Medicina

Volemia: qué indica, cómo se calcula, variaciones


Volemia es un término técnico empleado en la jerga médica para referirse al volumen de sangre total contenido en el sistema cardiovascular. Es una expresión compuesta por las primeras letras de la palabra volumen y el vocablo “emia” que proviene del griego “haemia” y hace referencia a la sangre. 

La volemia puede determinarse por varios métodos y estimarse en función del peso corporal. Es importante que se mantenga dentro de cierto rango, ya que cambios importantes en su volumen pueden modificar la presión arterial o la composición de los líquidos circulantes.

El organismo posee mecanismos de regulación que se activan ante los cambios en el volumen y en la composición del volumen circulante, desencadenando mecanismos conductuales y hormonales que permiten mantener dicho volumen dentro de los rangos normales.

Los valores normales de la volemia en el hombre varían entre 70 y 75 ml/Kg de peso corporal, mientras que en de la mujer se sitúa entre 65 y 70 ml/Kg de peso corporal.

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¿Qué indica la volemia?

Aunque el significado de la palabra parece claro a partir de la definición anterior, es importante insistir en lo que el término indica, sobre todo cuando también se define como “el volumen de sangre circulante” y puede confundirse con otro término técnico médico como lo es el “gasto cardíaco”.

El gasto cardíaco es el volumen de sangre impulsado por el corazón en la unidad de tiempo. Es un concepto dinámico. Su magnitud se expresa en unidades de volumen/tiempo (L/min). Ese volumen fluye en un minuto por la totalidad de cada circuito y regresa al corazón para recircular de nuevo.

La volemia, por otra parte, es la cantidad de sangre total que ocupa el lecho cardiovascular, independientemente de que se mueva o no y del ritmo al cual se mueva. Su magnitud puede tener repercusiones hemodinámicas, pero se trata simplemente de un volumen y es más bien un concepto estático.

La diferencia se entiende mejor cuando se piensa en una persona con una volemia de 5 litros que, en reposo, mantiene un gasto cardíaco de 5 L/min, pero que con un ejercicio moderadamente intenso sube su gasto a 10 L/min. En ambos casos la volemia fue la misma, pero el gasto cardíaco se duplicó.

¿Cómo se calcula?

La volemia en una persona se puede determinar empleando métodos de estimación para los cuales se utilizan índices relacionados con el peso corporal. Aunque con procedimientos de laboratorio técnicamente más complicados puede realizarse también una medición mucho más exacta.

Con los métodos de estimación no se mide la volemia real, sino que se estima lo que debería ser el valor normal de esa variable. Se asume para ello que, en un varón adulto, la volemia debería ser (en litros) el 7% de su peso corporal (en kilos), o también que por cada Kg de peso tendrá 70 ml de sangre.

Usando el principio de dilución, se pueden emplear dos métodos para medir el volumen de sangre existente en el organismo. Con el primero se deduce directamente dicho volumen; con el segundo se miden aparte el volumen plasmático y el hematocrito y a partir de ellos se calcula la volemia total.

Para medir el volumen de un líquido usando el principio de dilución, se administra una cantidad conocida de un indicador (Mi) que se distribuya uniformemente en ese líquido; se toma luego una muestra y se mide la concentración del indicador (Ci). El Volumen (V) se calcula usando V=Mi/Ci.

En la medición directa de la volemia se inyectan glóbulos rojos marcados radiactivamente con 51Cr y se mide luego la radioactividad de una muestra. Para el segundo método se mide el volumen plasmático usando Azul de Evans o albúmina radiactiva (125I-albúmina), y el hematocrito.

En este último caso, el volumen total de la sangre (Vsang) se calcula dividiendo el volumen plasmático (VP) entre 1 – Hematocrito (Hto), expresado este como fracción de la unidad y no como porcentaje. Es decir: Vsang = VP / 1 – Hto.

Distribución

La volemia en un varón de 70 Kg de peso (7% de ese peso) estaría alrededor de 5 litros (4,9), 84% contenido en la circulación sistémica, 7% en el corazón y 9% en los vasos pulmonares. Del 84% sistémico: 64% en venas, 13% en arterias y 7% en arteriolas y capilares.

Variaciones

Aunque el valor de la volemia debe mantenerse dentro de ciertos límites (normovolemia), se pueden presentar situaciones que tiendan a modificarlo. Dichas situaciones pueden conducir a una reducción (hipovolemia) o a un incremento (hipervolemia) del volumen sanguíneo.

Hipovolemia

La hipovolemia puede producirse por pérdida de sangre completa como en las hemorragias; al reducirse el componente líquido sanguíneo por déficit de agua como en la deshidratación o por acumulación de agua en otros compartimientos líquidos distintos al intravascular.

Causas de deshidratación pueden ser la diarrea, el vómito, la sudoración intensa, el uso exagerado de diuréticos, la diabetes insípida con diuresis exagerada. La acumulación de agua en compartimientos distintos se da en el intersticio (edema), la cavidad peritoneal (ascitis) y la piel (quemaduras graves).

La hipovolemia puede acompañarse de un conjunto de síntomas de deshidratación como sed, resequedad de piel y mucosas, hipertermia, pérdida de peso y piel flácida. Otros síntomas incluyen taquicardia, pulso débil e hipotensión arterial y, en casos extremos, hasta shock hipovolémico.

Hipervolemia

La hipervolemia puede ocurrir por intoxicación hídrica cuando el ingreso de agua supera a su excreción. La retención puede ser por un tumor que secrete hormona antidiurética (ADH) en forma exagerada. La ADH induce la reabsorción exagerada de agua en el riñón y reduce su excreción.

Las insuficiencias cardíacas y renales, la cirrosis hepática, el síndrome nefrótico y la glomerulonefritis, así como la ingesta compulsiva y exagerada de líquidos en algunas enfermedades mentales o la administración exagerada de soluciones por vía parenteral son también causas de hipervolemia.

Entre los síntomas de la hipervolemia se describen los relacionados con el incremento de la tensión arterial y el edema cerebral como el dolor de cabeza, los vómitos, la apatía, alteraciones de conciencia, convulsiones y coma. Se puede acumular líquido en los pulmones (edema pulmonar).

Regulación

La volemia debe mantenerse dentro de ciertos límites considerados normales. El organismo se encuentra sometido a circunstancias normales o patológicas que tienden a modificar esos valores, pero dispone de mecanismos de control que tienden a contrarrestar esos cambios.

Los sistemas de control implican la existencia de sensores que detectan las variaciones y estructuras que coordinan las respuestas. Estas últimas incluyen la modificación de la ingesta de líquidos mediante el mecanismo de la sed y la modificación de la excreción renal de agua mediante la ADH.

Las variaciones de volumen son detectadas por receptores de presión en arterias (aorta y carótida) y en vasos pulmonares y aurículas. Si aumenta la volemia, se activan los receptores, se inhibe el mecanismo de la sed y se ingiere menos líquido.

La activación de los presorreceptores en hipervolemia inhibe también la secreción de ADH. Esta hormona hipotalámica liberada en la neurohipófisis promueve la reabsorción renal de agua y reduce su excreción. Su ausencia favorece la eliminación urinaria de agua y se reduce la hipervolemia.

Otro estímulo implicado en el control de la volemia es la osmolaridad del plasma. Si disminuye (hipervolemia hiposmolar), se inactivan osmorreceptores en el hipotálamo y se inhibe la sed y la secreción de ADH, con lo cual baja el volumen plasmático y la volemia.

La hipovolemia y la hiperosmolaridad plasmática tienen efectos opuestos a los recién citados. Se inactivan los presorreceptores y/o se activan los osmorreceptores con lo cual se dispara la sed y se secreta ADH, lo que termina con retención de agua a nivel tubular renal y la volemia aumenta.

Referencias

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  4. Persson PB: Wasser-und Elektrolythaushalt, in Physiologie des Menschen mit Pathophysiologie, 31th ed, RF Schmidt et al (eds). Heidelberg, Springer Medizin Verlag, 2010.
  5. Zideck W: Wasser- und Electrolythaushalt, in Klinische Pathophysiologie, 8th ed, W Siegenthaler (ed). Stuttgart, Georg Thieme Verlag, 2001.