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¿Puede el psicólogo contar a otros lo que le explicas?


Uno de los aspectos de la psicoterapia que generan más recelo es el tema de la confidencialidad. ¿Puede el psicólogo explicar a tercera persona lo que le cuenta el paciente o cliente?

Como veremos, salvo en un caso excepcional, la respuesta es un rotundo “no”. Y no, esto no es una simple norma moral que los psicólogos tienden a seguir porque todos piensan parecido. Como veremos, detrás de la profesión hay un código ético de obligado cumplimiento por una serie de motivos muy importantes.

¿Es confidencial lo que se le cuenta al psicólogo?

En el transcurso de una serie de sesiones de psicoterapia, es inevitable que se hable sobre temas delicados: experiencias traumáticas, conflictos familiares, sentimientos que so se comprenden o que están socialmente mal vistos, etc. Es algo que forma parte del motivo por el cual la terapia tiene razón de ser; incluso los trastornos con unos efectos más limitados, como ciertas fobias específicas, dan pie a momentos que no explicaríamos a cualquier persona y que nos interesa que no salgan a la luz.

Lo mismo pasa si los problemas a tratar no son trastornos propiamente dichos; si hay algo que nos hace sentir mal y nos motiva a ir a la consulta de un psicólogo, eso sigue siendo información confidencial.

¿Y qué pasa si lo que buscamos no es tratar un problema personal, sino atender una necesidad nueva (como por ejemplo, aprender una nueva destreza para la cual debemos entrenar junto a un profesional que asesore)? En estos casos también es muy probable que se vaya a hablar de temas personales. Dado que la reestructuración cognitiva relacionada con la autoestima y el autoconcepto, por ejemplo, exige profundizar en los sentimientos y creencias más arraigadas del cliente.

Ahora bien, estos son los motivos por los que a los clientes y pacientes les interesa que haya una rígida disciplina de confidencialidad en lo relativo a lo que ocurre en la consulta del psicólogo.

Su existencia ya de por sí justificarían que el profesional sintiese la obligación moral de no contar nada al resto de personas, ya que a pesar de que está ofreciendo un servicio, no deja de empatizar en ningún momento. Ahora bien, este no es el único motivo por el que los psicólogos se auto-imponen la obligación de hacer que la información no salga de su consulta. La otra mitad de esta obligación es de tipo deontológico y profesional, no individual, sino colectivo.

El principio de confidencialidad en terapia

Estas sesiones existen porque en ellas se crea un vínculo terapéutico basado en la confianza. Buena parte del valor añadido de esta clase de servicios consiste en disponer de un lugar en el que pueden expresarse todos los motivos de miedo, vergüenza y angustias, para a partir de esa información, trabajar para solucionar la situación.

Es por eso, que si no se respetase de antemano la estabilidad de esta dinámica de relación entre el profesional y el paciente o el cliente, el trabajo de los psicólogos perdería el fundamento en el que se basa. No solo implicaría perder clientes, sino que además se extendería una visión de la psicología según la cual tiene sentido tratar de engañar al terapeuta u ocultarle cosas, mostrándole sola esa información que se considera poco comprometida.

En algo así, unos pocos casos de terapeutas que esparciesen datos, causarían un daño muy serio sobre el conjunto de la profesión. Por eso, el principio de confidencialidad es no ya un compromiso del terapeuta para consigo mismo y con el paciente con el que trabaja, sino que lo es también con el resto de colegas que se dedican a lo mismo.

Pero la confidencialidad no se limita a aquello que el paciente explica en las sesiones. Los psicoterapeutas también tratan como confidencial datos concretos y documentación vinculada a sus clientes y pacientes, todo aquello que se considere información sensible. Las personas no tienen por qué saber siquiera el nombre de las personas con las que se trabaja para mejorar su bienestar.

Por otro lado, respetar la privacidad de la información que dan los clientes es una manera de demostrar que no se juzga a la persona la que se le ofrece el servicio. ¿Por qué iba un terapeuta a revelar información confidencial, si no? O porque los temas tratados le parecen lo suficientemente vanales como para contarlos, o porque le hacen gracia ciertas anécdotas, o porque respeta al cliente lo suficientemente poco como para dar información privada a quien la pide. En cualquier caso estas situaciones serían síntomas de que no hay un compromiso con la propia carrera profesional.

¿En qué casos se rompe la confidencialidad?

El código ético de los psicólogos establece que la prioridad es el bienestar de los pacientes y de las personas de su entorno. Así pues, la única situación en la que un psicólogo debe ser capaz de revelar a terceros información privada de los pacientes, es si tienen evidencias sólidas de que o se va a dañar directamente a alguien, o la vida de alguien corre peligro. Es decir, un contexto en la que aquello que se trata de mejorar corre un peligro que está fuera del alcance de la intervención del terapeuta.

En el caso de riesgo de suicidio, el problema a tratar puede estar relacionado con esto, de modo que la confidencialidad se romperá si se estima que hay un peligro inmediato y concreto.