Tópicos Terapia Profesión

¿Cómo debe ser la relación entre psicólogo y paciente?


El proceso de la psicoterapia es, sobre todo, una dinámica que se establece entre el psicoterapeuta y el o los pacientes.

Sin embargo, eso no significa que se trate simplemente de una conversación; más allá de las palabras del diálogo, hay algo más: una relación terapéutica que permite que se establezca algo así como un entrenamiento. El psicólogo "entrena" al paciente en nuevas formas de comportarse, de sentir y de pensar.

Ahora bien... ¿cómo debe ser la relación entre psicólogo y paciente? En este artículo vamos a hacer un breve comentario al respecto.

La relación entre el psicólogo y el paciente: principales requisitos

Si bien aún hoy en día acudir al psicólogo es una acción relativamente poco habitual y aún ligeramente estigmatizada para parte de la población, afortunadamente va siendo cada vez más frecuente que cuando una persona padece algún tipo de problema psicológico acuda a ayuda profesional. A través de la interacción, profesional y usuario establecen un vínculo a través del cual poder trabajar.

Dicho vínculo al que se aspira en terapia, llamado a veces "rapport", debe ser trabajado a lo largo del tiempo con el fin de poder ofrecer un servicio óptimo.

Entendemos por relación terapéutica al vínculo de tipo profesional que se forja entre terapeuta y paciente y que va dirigida a tratar uno o más aspectos o problemas concretos que dificultan la calidad de vida del paciente o de su entorno y que el primero quiere cambiar. Este relación debe estar basada siempre en el respeto mútuo, y especialmente centrada en la figura del paciente o usuario.

Si la relación terapéutica es positiva, se facilita la consecución de los resultados independientemente de la técnica a emplear, el sujeto no se siente confundido y comparte con facilidad sus pensamientos y emociones con el profesional y promueve la disposición al cambio. Se busca generar un clima y un entorno en que el paciente pueda sentirse protegido.

A nivel de terapeuta, es necesario manifestar cierto nivel de proximidad en la que el sujeto pueda llegar a sentirse aceptado y escuchado. La presencia de empatía y cordialidad en el profesional también ayudan. Asimismo la autenticidad también es relevante: la capacidad de ser uno mismo y responder de manera sincera a las preguntas que se generen en consulta. Por último, cabe destacar la ausencia de juicio hacia el paciente, la escucha activa, el interés por el otro y la búsqueda de su bienestar como elementos básicos de esta relación.

Una ayuda profesional

Hay que tener en cuenta una cosa: un psicólogo es un profesional que está ofreciendo un servicio y que está cobrando por ello. Ello implica que estamos en medio de una relación de tipo profesional, en la que si bien es inevitable y es deseable que aparezca cierta vinculación o incluso afecto no debemos confundir dicho vínculo con otro tipo de relaciones. Así, la relación entre psicólogo y paciente no es ni de amistad ni de otro tipo que no sea profesional.

Si esto es así es por un buen motivo: la relación entre ambas personas busca que el paciente logre solventar una problemática que no se ve capaz de resolver por sí mismo, y precisa de una ayuda profesional en la que el psicólogo debe ser objetivo por tal de buscar una vía que permita lograr el bienestar del paciente. Asimismo, una de las partes tiene toda la información sobre la otra mientras que esta segunda no sabe prácticamente nada de la otra.

Transferencia y contratransferencia

Dos de los conceptos más famosos y a la vez más importantes en lo que respecta a la relación entre psicólogo y paciente provienen del psicoanálisis, siendo estos los términos transferencia y contratransferencia.

La transferencia hace referencia a la proyección por parte del paciente de los patrones de comportamiento, crianza, afecto o deseo que sintió hacia otra persona en la figura del terapeuta. Si bien la transferencia en sí es hasta cierto punto positiva ya que permite exteriorizar dichas informaciones, lo cierto es que llevado al extremo puede hacer llegar a pensar en la existencia de fuertes sentimientos que no pueden verse correspondidos debido al tipo de relación que ambas personas poseen. Dicho de otra manera, puede considerarse la transferencia como el conjunto de reacciones que genera el terapeuta en el paciente.

La transferencia es entendida como un elemento positivo que nos permite trabajar diversas temáticas que de otro modo podrían no surgir. Sin embargo hay que valorar que la transferencia también puede llevar a la aparición de sentimientos excesivamente intensos hacia el terapeuta, hasta el punto de surgir enamoramientos u odios. Estos deberán ser trabajados en terapia.

Por otro lado podemos encontrar la contratransferencia, o el** conjunto de emociones y sentimientos que el paciente puede llegar a despertar en el terapeuta**. Aunque evidentemente va a aparecer cierta contratransferencia en la mayoría de procesos terapéuticos, el profesional deberá ser capaz en primer lugar de identificar estas emociones y posteriormente actuar de la manera más objetiva posible, y en caso necesario debería derivar al paciente. Esta contratransferencia suele ser valorada como negativa, puesto que limita la objetividad del psicólogo y puede generar un efecto en la propia relación terapéutica.

Nivel de directividad

Uno de los elementos a valorar de la relación que se da entre psicólogo y paciente es el del nivel de directividad del primero en la sesión. El psicólogo es un profesional que se ha formado durante años en el ámbito de la psique humana y sus alteraciones, poseyendo amplios conocimientos respecto a los patrones de comportamiento, pero ello no implica que vaya a decirnos simplemente qué es lo que debemos hacer. Habrá ocasiones en que un psicólogo sea más directivo e indique de manera más clara las pautas a seguir en la intervención, mientras que en otras el papel será más pasivo, actuando como guía que conduzca al paciente a encontrar sus propias respuestas.

No hay un modo de actuar más válido que otro a nivel universal, sino que ello va a depender del paciente, su problemática y su personalidad, así como también del nivel de colaboración entre psicólogo y paciente o de los objetivos de la intervención. Habrá perfiles de pacientes que requieran de una u otra manera de actuar. Por lo general, en la actualidad se pretende favorecer la autonomía del paciente y que éste sea capaz de hallar sus propias respuestas.

Valorando el lenguaje

Otro aspecto a tener en cuenta es el lenguaje que utilizamos. Hay que valorar que los psicólogos van a tratar con una gran cantidad de personas de muy distintas procedencias y niveles educativos. Por ello es necesario adecuar el lenguaje para que resulte comprensible por parte del paciente, haciéndolo de manera natural.

Asimismo el uso de tecnicismos puede ser algo que refleje conocimientos por parte del profesional, pero hemos de recordar que el paciente está en consulta buscando solucionar un problema y no admirar nuestro nivel cultural.

Un alma humana tocando otra alma humana

Si bien es importante tener claro que la relación entre psicólogo y paciente es un vínculo de tipo profesional, dado en un contexto terapéutico y en el que el psicólogo debe ser objetivo, ello no implica caer en un error relativamente frecuente: la frialdad.

No es extraño que muchos profesionales, especialmente si acaban de empezar aunque ello no es necesario, mantengan una actitud ligeramente distante y piensen y se manifiesten únicamente en términos de tratamiento o centrados en el problema. Pero aunque la intención que muchos de ellos tienen es hacer una separación que no confunda al paciente entre lo que es relación profesional y personal, un excesivo distanciamiento provoca que este tenga mucho más difícil sentirse comprendido por el profesional e incluso confiar en él.

Y es que no hay que perder de vista que la base principal de todo buen tratamiento, uno de los principales elementos de cualquier tipo de terapia, es el establecimiento de una buena relación terapéutica.

Sentirse entendido y valorado por el profesional es algo que ya por sí mismo es terapéutico, y debe ser favorecido por ambas partes. Una actitud abierta y cercana, que refleje aceptación incondicional hacia el paciente y una escucha activa de lo que comenta y le preocupa son de hecho algunos de los aspectos que más cercanía y a su vez que más productivos son de cara promover un cambio en el paciente. Tampoco olvidemos que quien se hace psicólogo lo hace porque quiere ayudar a los demás a que puedan vivir su vida sin limitaciones y sin un sufrimiento excesivo que permita una vida normal.

Dudas sobre la relación terapéutica

Como ya se sabe, a la consulta de un psicólogo acuden una gran cantidad de personas con diferentes problemáticas. El profesional de la psicología va a intentar dar respuesta a las demandas que le lleguen en las cuales se vea competente, procurando en lo posible resultar una ayuda útil para la resolución de las problemáticas, tanto expresadas como no, por los cuales se le consulta (derivando a otros profesionales en caso de no verse competente). Sin embargo, es frecuente que aparezcan dudas en los pacientes debido a la incomprensión de algunos elementos propios de la terapia psicológica.

A continuación veremos una serie de problemas y dudas que algunas personas han tenido con respecto a la consulta con un profesional de la psicología.

1. Cliente vs Paciente: ¿qué soy?

Si bien generalmente los psicólogos tienden a hablar de las personas que acuden a él como pacientes, tampoco es inusual que se refieran a ellos como clientes o usuarios. Algunas personas pueden interpretar esta denominación como extraña, pero esta cuestión tiene fácil explicación. A nivel etimológico se considera paciente a aquel sujeto que padece un mal y que requiere de una actuación externa que solucione su problema. En este procedimiento el sujeto es un ente pasivo que recibe la solución a su problema.

Sin embargo, en psicología los individuos que acuden a consulta van a tener que hacer una serie de esfuerzos conductuales y cognitivos si quieren resolver sus problemas, siendo el psicólogo una guía o ayuda para lograr este fin pero manteniendo siempre el individuo un papel activo en su recuperación. Es por ello que algunos profesionales prefieren llamar a las personas que llegan a su consulta clientes o usuarios antes que pacientes.

Se trata únicamente de una forma de referirse a quienes acuden a consulta, y ya sean llamados pacientes, clientes o usuarios en la práctica los procesos y funcionamiento de la terapia y sesiones van a ser los mismos (siendo las principales variaciones metodológicas las debidas a las diferentes corrientes que existen en la psicología).

2. Falta de respuesta confortadora ante expresiones emocionales

Este aspecto, si bien puede ser tomado por insensibilidad por parte del terapeuta no tiene por qué serlo. Hay que tener en cuenta que el psicólogo debe procurar ser objetivo y observar desde cierta distancia la situación con el fin de poder ayudar al paciente de la forma más eficiente, si bien es cierto que el profesional debe establecer una relación de confianza con la persona que llega a la consulta de manera que esta pueda llegar a hablar con sinceridad.

Además cortar la expresión emocional del paciente puede ser contraproducente, puesto que los estados emocionales alterados pueden permitir focalizar la atención en el motivo subyacente a ellos y despertar la comprensión el propio paciente de fenómenos que anteriormente ignoraba.

Asimismo, también hay que tener en cuenta que a lo largo del día un profesional de la psicología ve múltiples casos de gente con problemáticas muy diversas, con lo que debe saber poner una distancia emocional con sus pacientes con el fin de que su vida personal y su propia psique, además de las de pacientes posteriores, no se vean afectadas.

Sin embargo, es cierto que algunos profesionales intentan tener este tan en cuenta que aparentan cierta frialdad, cosa que a su vez puede resultar contraproducente al no sentir el paciente que sus emociones son legítimas. Hay que recordar que el psicólogo trata con personas.

3. El que más habla soy yo

Es frecuente que muchos psicólogos esperen un tiempo relativamente prolongado de tiempo antes de hablar, habiendo algunos silencios incómodos en las sesiones. Estos periodos de silencio tienen como objetivo que el paciente tenga tiempo de elaborar su discurso y se atreva a expresar ideas que con un periodo más corto no relataría. Así, se pretende que éste explore y declare los pensamientos que se le vienen a la mente con respecto a las cuestiones anteriormente planteadas, por muy absurdas que él/ella crea que puedan sonar. Esto puede reflejar contenidos de gran importancia para el tratamiento.

También permiten la reflexión del profesional sobre las metodologías más útiles a aplicar según la información que el paciente vaya relatando, reestructurando lo que sabe del individuo en cuestión y logrando una comprensión más profunda del caso.

Hay que tener en cuenta también que el nivel de directividad del profesional varía según la corriente teórica que siga. A pesar de ello es requisito fundamental que el profesional tenga una escucha activa respecto a lo que el paciente le cuenta.

4. Mi psicólogo me indica cosas que no son las que le consulto

Esta cuestión aparece en muchos casos como una de las cuestiones que los pacientes/clientes/usuarios menos entienden. Es frecuente que el paciente explique un problema a un terapeuta y este lo vincule con algo que aparentemente es secundario para el primero.

En estos casos es posible que el terapeuta haya considerado que el problema por el cual se consulta sea debido a otro fenómeno que es tenido como de menor importancia por el paciente. De este modo, se pretende trabajar la causa subyacente al problema referido, intentando atacar su posible causa de forma más directa.

5. La terapia me es desagradable

Este aspecto puede ser altamente conflictivo. Muchas personas llegan a consulta con un problema determinado del cual tienen un punto de vista concreto. Sin embargo, las actuaciones que puede aconsejar el profesional pueden chocar con las expectativas que el usuario tuviese, pudiendo resultarle alguna de las proposiciones adversas y contrarias a sus deseos.

Es necesario tener en cuenta a pesar de que algunas de las recomendaciones de los profesionales puedan resultar poco agradables para el que las recibe, el terapeuta va a intentar siempre encontrar el mejor método posible o el que haya demostrado mayor utilidad en la mayor parte de los casos para contribuir a solucionar su problema. Ejemplos de ello son terapias como las de exposición en vivo en casos como fobias, que si bien pueden despertar rechazo en los pacientes se han revelado como tratamientos de elección con un elevado porcentaje de éxito.

6. Mismo problema, tratamiento diferente

Existe una gran cantidad de corrientes teóricas en psicología, variando el enfoque y las técnicas que se emplean (si bien suele haber un gran eclecticismo). Además cada persona tiene una vida, circunstancias e incluso configuraciones cerebrales diferentes.

De este modo, lo que para un paciente puede ser un tratamiento efectivo desde el primer momento, en otros casos puede ser inefectivo e incluso perjudicial según el caso. El profesional va a tratar de adecuar lo máximo posible el tratamiento a las circunstancias particulares de su usuario/cliente/paciente de forma que sea lo más efectivo posible, teniendo siempre en cuenta qué tratamientos suelen ser más efectivos y variando de estrategia en caso de no resultar funcional.

7. La terapia psicológica no me sirve

Muchos pacientes llegan a esta conclusión después de algunas sesiones de terapia. Lo cierto es que generalmente es necesario un cierto tiempo para que las terapias hagan un efecto consistente. Además, hay que tener en cuenta que el psicólogo no va a hacer que los problemas desaparezcan. Se trata de una ayuda profesional que nos orienta y facilita la superación de las problemáticas, pero no sin que sea necesario un esfuerzo propio para lograr el cambio.

Sin embargo, si teniendo todo ello en cuenta y pasado un periodo de tiempo relevante la terapia no se ve efectiva, resulta fundamental comunicárselo al psicólogo. De esta manera el profesional puede despejar las dudas que el paciente pueda tener el respecto, variar el enfoque terapéutico (es necesario recordar que la configuración de cada psique es diferente y que lo que a algunos les resulta útil para superar un problema no lo es para otros) o bien derivar a otro profesional con una perspectiva diferente del problema que pueda resultar más adecuada al caso.

Del mismo modo también hay que tener en consideración que el profesional ha de poder conocer los pensamientos y los sucesos que el paciente vive. La ocultación de datos que puedan resultar útiles de cara a la recuperación del paciente o cliente puede dificultar en gran medida que el profesional pueda elaborar una estrategia útil para tratar los problemas referidos en consulta.

Además, el cumplimiento o incumplimiento de las tareas y desafíos que el profesional indique y la generalización a la vida cotidiana de las indicaciones profesionales (que pueden resultar difíciles de llevar a cabo), va a permitir que el paciente avance o no en su recuperación, pudiendo haber grandes diferencias en la consecución de los resultados deseados.

Conclusión

A lo largo de este artículo se han intentado despejar algunas de las dudas y malentendidos que algunos pacientes presentan con respecto a los profesionales de la psicología. La consulta de un psicólogo es un espacio de guía, ayuda y tratamiento de muy diversas problemáticas. Un buen profesional va a intentar hacer lo mejor para su paciente y que este mejore y se recupere.

Sin embargo ello no quiere decir que en todos los casos las dudas de los pacientes se deban a desconocimiento o a malentendidos. Como en todas las profesiones, existen individuos con mayor o menor habilidad en el ejercicio de sus funciones, así como también casos de mala praxis profesional.

Referencias bibliográficas:

  • Norcross, J.C. (Ed.). (2002). Psychotherapy relationships that work. OUP.
  • Rogers, D. (2015). Further Validation of the Learning Alliance Inventory: The Roles of Working Alliance, Rapport, and Immediacy in Student Learning. Teaching of Psychology. 42 (1): pp. 19 - 25.
  • Spencer-Oatey, H. (2005). (Im)Politeness, Face and Perceptions of Rapport: Unpackaging their Bases and Interrelationships. Politeness Research. 1(1): 95 - 119.
  • Wierzbicki, M.; Pekarik, G. (1993). A meta-analysis of psychotherapy dropout. Professional Psychology: Research and Practice. 24(2): pp. 190 - 195.