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Los 3 tipos de escalada de la violencia en las relaciones de pareja


La violencia de pareja es todavía una lacra social, sobre todo la que es ejercida en las relaciones heterosexuales, realizada por los hombres hacia las mujeres. Desde luego, no es la única, pero sí la mayoritaria.

Este tipo de violencia no surge de forma repentina. Se da todo un proceso que puede ser más o menos largo, yendo desde comportamientos sutiles y socialmente aceptados como lo son los micromachismos, pasando por violencia psicológica y física y alcanzando el peor de los niveles, que es el asesinato.

A continuación vamos a ver qué son los tipos de escalada de la violencia en la pareja, destacando cuáles son los escalones del proceso y las fases de las relaciones abusivas.

¿Cómo se suele dar la escalada de la violencia en la pareja?

La violencia en la pareja es una lacra social que aún está presente en nuestra sociedad. Tradicionalmente, la violencia la suelen ejercer hombres hacia sus parejas mujeres en las relaciones heterosexuales, aunque esto no significa que no haya violencia de pareja en las relaciones homosexuales ni tampoco que sean algunas mujeres quienes la ejercen, física y psicológicamente, hacia sus novios y esposos.

Sea cual sea el caso, la violencia en la pareja no es un fenómeno repentino. De darse, los malos tratos no ocurren en forma de agresiones físicas nada más empezar la relación, sino que implica todo un proceso de progresivo aumento de la violencia. Esta escalada de la violencia en la pareja es un aumento constante de las agresiones, que se van repartiendo a lo largo del tiempo, repitiéndose, cronificándose, aumentando su frecuencia y gravedad a medida que la relación continúa.

Hablar sobre una clasificación unitaria sobre cuáles son los tipos de escalada de la violencia en la pareja es complejo, pues para empezar muchas organizaciones especializadas en este aspecto tienen sus propias propuestas a la hora de definir tipologías. No obstante, podemos identificar hasta cuatro escalones por los que ascienden los comportamientos agresivos en las relaciones heterosexuales, donde la víctima suele ser la mujer y es relativamente frecuente que se den dinámicas de ataque asimétricas, con una parte claramente dominante sobre la otra.

El primero de los escalones es muy sutil, muchas veces infravalorado todavía en la sociedad actual: los micromachismos. Estos comportamientos son considerados el caldo de cultivo para otras formas más graves e intensas de violencia hacia la mujer, siendo el primer paso que, al cabo de un tiempo, se convierte en todo un repertorio nada sutil de menospreciación y agresión hacia las féminas.

Los micromachismos son difíciles de detectar sin tener conocimiento de los mismos, pues muchos de ellos son prácticas socialmente aceptadas o expresiones “inofensivas”. Algunos ejemplos:

  • Lo femenino como algo negativo (por ejemplo, usar adjetivos en femenino para insultar a hombres).
  • “Corres como una niña”.
  • Rosa para las niñas, azul (y prácticamente cualquier color) para los niños.
  • “Las mujeres que no se depilan son unas guarras”.

Violencia doméstica

Este primer escalón no necesariamente tiene que convertirse en violencia física y psicológica hacia las mujeres, pero contribuye a ello. Incluso los hombres más aliados feministas tienen en su repertorio alguna que otra expresión peyorativa hacia las mujeres, a veces no siendo conscientes del daño que puede suponer hacia las personas de género femenino el uso de tales expresiones. Es por este motivo que se considera que una de las mejores formas de prevenir ascender al resto de escalones, los que implican formas de violencia evidente hacia las mujeres, es concienciar sobre los micromachismos.

El siguiente escalón es el de la violencia psicológica. Este goza de una mayor sensibilización en la sociedad general, aunque no tanto como la violencia física propiamente dicha. Los comentarios ofensivos, desagradables, menospreciadores hacia la pareja, presiones psicológicas, manipulaciones y otras formas de violencia verbal y psicológica inician el proceso de reducción de la autoestima de la mujer y, consecuentemente, aumento de su sumisión y miedo hacia el hombre.

Esta violencia psicológica llega un momento en que pasa a ser física, siendo el siguiente escalón. Las agresiones son más evidentes, en forma de bofetadas, coger del pelo, lanzar objetos, pegar palizas… Este es, en muchas ocasiones, el escalón último de la escala de la violencia en la pareja, pero otras veces se alcanza el peor de los escalones: la muerte violenta de la pareja.

El ciclo de la violencia: la rana hervida

En muchas ocasiones, la escalada de la violencia en la pareja es explicada con la famosa fábula de la rana y el agua hirviendo del escritor y filósofo franco-suizo Olivier Clerc. La historia es la siguiente:

“Si metemos una rana en una olla con agua hirviendo, el anfibio salta de inmediato hacia fuera y consigue escapar. En cambio, si ponemos una olla con agua fría y echamos a la rana, esta se queda ahí sin preocuparse. Acto seguido, si vamos calentando poco a poco el agua, la rana no reacciona, pues se acomoda a la temperatura hasta que, sin darse cuenta, muere hervida.”

La fábula define muy bien como suele ocurrir la violencia en la pareja. No suele empezar con una agresión física nada más al comienzo de la relación, sino con toda una serie de comportamientos que, incluso desde dentro, se ven como nimios. Posteriormente, se va aumentando la intensidad de las agresiones, pasando de los meros comentarios desagradables hasta las palizas e insultos, como hemos comentado con la descripción de la escalada en el apartado anterior.

Esto no quiere decir que no haya relaciones en donde los malos tratos comiencen con una agresión física en toda regla. No obstante, de suceder tan de forma repentina yendo directamente a la agresión física, hay más posibilidades de que la mujer denuncie. Si la violencia ocurre de forma brusca, se pide ayuda de inmediato o, como mínimo, se rompe la relación al descubrir súbitamente que no era cómo se esperaba.

Si el maltrato ocurre poco a poco, es mucho más difícil ver el problema y pedir ayuda porque, por un lado, la mujer ha normalizado la situación, y por el otro su autoestima ya ha sido tan minusvalorada, habiendo pasado por los escalones de los micromachismos y la violencia psicológica, que hasta puede llegar a considerar que se merece esos malos tratos.

Los principales tipos de escalada de la violencia en la pareja

Más que tipos de escaladas de la violencia en la pareja, vamos a centrarnos en el propio ciclo de la violencia en este tipo de relaciones. Este fue propuesto por la fundadora del Instituto de Violencia Doméstica norteamericano Lenore Walker. Con él, podemos entender cómo se produce la violencia y, también, por qué se mantiene. Las etapas o escaladas del ciclo de la violencia pueden variar en cuanto a su duración y frecuencia según el caso, pero la inmensa mayoría de casos donde hay malos tratos coinciden con los mismos:

1. Fase de acumulación de la tensión

Esta fase de la escalada se caracteriza por el desencadenamiento de conflictos dentro de la relación. Se dan episodios de enfados, discusiones, acusaciones, desprecios y actitudes hostiles, sobre todo hacia la mujer, que se repiten durante esta fase. Aquí, la mujer intenta calmar y complacer a su pareja hombre y, para ello, evita hacer cosas que le molesten.

Esta fase suele ocurrir cuando la ya tiene su tiempo y el escalón de los micromachismos ha sido superado. Aquí hablamos de que se da una violencia de tipo psicológico y la mujer ya tiene interiorizada la idea de que, si su pareja varón se enfada, es seguramente por su culpa. Su autoestima ha sido lo suficientemente reducida como para tener la creencia de que la culpa de los conflictos es suya.

2. Fase de explosión de la violencia

Aquí estalla la violencia física, el núcleo de los malos tratos propiamente dichos, aunque esto no debe entenderse como que los insultos y comentarios vejatorios no forman parte de la violencia de género. No obstante, este punto es el que más evidentemente demuestra que se está en una relación abusiva. Se producen agresiones físicas y se agrava la violencia psicológica.

Zarandeos, amenazas, golpes, empujones… y otras más agresiones físicas definen la relación. No podemos ignorar tampoco las agresiones sexuales. Forzar a la mujer a tener sexo, por muy pareja que se sea, no deja de ser una violación, una cuestión de la que en los últimos años ha ido ganando cada vez mayor sensibilidad. A este tipo de comportamiento se le llama violación en la pareja.

Es en esta fase en donde la víctima puede que pida ayuda. Esquematizando mucho todo el proceso, lo que viene a continuación puede ser una de las siguientes tres opciones. La ideal es que denuncie a su pareja, se rompa la relación y se libere de los malos tratos; la habitual es que o bien no se atreve a denunciar o se arrepiente de haberlo hecho y retira la denuncia con la creencia de que la relación mejorará; y la peor de todas es que su pareja acaba con su vida.

3. Fase de luna de miel

De darse esta fase, es clave para atrapar a la mujer en la relación de violencia. A través de la manipulación afectiva, el hombre evita que la relación llegue a su final y se gana la confianza de la víctima llegando al punto de que, en caso de que se atreviera a ponerle una denuncia, pueda llegar a retirarla.

Durante esta fase el hombre se disculpa, promete que nunca volverá a pasar y busca todo tipo de excusas e, incluso, se vale de estratagemas psicológicas que consiguen convencer a la mujer de que realmente la culpa era suya, quien acaba sintiéndose responsable de la situación. Tras las disculpas y aparente arrepentimiento del hombre, la mujer es engañada para llegar a pensar que la situación cambiará y continúa con la relación.

Concluyendo...

Las fases que acabamos de ver son las que, visto desde fuera, resultaría fácil llegar a la conclusión de que es violencia en la pareja los comportamientos que vemos en ellas. Son fases que vienen justo después de haberse subido el escalón de los micromachismos y el de la violencia psicológica más sutil, como comentarios vejatorios o desagradables sobre, por ejemplo, la apariencia física o la forma de cocinar de la mujer.

Esto es un ciclo. Las tres fases aquí explicadas se van a repetir una y otra vez hasta que, o bien la mujer consiga salir de la relación, ya sea por propia iniciativa o rescatada desde fuera o, lamentablemente, la relación acabe con que su pareja acaba con su vida. Llega un momento en el que perfectamente puede suceder que la fase de luna de miel desaparezca, no se dé en absoluto, y que los episodios violentos se conviertan en la constante.

La normalización y minimización de la violencia, la vergüenza de sentir que han sido ellas las responsables de la situación, las posibles represalias de su pareja y la culpa impide a las víctimas ver y comprender la problemática en la que se encuentran. En caso de que sí lo vean, temen dar el paso por las consecuencias que creen o que saben que podrían implicar. No se debe responsabilizar a la mujer de los malos tratos ni tampoco de que no pueda salir de la relación abusiva. La situación en la que se encuentran las mujeres y la dificultad que entraña salir de ella son muy graves y enormes.