Definición de anemia

De acuerdo a su etimología, que nos lleva a la lengua griega, la anemia alude a la “falta de sangre”. Se trata de un trastorno de la salud que implica un nivel reducido de hemoglobina y, por lo general, de glóbulos rojos en el torrente sanguíneo.

Este estado de tipo patológico puede advertirse a través de un análisis de sangre. Al estudiar el fluido en un laboratorio, es posible detectar si la cantidad de hemoglobina resulta inferior a la normal. Es importante tener en cuenta que la anemia no está considerada como una enfermedad: es un signo clínico que puede aparecer por diversos motivos.

Cuando una persona tiene anemia, puede sentir que carece de fuerza y energía y que le falta el aire. Esto se debe a que la hemoglobina tiene como función principal el transporte del oxígeno hacia los distintos órganos del cuerpo, además de darles a los glóbulos su color característico. De este modo, ante la anemia, los órganos no acceden al oxígeno que necesitan para su funcionamiento adecuado.

Si bien son varias las partes de nuestro cuerpo que colaboran con la producción de glóbulos rojos, esta importante tarea se centra principalmente en la médula ósea, el tejido blando que se encuentra dentro de los huesos y que sirve para generar células sanguíneas.

La vida de los glóbulos rojos sanos tiene una duración de un mínimo de noventa y un máximo de ciento veinte días. Cuando llegan a su vejez, el organismo se encarga de eliminarlas de diferentes maneras. Es entonces que una hormona generada en los riñones denominada eritropoyetina emite una señal que llega a la médula ósea y le indica que debe crear más glóbulos rojos.

Dado que para la creación de un número aceptable de glóbulos rojos nuestro cuerpo necesita determinados minerales, nutrientes y vitaminas, entre los que destacan el ácido fólico y la vitamina B12, es correcto decir que la carencia o insuficiencia de alguno de ellos sea una de las causas de la anemia. La razón de dicha anomalía, por su parte, puede ser una de las siguientes:

* alguna alteración en el revestimiento de los intestinos o del estómago que pueda afectar el modo en el cual se absorben los nutrientes. Un ejemplo muy común es la celiaquía, una enfermedad que tiene lugar cuando el revestimiento del intestino delgado sufre un daño a causa del consumo de gluten;

* deficiencia en la alimentación. A menudo le restamos importancia a la calidad o la variedad de los alimentos que ingerimos, enfocándonos principalmente en que nos satisfagan, pero la falta de responsabilidad en este aspecto de nuestra vida es el origen de muchos trastornos, incluyendo la anemia;

* una intervención quirúrgica para realizar la extirpación de una parte de los intestinos o del estómago.

Además de la carencia de dichos nutrientes, la anemia puede surgir como resultado de la acción de algunos medicamentos, de problemas en el sistema inmunitario, de la prolongación de enfermedades tales como el cáncer o la artritis reumatoide, de trastornos en el embarazo o bien de una pérdida repentina de grandes cantidades de sangre.

La carencia de hierro es otra de las causas más habituales de anemia. En este caso, se habla de anemia ferropénica y puede deberse a hemorragias o al consumo insuficiente de alimentos con hierro. La anemia ferropénica, por ejemplo, puede aparecer en mujeres que experimentan una alteración en su ciclo menstrual.

Por sus características, la anemia ferropénica forma parte de las llamadas anemias no hemolíticas. En cambio, cuando la anemia se debe a un trastorno de la hemólisis que provoca la caída del nivel de glóbulos rojos, se la califica como anemia hemolítica.

La anemia falciforme, la anemia aplásica y la anemia megaloblástica son otros de los tipos más conocidos de esta enfermedad.

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