Definición de explotación infantil

La acción y efecto de explotar se conoce como explotación. Este concepto tiene diversos usos según el contexto. Puede tratarse de la utilización abusiva de las cualidades de una persona, de la situación de desigualdad social o del conjunto de actividades que se llevan a cabo para extraer recursos de una determinada fuente.

Infantil, del latín infantilis, es un adjetivo que hace referencia a lo perteneciente o relativo a la infancia. Este periodo de la vida se inicia con el nacimiento y se extiende hasta el final de la pubertad.

La explotación infantil, por lo tanto, es el trabajo que realizan los niños en el marco de un sistema de producción económica. El fenómeno puede tener graves consecuencias para el desarrollo de los menores, ya que afecta el disfrute de sus derechos.

Las personas menores de 18 años que desempeñan una actividad laboral que afecta su desarrollo, que son sometidos a tareas riesgosas o que son obligados a realizar actividades ilegales son víctimas de la explotación infantil.

La noción de explotación infantil suele utilizarse como sinónimo de trabajo infantil, aunque esta segunda noción no necesariamente implica un abuso. En ciertas culturas, los niños realizan trabajos formativos que se transmiten de generación en generación, mientras que el trabajo vacacional de los menores es frecuente en las ciudades. Lo importante para que no se hable de explotación es que no se viole ningún derecho de los menores.

Entre las causas que inciden en la aparición de la explotación infantil, se encuentran la pobreza, la marginación social, la captación por redes del crimen organizado, la desidia de los progenitores, la presión de los pares y la orfandad.

A diferencia de otras actividades ilegales, la explotación infantil muchas veces tiene lugar frente a nuestros ojos, en medio de una avenida, en una calle muy transitada, y parece que nadie pudiera hacer algo por detenerla. Gracias a la exposición a la que ciertos grupos periodísticos han sometido a algunas organizaciones en los últimos años, no siempre es tan fácil detectarlas como hace un par de décadas, pero es evidente que no todos los componentes de la ley repudian su accionar, ya que de ser así no tendrían oportunidad de continuar destrozando la vida de tantos niños.

La explotación infantil se sostiene, en parte, gracias a la esclavitud; sí, este concepto que intentamos creer lejano, proveniente de un pasado remoto que jamás regresará. Para que un niño se convierta en esclavo pueden suceder tres cosas: que sea cruelmente capturado y alejado de su familia; que sus propios padres lo vendan, como si se tratara de un objeto; que sus padres sean los explotadores. Sobra decir que esta relación impuesta no les permite oponerse al trabajo que les exigen realizar y sus posibilidades de fugarse son mínimas, especialmente por el miedo que les infunden.

Así como en otros casos de dominación, la explotación infantil se basa en la manipulación de las mentes de los niños, en técnicas de lavado de cerebro que convierten a los más débiles para que se aseguren de que los más fuertes no puedan escapar; o consiguen transformarlos en seres frustrados y retorcidos como ellos, o bien los amenazan para que teman dejar la organización.

Se conoce con el nombre de trata infantil a la compra, venta o traslado de niños para ser usados en puestos de trabajo ilegales o para su explotación sexual. Los niños que son objeto de este macabro contrabando pueden acabar prostituyéndose, empuñando armas de fuego o mendigando largas horas mientras la gente los mira con pena y continúa avanzando.

Muchas veces, los niños son sometidos a realizar trabajo forzoso para pagar parte de una deuda de sus padres. Esto se denomina servidumbre por deudas y es común cuando una familia pobre no consigue devolver el total de un préstamo. Cabe mencionar que esta terrible situación puede extenderse por varios años.

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