Definición de equipo de oficina

Una oficina es un local que se destina a la realización de algún trabajo. Se trata de un espacio físico que puede estar organizado de distintas formas y presentar diversas características de acuerdo a su función y a la cantidad de personas que deba alojar.

Un equipo, por otra parte, es un conjunto de personas o cosas que está organizado para cumplir con un objetivo determinado. Cada integrante del equipo tiene una función y satisface una cierta necesidad.

Estos conceptos nos permiten comenzar a elaborar la definición de equipo de oficina: puede decirse que se trata del conjunto de máquinas y dispositivo que se necesitan para llevar a cabo tareas propias de una oficina.

En la actualidad, el equipo de oficina suele estar compuesto de ordenadores, teléfonos, equipos de fax, impresoras con escáner, escritorios y sillas. A simple vista, muchos de dichos elementos parecen haber formado parte del ecosistema de las oficinas por varias décadas; sin embargo, es necesario tomar en cuenta la evolución que han atravesado muchos de ellos, a pesar de haber conservado el nombre original.

La máquina de escribir es una de las herramientas que ya no se encuentran en una oficina, o que al menos no se ve con tanta frecuencia como en el pasado. Las libretas, las carpetas y cualquier medio manual de almacenamiento o registro de datos están desapareciendo rápidamente, a medida que se estandariza el uso de las tablet PC y las pantallas táctiles en general. El diseño y la decoración de las oficinas también han cambiado y, por consiguiente, el mobiliario asociado a los entornos de trabajo también ha sufrido diversas modificaciones, tanto estilísticas como funcionales.

El equipo de las oficinas públicas, por otra parte, suele ser diferente al que se utiliza en las privadas; es frecuente que la tecnología de las oficinas que dependen del Estado sea más antigua.

Vivir en la oficina

Hace tan solo un par de décadas, no todos contaban con los medios económicos para adquirir un ordenador para uso personal. Además, los avances tecnológicos de comienzos de los años 90 se daban de una forma vertiginosa: los procesadores, los diferentes tipos de memoria y los monitores evolucionaban rápidamente, sin mostrar piedad alguna por los consumidores, dejando obsoletos equipos que habían estado en el mercado a penas unos meses.

En esa época, no muy distante, aquellos primeros colonos de Windows 3 y, poco después, de su impactante versión del año 95, acomodaban sus caros y modestos equipos informáticos en un rinconcito de la casa, como parte del estudio quizás, o simplemente en el dormitorio; las mesas de ordenador eran pequeños altares que simbolizaban una mirada hacia ese futuro en el cual nos vestiríamos con ropa metalizada y viviríamos en el espacio.

Pero, como si de un sueño se tratara, en menos de veinte años, los ordenadores se convirtieron en una de las posesiones más comunes de cualquier vivienda de clase media, y pasaron a formar parte de un equipo de dispositivos interconectados, como son los televisores, las consolas de videojuegos y los teléfonos móviles. Mientras que en el pasado era necesario navegar hasta una habitación en particular para dar con el aparato más avanzado de la casa, la actualidad ha convertido nuestros hogares en auténticas oficinas con cama.

Los ordenadores del presente son tan poderosos, tan configurables y, sobre todo, tan económicos, que hacen cada vez más cuestionable la necesidad de otros dispositivos: nos permiten navegar en Internet, desarrollar aplicaciones, ver películas, escribir libros, ver e imprimir fotografías, grabar programas televisivos, jugar… En fin, la diferencia entre el equipo de oficina de la actualidad y las herramientas con las que cuenta un hogar promedio son tan sutiles, que en muchos casos son imperceptibles.

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