Definición de veleidad

El vocablo francés velléité llegó al castellano como veleidad, un término que refiere a la falta de constancia y a la levedad. El concepto muchas veces alude a un deseo o a una intención que resultan antojadizos, caprichosos o pueriles.

Por ejemplo: “En su momento, el gobierno anterior decidió analizar la problemática con veleidad, y ahora sufrimos las consecuencias”, “El presidente del club afirmó que acudirá a la Justicia para evitar cualquier veleidad de cambio en el reparto de los cargos”, “No me postulo por veleidad personal, sino porque sé que mi presencia es necesaria para sostener este proyecto”.

Ahondando más en la etimología del término veleidad, nos encontramos con que el vocablo francés velléité deriva a su vez de volo, un verbo del latín que significa «querer»; su infinitivo es velle y surgió a partir de la raíz indoeuropea *wel, la cual denota querencia y deseo. Otras palabras latinas que comparten dicha raíz son voluptuoso, benevolencia y voluntad.

Otro término del latín en el cual encontramos la raíz indoeuropea *wel es voluptas, voluptatis, que puede traducirse como «placer, deseo, disfrute y apetencia». Es siempre muy importante recurrir a un diccionario de latín antes de aventurarse a descifrar los significados de las palabras, ya que la mayoría de ellas han derivado en otras cuya apariencia es muy diferente, o bien en varias, con definiciones diversas.

Supongamos que un diputado sorprende al presentar un libro de poemas. Este dirigente político nunca había expresado en público su amor por la literatura ni su interés por la escritura. Por eso los periodistas pueden mostrar su sorpresa por la veleidad literaria del diputado; es decir, por sus ganas de dedicarse, al menos de manera parcial, a la poesía.

Otro ejemplo de veleidad lo encontramos en un futbolista que desea cambiar de equipo. El deportista tiene un contrato firmado que lo une con su actual club por tres años más, pero su intención es llegar a una nueva institución. Puede decirse, de este modo, que el jugador tiene la veleidad de dejar a su equipo para sumarse a otro.

Los dos casos expuestos en los párrafos anteriores responden de forma consistente a la etimología de veleidad, ya que en la esencia de este término se encuentran la voluntad, el deseo y el placer. Como es de esperarse, estos sentimientos no son fáciles de controlar, y surgen de manera espontánea, desde lo más profundo de nuestro ser; por ello no se asocia la veleidad con lo racional, sino más bien con el capricho y el antojo.

Del mismo modo, dado que la veleidad es más instintiva que racional, es entendible que para el entorno de la persona que actúa de esta forma, su proceder resulte sorprendente. Sin embargo, muchas veces están en esos aparentes caprichos nuestras verdaderos deseos, nuestra esencia, que por diversas razones quedó atrapada entre las estructuras y las imposiciones de la sociedad.

Cuando se califica a una persona como un sujeto de veleidad, se hace referencia a que se trata de un individuo que carece de tenacidad o perseverancia. La veleidad, en este contexto, se vincula a abandonar actividades sin que estén completas o a dejar proyectos en medio de su desarrollo.

El poco apego a las actividades que requieren esfuerzo y dedicación suele ser considerado un rasgo negativo de ciertas personas, ya que eso las conduce a no concluir ningún emprendimiento. Por otro lado, puede tratarse de una reacción sana ante un proyecto que ya no les produce ningún placer, para libremente buscar el adecuado para ellas. De nada sirve mantenerse firme en un camino que no nos conduce a la autosuperación, a sentirnos orgullosos de nosotros mismos y conformes con nuestras decisiones.

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