Definición de crianza

Se denomina crianza al acto y la consecuencia de criar: cuidar, alimentar y educar a un ser vivo, o producir o desarrollar algo. El concepto suele aplicarse a la tarea desarrollada por los padres o tutores de un niño durante los primeros años de su vida.

Por ejemplo: “Existen diversos modos de crianza: cada padre debe elegir aquel que se adapte a sus principios e ideas”, “Tras el trágico fallecimiento de la pareja, los abuelos maternos se hicieron cargo de la crianza del niño”, “El Estado debe asistir a los padres sin recursos en la crianza de sus hijos”.

La crianza de los niños implica brindarles el soporte material y afectivo adecuado para que puedan desarrollar plenamente sus capacidades. Los chicos necesitan un acompañamiento por parte de los adultos para subsistir en la infancia y llegar a la madurez de forma saludable y plena.

Si bien no podemos vivir en sociedad de forma adecuada sin dinero y pertenencias materiales, el amor, el apoyo, la comprensión y la compasión valen mucho más que el oro, y son los componentes fundamentales de una buena crianza: todo lo otro se puede conseguir con el tiempo.

La responsabilidad principal de la crianza recae en los padres (biológicos o adoptivos) o en los tutores del menor. De todos modos, el proceso se desarrolla en interacción con la sociedad en general y con el Estado. La ley establece ciertas obligaciones que los responsables de un niño deben cumplir, entre las que destaca enviarlo a la escuela.

Es importante mencionar que no existe una única forma de crianza: puede ser permisiva, autoritaria, democrática, etc. Hay padres, en este marco, que otorgan mucha libertad a los niños, mientras que otros se decantan por la sobreprotección.

Como en cualquier otro tema relacionado con las emociones humanas, los extremos no son saludables, aunque en un primer momento parezcan la opción más «justa». Por cuestiones que hacen a nuestra propia naturaleza, nuestro organismo necesita muchos años de desarrollo antes de alcanzar un estado de total autonomía en el cual pueda tomar todas las decisiones concernientes con su seguridad y su crecimiento. Esto nos lleva a pensar que una crianza basada en la total libertad puede resultar muy nociva para un niño.

Claro que durante la etapa de desarrollo, en momentos muy puntuales, la libertad genera una respuesta aparentemente positiva: ¿qué niño se opondría a decidir dónde irá de vacaciones toda la familia o qué cosas comprar con el dinero que sus padres han ahorrado todo el año? Seguro que la posibilidad de tomar estas y otras decisiones dibujará una sonrisa en su rostro, pero a medida que se acerque a su adultez, comenzarán los problemas de adaptación a la sociedad, donde su influencia es ínfima en comparación con la que tenía en su hogar.

Por otro lado, una crianza basada en la sobreprotección puede parecer opuesta a simple vista pero las consecuencias no son tan diferentes. Durante el desarrollo de un niño, tener a sus mayores siempre a su lado, acompañando cada uno de sus pasos y advirtiéndole acerca de lo peligroso que es el mundo exterior puede resultarle reconfortante; sin embargo, cuando finalmente le sueltan la mano y se ve solo frente al resto de la sociedad, descubre que no tiene las herramientas necesarias para vivir por su cuenta.

En los últimos años se produjo un auge de la llamada crianza con apego, que sostiene la necesidad de establecer un vínculo emocional muy fuerte con el niño durante su infancia para que el pequeño luego pueda desarrollar una personalidad independiente y segura. La crianza con apego invita a fomentar el contacto materno todo el tiempo que sea posible y a responder con sensibilidad a cada una de las necesidades del bebé.

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