Definición de penicilina

El término penicilina proviene del inglés penicillin, que a su vez deriva del latín Penicillium notatum. Este concepto latino nombra al moho de cuyos cultivos se extrae la penicilina, que es una sustancia antibiótica utilizada para combatir las enfermedades causadas por distintos microorganismos.

Las penicilinas suelen derivar del ácido 6-aminopenicilánico y difieren entre sí de acuerdo a la sustitución que se realiza en la cadena lateral del grupo amino. En general, las penicilinas son antibióticos que pertenecen al grupo de los betalactámicos.

El primer antibiótico que fue utilizado de forma masiva en la medicina fue la penicilina G, también conocida como bencipenicilina. Este antibiótico fue descubierto por Alexander Fleming en 1928, quien, junto a Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey, se encargó de producirlo en masa.

Las penicilinas están consideradas como los antibióticos menos tóxicos, aunque pueden producir alergia. Por eso, antes de aplicar penicilina, el médico siempre debe consultar al paciente si padece alguna alergia.

Entre los efectos secundarios más habituales que puede producir la mencionada penicilina en los pacientes se encuentran los dolores de cabeza, diarreas, secreción vaginal así como dolores en la boca y en la lengua que pueden ir acompañados además de la aparición de una serie de manchas blancas en dicho órgano bucal.

No obstante, existe la posibilidad de que ante la aplicación de penicilina en un enfermo este tenga otra serie de efectos adversos que, aunque no son tan frecuentes, también pueden tener lugar. Entre los mismos se encontrarían fiebre, dolor en las articulaciones, erupciones cutáneas, respiración más rápida de lo habitual, inflamación en la zona de la cara o el que la piel se vuelva de color más rojizo y empiece a escamarse.

De la misma forma, existen otra serie de consecuencias o de reacciones a la penicilina que son absolutamente raras e infrecuentes pero que también han aparecido en algunos casos. Entre aquellas habría que destacar, por ejemplo, a las convulsiones, vómitos, color amarillento en la piel y en los ojos, ansiedad, depresión, sangrado, ver u oír elementos que no existen e incluso confusión.

Lo habitual es que ante los mencionados tipos de efectos adversos que tiene la penicilina no haga falta que el médico actúe pues estos irán desapareciendo por sí mismos a medida que el cuerpo del paciente se vaya adaptando a dicha medicación. No obstante, si aquellos son muy molestos o siguen estando patentes sí se hace vital que el profesional sanitario tome medidas para acabar con los mismos.

Los distintos tipos de penicilinas cumplen con diferentes funciones. La bencilpenicilina permite combatir bacterias como los estreptococos, los estafilococos, los meningococos y los gonococos. Este antibiótico se administra por vía parenteral ya que es sensible al ácido estomacal.

La ampicilina, en cambio, puede suministrarse por vía oral para actuar contra bacterias como la salmonella, la shigella y la haemophilus.

La penicilina no debe ser administrada junto a ciertos antibióticos, como la neomicina y el cloranfenicol, ya que, de esta forma, se reduce la efectividad. Por otra parte, la penicilina disminuye los efectos de las pastillas anticonceptivas.

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