Definición de celulosa

Celulosa es un término que procede del vocablo francés cellulose. Esta palabra, a su vez, está formada por cellule (que puede traducirse como “célula”) y la terminación –ose (“–osa”).

Antes de avanzar con la definición de celulosa, por lo tanto, vale la pena centrarse en sus componentes. Se llama célula a la unidad fundamental de un ser vivo, que tiene capacidad de reproducción independiente y que presenta un núcleo y un citoplasma encerrados por una membrana. La terminación –osa, por otro lado, se utiliza para la formación de los nombres de los azúcares.

Con la pasta de celulosa se fabrica el papel.

Qué es la celulosa

Se denomina celulosa al polisacárido que posibilita el desarrollo de la pared de las células vegetales. En este punto es importante indicar que los polisacáridos son carbohidratos compuestos por una cadena extensa de monosacáridos (azúcares que no pueden descomponerse, vía hidrólisis, por otros más simples).

Puede decirse que la celulosa, cuyo descubrimiento tuvo lugar en 1838 gracias a las investigaciones del químico francés Anselme Payen, es un elemento estructural para las plantas. No solo está presente en las paredes de las células de tipo vegetal, sino que también se halla en la madera y en otras partes.

Su importancia en el papel

La celulosa es el material principal del papel. De hecho, se llama papel a una hoja muy delgada que se produce con pasta o pulpa de celulosa.

Para obtener pulpa de celulosa, se trabaja con la corteza de la madera, la cual se tritura y se humedece. La sustancia resultante se somete a un blanqueamiento y finalmente atraviesa un proceso de secado y endurecimiento.

Al producirse con celulosa, el papel requiere que se talen árboles. Por eso, para evitar daños ecológicos, es imprescindible garantizar la sostenibilidad o sustentabilidad de la actividad. Además es importante subrayar que el papel puede reciclarse.

La celulosa permite la producción de celuloide.

Otros usos de la celulosa

Con la celulosa pueden generarse múltiples productos. Uno de ellos es el celuloide, un plástico de gran elasticidad que se utiliza en el cine y en la fotografía.

Las películas de celuloide son cintas de este material que, al ser impresionadas, albergan imágenes. La impresión fotográfica es el procedimiento que, apelando a la luz, viabiliza la obtención de imágenes fijas, las cuales luego pueden proyectarse.

El nitrato de celulosa también hace posible la fabricación de barnices, lacas y pinturas. Incluso sirve para realizar explosivos que son valorados por ser maleables y por evidenciar mayor estabilidad que la pólvora.

Fuente de energía

Al tratarse de un carbohidrato (también mencionado como hidrato de carbono o glúcido), la celulosa es una fuente energética. Sin embargo, los seres humanos no pueden aprovecharla al no disponer de celulasa, que es la enzima que se encarga de su descomposición.

De todos modos, la celulosa en la alimentación humana contribuye a la digestión por más que no sea un nutriente. En este caso, la celulosa forma parte de las fibras alimentarias que ayudan al funcionamiento intestinal.

En el caso de los rumiantes y de otros animales, sus estómagos presentan microorganismos que tienen celulasa y, por lo tanto, permiten su uso como fuente de energía.

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