Definición de placer

Antes de entrar de lleno en el establecimiento del significado del término placer hay que conocer cuál es su origen etimológico. En este sentido, podemos decir que emana del latín, concretamente del verbo “placere”, que puede traducirse como “gustar”.

Placer es un concepto que refiere al deleite o regocije que se experimenta al hacer o lograr alguna cosa que provoca agrado. Por ejemplo: “Siento placer cada vez que vengo a comer a este restaurante”, “Para mi, abrir un libro y empezar a leer una nueva historia es un placer”, “No me genera placer ver cómo el esfuerzo de mi padre no rinde ningún fruto”.

Se puede entender al placer como aquello positivo que se siente al satisfacer una necesidad o conseguir un objetivo. Existen, por lo tanto, múltiples fuentes de placer de acuerdo al contexto. Aquello que provoca placer se conoce como placentero.

Las relaciones sexuales, en este sentido, pueden calificarse como placenteras. Las personas suelen disfrutar al estimular sus órganos genitales, por lo que el sexo provoca placer físico.

Dentro de este tipo de placer, el sexual, hay que tener en cuenta que no sólo se alcanza con la estimulación de los genitales sino también con la excitación provocada al acariciar otras partes del cuerpo. Esas zonas que, de igual modo, provocan placer son conocidas como zonas erógenas y entre ellas se encuentran el cuello, el pecho, los lóbulos de las orejas…

Asimismo no hay que olvidarse que cada persona encuentra ese placer sexual en distintas posturas, con diferentes fantasías e incluso con variadas experiencias. Ejemplos de esto son quienes se excitan llevando a cabo acciones de sadomasoquismo, los que necesitan vestir o que su pareja lleve determinadas prendas…

Lo que está claro, como así lo demuestran distintos estudios, es que experimentar el placer sexual ayuda a mejorar el sueño, a ponerle fin al estrés o a contar con mayor autoestima.

La ingesta de una comida que nos gusta también puede considerarse como un placer. Cuando el alimento ingresa al paladar, e incluso antes a través de la vista y el olfato, podemos sentir algo agradable que surge de los sabores y aromas.

Otros placeres no son físicos, sino que resultan más bien simbólicos. Tener un hobby como coleccionar sellos postales; jugar a un videojuego; leer un libro; dibujar; o escuchar música son algunas actividades que pueden producir placer.

Cuando una persona persigue el placer como principal finalidad de su existencia, se dirá que es hedonista. El hedonismo es la doctrina que siguen aquellos que viven para maximizar los placeres y minimizar el dolor. Hay que destacar, sin embargo, que ciertas posiciones morales consideran que el hedonista es egoista porque no piensa en los problemas del prójimo, sino que sólo privilegia su placer.

No podemos obviar tampoco que existen otros muchos significados de placer. Así, por ejemplo, en Cuba se emplea ese término para referirse a un campo yermo que se encuentra cercano a la ciudad.

Asimismo también se utiliza para mencionar a los bancos de piedra o de arena que existen en el fondo del mar y que se identifican tanto por ser llanos como por el hecho de que tienen una extensión bastante notable.

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