Definición de parietal

El uso más frecuente del término parietal se encuentra asociado a un hueso que se halla en la cabeza. Los parietales, en este sentido, forman parte del cráneo, protegiendo su región lateral y superior.

Cada hueso parietal dispone de una cara interna y de otra externa, tiene forma de cuadrado y cuenta, por lo tanto, con cuatro bordes. El hueso parietal izquierdo y el hueso parietal derecho se encuentran unidos mediante la sutura sagital.

Las articulaciones del hueso parietal se llevan a cabo a través de la sutura lambdoidea (con el occipital), la sutura escamosa (con el temporal y el esfenoides), la sutura coronal (con el frontal) y la ya mencionada sutura sagital (con el otro hueso parietal).

La región del cerebro que se encuentra debajo de cada hueso parietal recibe el nombre de lóbulo parietal. Estos lóbulos ocupan la zona media y lateral de la cabeza y se encargan de captar sensaciones como el dolor y la temperatura. Una lesión en el lóbulo parietal puede provocar problemas en las extremidades del costado opuesto, inconvenientes en el habla y trastornos de lectura.

Según un estudio a cargo del paleoneurólogo Emiliano Bruner, quien trabaja en el Centro Nacional de Investigación Humana en España, y la neuropsiquiatra Heidi Jacobs, del Instituto Alemán de Neurociencia ubicado en la ciudad alemana de Jülich, existe una clara relación entre los trastornos degenerativos y la naturaleza vulnerable del lóbulo parietal. En un interesante artículo publicado por ellos para exponer los resultados de su investigación, aseguran que el Alzheimer es una consecuencia de la evolución de nuestro cerebro.

Se trata de un nuevo punto de vista, que abre las puertas a consideraciones que no se habían hecho hasta el momento con respecto a dicho trastorno: la enfermedad de Alzheimer se relaciona con los daños que sufren las células en las áreas frontales y temporales de nuestro cerebro. Sin embargo, según el trabajo de Bruner y Jacobs, la aparición de este terrible trastorno degenerativo comienza a raíz de un defecto metabólico del lóbulo parietal, asociado a la capacidad cognitiva que (según insiste en asegurarnos la ciencia) nos diferencia de los demás animales, incluyendo a los primates.

La explicación gira en torno al precio que hemos tenido que pagar por dicha superioridad a nivel cognitivo, a los efectos secundarios de la evolución que nos separó del resto de las especies y de nuestros propios antecesores. En pocas palabras, dada la ubicación de nuestro lóbulo parietal, que visto desde arriba o de perfil se ubica en el centro del cerebro, es propenso a sufrir altas temperaturas. Por otro lado, también demanda una considerable actividad vascular, lo cual puede estar ligado a la toxicidad, y requiere mucha energía, algo que puede repercutir en el metabolismo de manera negativa.

Conectando el supuesto descubrimiento con las nociones existentes hasta el momento, los investigadores aseguran que los efectos asociados a la enfermedad de Alzheimer en las áreas frontales y temporales no son su causa, sino una consecuencia de su aparición. Cabe mencionar que los estudios no han podido determinar con precisión en qué punto de la evolución ha aparecido dicho defecto en el lóbulo parietal y que tampoco representan una cura, aunque sí pueden abrir las puertas a tratamientos más efectivos en el futuro.

En el fútbol, golpear la pelota con el parietal es una de las técnicas más habituales del cabezazo. Es frecuente que un futbolista que se ubica de frente al arco rival, en la zona del área, reciba un pase aéreo (conocido como centro) desde un costado de la cancha. Por lo tanto, para impactar el balón con la cabeza, puede utilizar el hueso parietal.

Cabe destacar que, en el sentido estricto que aporta su etimología (el vocablo latino parietalis), parietal es aquello vinculado a una pared.

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