Definición de pírrico

Pírrico es un adjetivo que deriva de un vocablo griego. El término está asociado a Pirro, un monarca que gobernó el Estado de Epiro entre 307 y 302 antes de Cristo y entre 297 y 272 a.C.

A partir de este rey, se desarrolló el adjetivo pírrico que puede calificar diferentes situaciones o entidades. Por un lado, podemos hablar del ejército pírrico, que refiere a los soldados que estaban a las órdenes de Pirro.

Dicho ejército, en una ocasión, consiguió imponerse en el campo de batalla ante los romanos, pero sufrió miles de pérdidas. Por lo tanto, con el tiempo, comenzó a hablarse de victoria pírrica para referirse al triunfo que cuesta mucho o que, incluso, provoca más daños a quien resulta ganador que al derrotado. Las guerras que tuvieron lugar entre 280 y 275 a.C. y que contaron con el ejército pírrico como participante se conocen como Guerras Pírricas.

Se puede hablar de la victoria pírrica de un equipo de fútbol, por ejemplo, si el conjunto en cuestión gana un partido pero termina con dos jugadores expulsados y tres lesionados. El calificativo de pírrico en este caso, hace referencia a que dicho equipo tendrá que prescindir de cinco de sus jugadores en su próximo encuentro.

También se habla de algo pírrico cuando el objetivo conseguido no tiene mucho valor o parece insignificante si se tiene en cuenta el esfuerzo invertido: “Coseché manzanas durante dos meses de sol a sol y recibí un paga pírrica”, “Hace dos años que estoy trabajando en este proyecto: no voy a conformarme con un reconocimiento pírrico”.

Guerras Pírricas

Entre los años 280 y 275 a. C., tuvieron lugar varias alianzas políticas y batallas que pusieron en contra a los griegos, los pueblos itálicos, los cartagineses y los romanos. Todo se desató a raíz de un conflicto entre la ciudad de Tarento y Roma, que surgió luego de que estos últimos violaran un tratado marítimo. La participación de Pirro, un gobernante griego, en esta disputa tuvo lugar como compensación a Tarento por la ayuda que le había prestado para recuperar la isla de Corfú un año antes.

Publius Cornelius Dolabella, un cónsul romano, organizó una expedición con el propósito de inspeccionar la costa sur de Italia, para lo cual envió diez naves. Desde el punto de vista de Tarento, dicha investigación violaba un tratado naval firmado hacía mucho tiempo y por eso emprendió un ataque que hundió cuatro de los barcos y capturó otro. Además, atacó y saqueó la ciudad de Turios, perteneciente a la Magna Grecia.

Los intentos de Roma por solucionar la situación a través de la diplomacia fueron en vano, tras lo cual el senado romano decidió declarar la guerra a Tarento, quien pidió ayuda al gobernante Pirro; éste, por su parte, obtuvo la colaboración de Ptolomeo Cerauno, rey de Macedonia, y de los samnitas, y se embarcó con el ejército pírrico hacia Italia. Allí intentó negociar pero la batalla fue inevitable.

En medio de los enfrentamientos, algunas ciudades, como ser Locri, se unieron a Pirro, quien se dirigió a Roma y luego se retiró a Campania. Además, el ejército pírrico invadió Apulia, donde derrotó a los romanos en la batalla de Ausculum, que dejó tras de sí un número de víctimas demasiado alto. Un año más tarde, luego de varios acontecimientos, Pirro consigue el apoyo de diversas ciudades sicilianas; finalmente, lo proclamaron rey de Sicilia.

Ese mismo año, Pirro se hizo con más de treinta ciudades y derrotó a los mamertinos. En el 278 a. C., ejecutó a Thoenon de Siracusa por sospechar que lo había traicionado, decisión que le costó su popularidad en Sicilia y lo llevó a regresar a Italia. Más tarde, Pirro se enfrentó nuevamente a los romanos en la batalla de Benevento, donde fue derrotado, en parte por la traición de algunos tarentinos. Así finalizaron las guerras, y Pirro abandonó Italia.

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