Definición de parestesia

Antes de dejar constancia del significado del término parestesia, se hace necesario determinar su origen etimológico. En este sentido, podemos decir que se trata de una palabra que deriva del griego, ya que es fruto de la suma de tres partes de dicho idioma claramente delimitadas:
• El prefijo “para-“, que puede traducirse como “junto” o “contra”.
• El sustantivo “aesthesis”, que es sinónimo de “sensación”.
• El sufijo “-ia”, que se emplea para indicar cualidad.

Se conoce como parestesia a las sensaciones fuera de lo normal que sienten en su piel las personas aquejadas por ciertos trastornos circulatorios o del sistema nervioso. Dichas sensaciones pueden ir desde un entumecimiento hasta un cosquilleo o prurito.

Otro de los síntomas que suelen ser unidos a la parestesia es el ardor, que se sufre en las citadas extremidades.

Lo habitual es que la parestesia se experimente en las extremidades, ya sean superiores o inferiores, aunque la sensación puede extenderse a todas partes del organismo. Existen distintos tipos de parestesia según cómo se presenta.

En ocasiones, el sujeto no advierte con facilidad qué le sucede, aunque reconoce que no puede utilizar sus manos o sus piernas con normalidad. La sensación de la parestesia se incrementa cuando la extremidad se apoya sobre algún cuerpo. Para eliminar estas sensaciones anómalas, la persona puede mover la extremidad en cuestión para tratar de recuperar su funcionamiento habitual.

Entre los posibles motivos de la parestesia, se encuentran las lesiones en un nervio, los problemas en la irrigación de sangre, las hernias, los ACV y diversas enfermedades (esclerosis múltiples, hipotiroidismo y otras).

No obstante, existen otras muchas causas que puedan dar lugar a la citada parestesia. Sin embargo, entre las más significativas se encuentran las siguientes:
• Diabetes.
• Artritis reumatoide.
• Alcoholismo.
• Envenenamiento.
• Tumor cerebral.
• Daño nervioso postraumático.
• Síndrome del túnel carpiano.

La parestesia también puede aparecer por una intoxicación, la carencia de ciertas vitaminas, un ataque de pánico o hasta por el simple de hecho de mantener una misma posición durante mucho tiempo.

Es posible, por lo tanto, experimentar la parestesia si permanecemos sentados sin movernos durante varias horas. Cuando intentemos incorporarnos, probablemente sintamos que las piernas están “dormidas” y que, si tratamos de moverlas con normalidad, aparece un hormigueo. Dicha sensación desaparecerá poco a poco, a medida que volvamos a mover las piernas y que intentamos caminar con normalidad.

A la hora de tratar la parestesia hay que tener en cuenta que eso es algo que dependerá no sólo de las causas que la motivaron sino también de su gravedad. Y es que, por ejemplo, las personas que la padecen por una seria enfermedad deberán ingerir los medicamentos pertinentes para así poder reducir y aliviar tanto aquella como cualesquiera otros síntomas.

De la misma manera es interesante resaltar que hay quienes recurren a terapias alternativas para poder hacerle frente a la citada parestesia. Así, hay individuos que toman la decisión de apostar por la acupuntura, por someterse a diversos masajes e incluso por ingerir ciertas vitaminas que resultan ser beneficiosas para el organismo.

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