Definición de perfectible

Para poder establecer y entender el significado del término perfectible se hace necesario que, en primer lugar, procedamos a determinar su origen etimológico. En este sentido, podemos decir que emana del latín, ya que es la suma de tres elementos de dicha lengua:
-El prefijo “per-”, que puede traducirse como “por completo”.
-El verbo “facere”, que es sinónimo de “hacer”.
-El sufijo “-ible”, que se utiliza para indicar “que puede”.

Perfectible es un adjetivo que se aplica a aquello que es susceptible de perfeccionamiento. Cabe destacar que la acción de perfeccionar consiste en incrementar las cualidades o la calidad de algo, convirtiéndolo en algo mejor.

Por ejemplo: “Les presento el modelo del nuevo vehículo que fabricará nuestra empresa: por supuesto, se trata de un diseño perfectible en el que seguiremos trabajando”, “El gerente cree que es un proyecto interesante, aunque perfectible”, “Tenemos un método de entrenamiento muy eficaz, pero no deja de ser perfectible como todos”.

Es importante establecer que, de manera habitual, durante años la gente utilizaba perfeccionable en lugar de perfectible y eso se consideraba un error porque la palabra no estaba recogida como tal. Sin embargo, en la edición número veintitrés del Diccionario de la Real Academia Española ya sí se incluye el término perfeccionable, que se define como un adjetivo que indica que algo se puede mejorar.

En un sentido amplio, no existe nada que no sea perfectible, ya que cualquier creación humana puede mejorarse: alcanzar la perfección es algo imposible. Por eso, aún en los desarrollos más logrados y eficientes, siempre se puede mejorar algo (el rendimiento, la estética, el costo, etc.).

Tomemos el caso de la democracia. Por lo general, existe un consenso acerca de que la democracia es el mejor sistema de gobierno. Esto no quita, sin embargo, que sea un sistema perfectible. Las leyes que la regulan y las instituciones que la conforman pueden modificarse para que la organización social resulte cada vez más adecuada a las necesidades de la gente.

Así es habitual que se diga que la democracia es perfectible, ya que es imprescindible que vaya modificándose para poder ir adaptándose a los cambios que va experimentando la sociedad a nivel económico, social o político. De esta manera, por ejemplo, en España existen diversos grupos políticos que abogan porque la Constitución existente, que data del año 1978, sea objeto de reforma para mejorar, para adaptarse a estos nuevos tiempos.

Precisamente esa singularidad de la democracia de ser perfectible la distancia enormemente de una dictadura donde las normas establecidas se considera que son las mejores y que no pueden cambiarse, porque son las que el régimen impuesto establece que son las idóneas.

La perfectibilidad, de todos modos, puede ser subjetiva. Para una persona, “La Gioconda” de Leonardo Da Vinci resulta la obra de arte perfecta; para otra, en cambio, el cuadro podría perfeccionarse con ciertos agregados de color o con otros detalles.

Lo perfectible, por último, también depende de la época. El tratamiento existente hoy contra el VIH, por citar un caso, es el mejor que puede desarrollarse de acuerdo a los conocimientos científicos de la actualidad. Sin embargo, es un tratamiento perfectible a futuro ya que, tal vez, en los próximos años se consiga crear una vacuna contra el virus o una pastilla que lo elimine del organismo.

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