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Paloma Rodríguez: «Aún no se ha normalizado el pedir ayuda psicológica»


¿Conoces a alguna persona a la que le dé vergüenza decir que asiste a psicoterapia? Probablemente, aunque no conozcas a nadie así, la idea de que alguien tenga esta actitud hacia esta clase de servicios no te parecerá rara.

Sin embargo, sí resultaría extraño encontrarse con alguien que no quiera admitir que alguna vez ha tenido que operarse, o que va al gimnasio, por ejemplo. ¿A qué se debe esto? A fin de cuentas, todas estas actividades tienen que ver con reforzar el propio bienestar y el estado de salud entendido en un sentido amplio.

En esta entrevista a la psicóloga Paloma Rodriguez hablaremos precisamente sobre este tema: ¿qué es y por qué surge el estigma de ir a terapia psicológica?

Entrevista a Paloma Rodriguez Calvo: el estigma de ir a terapia

La Psicóloga General Sanitaria Paloma Rodriguez Calvo es psicóloga y Directora del centro Reinventarse Crecimiento, ubicado en Bilbao. En esta entrevista nos habla acerca de la estigmatización histórica del hecho de ir a psicoterapia y el modo en el que esta se ha ido debilitando, a partir de su experiencia profesional a lo largo de los años.

¿De dónde crees que ha surgido, históricamente, el estigma asociado a quienes iban al psicólogo?

Creo que el estigma de ir al psicólogo surge, sin ninguna duda, a raíz de la imagen distorsionada que se ha presentado a lo largo de las últimas décadas de la salud mental sumado a la falta de información e importancia persistentes en este ámbito a lo largo del tiempo.

Según esta imagen tradicional, una persona que necesitaba ayuda psicológica es alguien que se ha vuelto “loco” o “enfermo” perdiendo la cabeza y necesitando un internamiento en un psiquiátrico, o un individuo con problemas lo suficientemente trágicos y dramáticos que le mueven a acudir a terapia como último recurso porque ya no existía otra opción que les ayude a calmar su malestar.

Esta imagen nos ha llegado a través de películas e historias de ficción que se han nutrido de momentos de la historia de la psicología en la que esta ciencia acababa de despegar en el ámbito científico, como son las primeras teorías psicoanalíticas o en las partes de la psicología más esotéricas que nada o poco tienen que ver con la realidad de la psicoterapia actual.

Por lo que has visto, ¿hoy en día ese estigma sigue estando muy presente en nuestra sociedad?

El estigma sigue presente, aunque hemos de reconocer que poco a poco se está rompiendo, pero sigue arraigado a la sociedad actual. Todavía se oyen comentarios tanto entre personas jóvenes como adultas del tipo: “Estás chalado”, “Estás de psicólogo/pisquiatra”, “Tú estás mal de la cabeza”... Comentarios aparentemente inofensivos que hacemos de forma inconsciente y parecen no tener ninguna relevancia pero que siguen perpetuando el estigma de pedir ayuda psicológica porque se sobreentiende que ésta es para personas que están “locas”.

Hoy en día aún no se ha normalizado el pedir ayuda psicológica, probablemente por la falta de visibilidad e importancia que se ha dado a este ámbito a lo largo del tiempo y por la presente carencia generalizada de educación emocional.

Por suerte el estigma empieza a romperse. Cada vez son más las personas que hablan con libertad de la salud psicológica y emocional como una parte importante y fundamental de nuestra salud; si consideramos ésta de forma integral (según la Organización Mundial de la Salud, la salud integral es el estado de bienestar físico, emocional y social de un individuo). No obstante, aún queda mucho trabajo que hacer en cuanto a la normalización y el acceso de la población a recibir este tipo de ayuda.

¿Qué implicaciones tiene para la salud mental de la población que algunas personas sientan vergüenza ante la posibilidad de ir a terapia?

Si las personas tienen vergüenza de pedir ayuda, no van a solicitarla, es muy sencillo. ¿Qué ocurre? Que la necesidad de ayuda psicológica presente en la población se niega, por lo que no puede ser solventada puesto que la vergüenza supone la no demanda de la misma. Si la demanda no se lleva a cabo, no se invertirá en ofrecer los recursos necesarios que esa población necesita para su salud mental.

La vergüenza ante la posibilidad de ir a terapia no es solo responsabilidad de los que la sienten, sino también de toda la población que perpetúa la idea de que tenemos que estar siempre bien y que, si estamos mal psíquica o emocionalmente, deberíamos poder resolverlo solos.

El uso de comentarios invalidantes del hecho de pedir ayuda solo nos lleva a una población que pretende estar siempre feliz y contenta pero que sufre en silencio y no tiene los recursos para cuidar de su salud psicoemocional, cuando lo conveniente sería buscar un apoyo profesional que le beneficiase en este sentido.

¿Crees que si la población estuviera más informada acerca de lo que es la psicoterapia, este sería un tipo de servicio totalmente normalizado en todas las capas de la sociedad? ¿O la cantidad de información no influye en esto, y se trata de un fenómeno más bien irracional?

No tengo dudas de que si existiese más información acerca de la psicoterapia se normalizaría mucho más, pero creo que no vale solo con la información. También es necesario dar visibilidad y accesibilidad a este recurso.

Es decir, dar información a la población y mostrar la normalidad de las personas que acuden a terapia y, a mayores, aportar una mayor facilidad de acceso a la población. Todo esto: la información, la visibilidad y la accesibilidad ayudarían a integrar un nuevo paradigma en el que la psicología toma la importancia que se merece y se rompe con las viejas creencias irracionales que nos paralizan a la hora de pedir ayuda.

En otros ámbitos de la salud, como en el médico, las personas no tienen dudas sobre qué hacer cuando les duele el pie o la cabeza. Sin embargo, cuando tratamos de temas psicológicos o emocionales, existen muchas dudas de si la terapia psicológica será la solución y de cómo realmente funciona un acompañamiento psicológico.

Desde mi perspectiva existe una falta de información no sólo sobre la ciencia de la psicología sino también sobre qué es la terapia psicológica y lo más importante, cuáles son las razones que nos pueden llevar a acudir a terapia o por las podemos plantearnos pedir ayuda psicológica, ya que como mencioné anteriormente se tiende a creer que la psicoterapia es sólo para aquellos ya “desquiciados” o completamente perdidos.

Por eso, informar desde ahí debería ser la prioridad de quien aboga por una salud integral que no deja de lado la parte psicoemocional del ser humano, tan importante para su bienestar.

Debido a la gran falta de información, la terapia psicológica sigue estando estigmatizada y parece algo misterioso. No obstante, no es solo la falta de información lo que evita que las personas acudan a pedir este tipo de apoyo. No debemos olvidar la parte irracional del ser humano a la que le cuesta pedir ayuda porque parte de la idea de que “solos podemos con todo”; sin embargo, los datos sobre la alta incidencia de trastornos psicológicos en la población actual como depresión y ansiedad evidencian que efectivamente no podemos con todo y nos demuestran que, quizá, la psicoterapia puede ser una gran aliada.

¿Dirías que en las nuevas generaciones de gente joven se asume con normalidad que toda persona puede necesitar, eventualmente, apoyo psicológico profesional?

Desde mi punto de vista creo que la población jóven y las nuevas generaciones están mucho más preparadas y abiertas a aceptar la salud mental como una parte fundamental para su bienestar, lo que ayuda a su normalización. Pero tristemente, todavía no se asume con absoluta normalidad el acudir a terapia psicológica.

Las generaciones jóvenes están más familiarizadas con la psicología y sus grandes beneficios en comparación con la población más envejecida, pero la falta de información sobre la salud mental también incluye a este segmento de la población y sigue apareciendo una gran reticencia a buscar apoyo psicológico por parte de los jóvenes e incluso entre los que se sigue perpetuando la idea de que la psicoterapia es sólo para cuando ya estás muy mal, muy mal y no hay otra cosa que pueda ayudarte.

Es verdad que la población adulta-joven es la que más presente tiene el hecho de que cualquiera puede necesitar este tipo de apoyo en un momento dado de su vida y lo ve como algo normal. No obstante, cuando un joven pide ayuda psicológica existe una tendencia generalizada a que les dé vergüenza compartirlo con sus iguales, algo que demuestra que aún queda mucho trabajo por hacer incluso en este segmento de la población.

¿Qué podéis hacer los psicólogos especializados en atender pacientes para contribuir a que este proceso de normalización de la psicoterapia se acelere y cale en todos los ámbitos de la sociedad?

Lo primero que debemos hacer es educar a aquellos que tenemos alrededor en la normalidad de acudir a terapia, es decir, alentar a nuestros compañeros y amigos a pedir ayuda cuando sentimos que podría ser beneficioso para ellos. Esto puede parecer una cosa pequeñita, pero sin embargo, poco a poco la idea se expande ayudando a que más personas entiendan que dejarse acompañar por un psicólogo es algo realmente muy positivo y beneficioso para la salud.

En segundo lugar, desde una postura más profesional, necesitamos romper con la imagen surrealista y misteriosa que se ha creado de la psicoterapia. Para ello es importante facilitar información de calidad sobre la psicología de manera sencilla y comprensible, rompiendo con términos complicados a la hora de hablar con la población general para que la terapia deje de entenderse como algo muy medicalizado, pensado exclusivamente para personas con trastornos claramente diagnosticables y/o “enfermas”. Es decir, presentar la terapia como el recurso accesible para cualquiera que pueda beneficiarse de un apoyo psicoemocional y quiera mejorar en esta parte de su vida.

Como psicoterapeutas necesitamos adaptarnos a los cambios y a las demandas actuales de la población, continuar nuestra labor para dar cada vez más visibilidad a este ámbito y reclamar nuestro espacio como profesionales de la salud en los centros dedicados a velar por la salud de los ciudadanos (hospitales, ambulatorios etc…).