Definición de careta

Se denomina careta al elemento que se utiliza para cubrir el rostro. Puede tratarse de una máscara, un antifaz o una pieza similar. Por ejemplo: “Un hombre con una careta de Barack Obama asaltó un banco en la capital provincial”, “En la fiesta de disfraces voy a utilizar una careta de gorila”, “Me hace falta una careta para ocultar mi cara de dormida”.

Las caretas pueden tapar el rostro totalmente o solo de manera parcial. Por lo general se utilizan con fines de entretenimiento, en fiestas y eventos sociales, aunque también hay individuos que recurren a caretas para ocultar su identidad con otros objetivos (cometer un delito, por citar un caso). En la antigüedad, el uso de caretas se vinculaba a rituales y ceremonias.

También hay caretas que se utilizan como protección. Los esgrimistas usan una careta para no recibir golpes en la cara. Quienes trabajan con abejas, por su parte, suelen utilizar una careta y un traje especial para evitar las picaduras de estos animales.

La noción de careta, por otra parte, tiene varios usos simbólicos. La expresión “quitarse la careta” alude a actuar sin hipocresía o falsedad: “¡Deja de mentir! Quítate la careta y dime lo que sientes”, “A este periodista habría que sacarle la careta para que diga lo que piensa”.

En Argentina, se nombra como careta a la persona falsa o que le gusta aparentar: “No seas careta y vení a jugar al fútbol con tus amigos”, “Marcos es un careta: dice que le gusta el rock pero le encanta bailar bachata y merengue”.

También en Argentina existió un semanario denominado Caras y Caretas, que se publicó entre los años 1898 y 1941, con un regreso cuatro décadas más tarde que duró tan sólo una edición y uno en 2005, que se extiende hasta la actualidad. La categoría en la que se enmarca es el humor político.

Si bien esta publicación se asocia a Argentina, sus orígenes se encuentran en Uruguay, más precisamente en Montevideo, donde se fundó un semanario con el mismo nombre en el año 1890, caracterizado por una cobertura de los temas de actualidad teñidos de humor y sátira política, todo coronado por fotografías y caricaturas. Su director, Eustaquio Pellicer, se mudó a Buenos aires cuando el semanario alcanzó el número 144, y fue entonces que comenzó a publicarlo en el país vecino.

Caras y Caretas gozó de una gran popularidad, especialmente en sus primeros años, en parte por la alta calidad de sus imágenes y la audacia con la que se escribían sus artículos, con una fusión de periodismo serio y humor que resultaba muy atractiva para hacer frente a las problemáticas políticas, sociales y culturales del país sin caer en la depresión.

En España también fue bien recibida durante la primera mitad del siglo XX. Su director y corresponsal fue Mariano Miguel de Val, quien también trabajaba en la dirección de la revista Ateneo, y consiguió que el semanario llegara a muchos lectores.

Dada la naturaleza de la revista Caras y Caretas, sobra decir que uno de los papeles fundamentales lo han jugado siempre los caricaturistas; entre ellos se encuentran Alejandro Sirio, Hermenegildo Sábat Lleó, José María Cao Luaces y Manuel Mayol.

Una de las razones por las cuales la revista Caras y Caretas es tan respetada en la comunidad literaria es que varios escritores aclamados comenzaron en sus páginas su carrera profesional; por ejemplo, fue allí donde Horacio Quiroga publicó sus primeros cuentos. En 2004, se llevó a cabo una exposición a cargo del Museo del Dibujo y la Ilustración en las instalaciones de la Biblioteca Nacional, donde se presentaron cerca de un centenar y medio de dibujos originales, elaborados por más de cuarenta ilustradores que habían participado del semanario.

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