado sin consentimiento de la persona. Añadido a esto, exige la regulación estricta de cualquier interacción y transacción de uso comercial de estos datos.

4. Derecho al acceso equitativo a la neurocognición

Detrás de este neuroderecho lo que se pide es que se determinen unas pautas y directrices que delimiten y regulen la aplicación de toda tecnología que permitan mejorar la actividad cerebral. El objetivo de este derecho es el de que se garantice que este aumento cognitivo sea accesible a todo el mundo, de forma equitativa y que no quede reservado a un pequeño sector, favorecido y pudiente, de la sociedad.

5. Derecho a la protección contra sesgos y discriminaciones

Este derecho solicita que los conocimeintos de la neurociencia no establezcan discriminaciones y distinciones por raza, etnia, sexo, orientación sexual, credo, opinión política, origen nacional o social, nacimiento, posición económica o cualquier otra condición.

Activismo y legislación por la protección de nuestra mente

La comunidad de neurocientíficos sensibles con los neuroderechos busca garantizar que nuestra mente no sea manipulada y que nuestra privacidad sea respetada. Nuestros pensamientos, opiniones, creencias, emociones y demás aspectos que se albergan en nuestra mente y quedan ocultos del ojo público deberían seguir estando ocultos aunque se desarrollen tecnologías capaces de sacarlos fuera con una mera radiografía, electrodos o neuroimagen.

Con ellos lo que se pretende es que todo avance neurocientífico se dirija en conseguir una sociedad mejor, realizándose por el bien común, y que no lleve a situaciones de mayores desigualdades o de crisis sociales.

Con los neuroderechos reconocidos, los trabajos de descodificación de las redes neuronales obligarían a tomar muy en cuenta el componente ético y jurídico de investigar con el cerebro, al igual que hoy en día los avances tecnológicos en móviles y otros dispositivos se ven obligados a extremar las normativas de seguridad de los datos personales vigentes.

A medida que las neurociencias vayan desentrañando los misterios del cerebro, se deberá garantizar la confidencialidad y la protección de datos que se pudieran encontrar en la mente. El objetivo sería impedir que la información disponible sobre nuestro cerebro pueda usarse para fines ajenos al interés general.

De momento, uno de los países que más ha avanzado en materia de neuroderechos es Chile, que presentó un proyecto de reforma de la Constitución para que se reconocieran estos derechos en ella y convirtiéndose en el primer estado que aprueba legislación específica para este fin.

En la Unión Europea se han ido dando pasos importantes también, anunciándose en 2019 la creación de un comité sobre Inteligencia Artificial y que está explorando la viabilidad de un marco jurídico sobre su transparencia, responsabilidad y seguridad, gestionados por el Consejo Europeo de derechos humanos.