Definición de cotidiano

Del latín quotidianus, cotidiano es un adjetivo que hace referencia a algo diario, habitual o frecuente. Por ejemplo: “Las peleas son algo cotidiano a la salida del bar, “Leer los diarios forma parte de mis actividades cotidianas”, “Viajar a Europa resulta cotidiano para ciertas personas”.

Se conoce como vida cotidiana al transcurrir habitual de un día cualquiera en la vida de una persona. Un día cotidiano, en este sentido, suele incluir levantarse a un cierto horario, desayunar, viajar a la oficina o al centro de estudios, cumplir con las obligaciones, regresar al hogar, cenar y acostarse a la hora necesaria para dormir el mínimo de horas recomendado, que gira en torno a las seis diarias.

Si una persona suele viajar a su lugar de trabajo en tren y un día decide ir caminando, el cambio de la rutina supone un quiebre de lo cotidiano. En ese caso, el modo de viajar constituiría algo atípico, que se distingue fácilmente de las costumbres o hábitos de dicho individuo.

Por lo general, la vida cotidiana está asociada a lo rutinario. Los fines de semana y los períodos de vacaciones, por lo tanto, son considerados como momentos especiales o diferentes, aún cuando no resulten extraños (todas las personas, en algún momento de su vida, gozan de vacaciones). Lo cierto es que, al liberarse de las obligaciones y de las responsabilidades responsabilidades cotidianas, los seres humanos podemos dedicar nuestro tiempo a una serie de actividades que solemos dejar a un lado el resto del año.

Lo cotidiano suele implicar ciertos rituales, que varían de persona a persona. Mientras que para un individuo puede ser cotidiano acostarse a la 1 de la madrugada, esto puede ser impensable para quien comienza su jornada laboral a las 7:30 de la mañana.

El habla cotidiana

Se conoce como habla cotidiana a la serie de vocablos y expresiones que se utilizan a diario para comunicarse informalmente con amigos, compañeros de trabajo y familiares, e incluso con personas de jerarquía superior, si no existen protocolos que exijan un mayor nivel de modales para dirigirse a ellos. Esta manera de expresarse presenta una serie de códigos que, por lo general, no respetan las reglas de gramática y semántica del idioma del cual se desprende.

El poder del habla cotidiana, que también se denomina lenguaje popular, es muy grande, precisamente por pertenecer al pueblo, a la mayoría de las personas de una región. Una de sus características es que se percibe como una forma más sencilla de utilizar un idioma, por lo cual es ampliamente adoptado e imposible de eliminar.

En el caso del castellano, la Real Academia Española estudia constantemente los fenómenos que atraviesa nuestra lengua y cuando llega a la conclusión de que no puede erradicar una expresión o un cierto uso incorrecto, lo acepta. Cabe mencionar que el lenguaje popular incluye una serie de términos de origen extranjero que, por cuestiones relacionadas con una traducción poco precisa o por dificultades en la pronunciación, acaban por recibir significados diferentes a los que tienen en realidad.

La lucha entre el lenguaje correcto, académico, y el popular puede ser vista como una búsqueda justa de respetar un legado antiquísimo y rico, o como una absurda batalla contra el paso del tiempo y la evolución. El habla cotidiana puede ser vista como un rasgo característico y esencial de una cultura, dado que está íntimamente relacionado con el día a día de su gente, con su humor, con su sufrimiento, con sus deseos; poca gente piensa y siente con una ortografía y una gramática propias de una enciclopedia.

Resulta difícil escoger una persona frente a los perjuicios y beneficios del habla cotidiana, pero algo es seguro: no debemos permitir que se pierdan aquellos detalles que hacen única a cada lengua, o con ellos morirá la literatura y decaerá la comunicación hasta que basten unos pocos gruñidos para hacernos entender.

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