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Terapias Neurocientíficas: una revolución en la psicoterapia


Cuando hube acabado de impartir mi clase en la facultad de Psicología, se me acercaron algunos alumnos para preguntarme acerca de un tipo de terapias que había mencionado en mi presentación: las Terapias Neurocientíficas.

Les comenté que se trata de una forma de terapia que aprovecha las últimas investigaciones en neurociencias. A continuación, añadí que son opciones terapéuticas que ayudan a superar fobias, trastornos de ansiedad, trastornos de estrés postraumático y estados de tristeza, entre otros, de una forma rápida, profunda, efectiva y permanente en el tiempo.

Sus caras mezcla de sorpresa y de incredulidad lo decían todo:

"¿Y por qué no hemos oído hablar de ellas?"

A tal pregunta respondí que son terapias que se encuentran ahora mismo en expansión y que cada vez se están dando más a conocer. Las Terapias Neurocientíficas empezaron en la década de los 80 con el “EMDR” (Desensibilización y Reproceso por el Movimiento de los Ojos) y ha sido recientemente, en la primera década del siglo XXI, cuando se han ido popularizando.

A partir de ese punto, las preguntas de los alumnos se fueron sucediendo una detrás de otra.

¿Cómo se trabaja en las Terapias Neurocientíficas?

En el EMDR, por ejemplo, se trabaja emulando los movimientos rápidos de los ojos. Cada noche cuando dormimos entramos en una fase de sueño profundo (la fase REM) en la cual movemos los ojos a gran velocidad mientras soñamos. Este mecanismo es totalmente natural y es una manera que tiene el cerebro de reprocesar, o de reducir e incluso eliminar el estrés vivido a lo largo del día o en otros momentos de nuestras vidas. De ahí uno de los beneficios de poder dormir correctamente.

Basándose en estos conocimientos, el terapeuta EMDR aplica una serie de sets o movimientos horizontales con los dedos, mientras que el paciente los sigue con la mirada. Al estar pensando en un suceso perturbador o estresante al mismo tiempo que se mueven los ojos a gran velocidad, la amígdala se activa de una manera que produce una reducción del estrés, lo cual puede hacer que la emoción negativa se transforme en otra positiva, como por ejemplo en tranquilidad o en aceptación.

¿Pero todo esto es científico?

Esta pregunta, formulada por uno de los alumnos, me dio pie a explicar que, por ejemplo, el EMDR es una de las terapias neurocientíficas más extendidas y estudiadas en el mundo. También es cierto que es una de las primeras que aparecieron. En nuestro país hay hospitales que la tienen integrada dentro de sus protocolos de actuación. Por ejemplo, en el Hospital Clínic de Barcelona, en la unidad de agresiones sexuales, es la terapia que más se usa para ayudar a las personas a superar sus traumas y todo el estrés que han sufrido.

A medida que les contaba más datos sobre estas terapias, sus caras empezaban a indicar una mayor comprensión y receptividad.

¿Existen más Terapias Neurocientíficas?

Sí. En la actualidad hay cuatro terapias principales, y cada vez se están creando nuevas. Por ejemplo, existe el Coaching Wingwave, que es una terapia que permite ir al origen del trauma o de la perturbación. Con un test kinesiológico, llamado Test O-Ring, podemos descubrir el inicio de la problemática. La gran mayoría de bloqueos, traumas, fobias y creencias limitantes se encuentran en la etapa de la impronta, desde el nacimiento hasta los 6 o 7 años. Cuando trabajamos la raíz del problema estamos liberando una gran tensión y permitiendo desbloquear mucha carga emocional negativa.

También se engloba dentro de las Terapias Neurocientíficas el llamado Brainspotting, el cual permite detectar los Brainspots o puntos oculares de acceso a la experiencia. Cuando alguien ha sufrido un trauma y empieza a relatarlo, sus ojos se sitúan en un punto en el espacio. Esta posición de la mirada no es aleatoria, sino que se trata de una ventana para poder acceder al recuerdo. A partir de los Brainspots, la persona puede volver a conectarse con aquella experiencia pero sintiéndose como un espectador, lo que le permite estar tranquilo/a mientras piensa en el suceso. Esto facilita que la situación pierda intensidad e incluso que pueda incorporar recursos positivos al acontecimiento.

Las TIC (Terapias de Integración Cerebral), se basan en la idea de que cada uno de nuestros hemisferios procesa la información de una manera distinta. El hemisferio derecho es más emocional y el izquierdo es más racional. Cuando vivimos una situación traumática, como por ejemplo la muerte repentina de un familiar y sufrimos un duelo complicado o patológico, puede ser que uno de nuestros hemisferios se encuentre desbordado. Mediante la estimulación bilateral, tapando un ojo y otro alternativamente, facilitamos que los dos hemisferios se conecten. Cuando esto ocurre los niveles de tensión y ansiedad se reducen y somos capaces de pensar en aquel acontecimiento con paz y serenidad.

¿Entonces, se puede hacer que alguien no le tenga miedo a nada?

Sería posible ayudar a una persona a superar sus fobias y bloqueos, pero no hay que perder de vista que no tener miedo a nada es poco adaptativo.

Mi ética profesional me impediría reprocesar el miedo a hacer algo que pusiera en riesgo tu vida. Lo que sí que permiten estas terapias es ayudar a que personas que, por ejemplo, llevan mucho tiempo con una fobia como subirse a un coche, a un avión o a un ascensor, puedan en un margen de 1 a 4 sesiones realizar aquello que temen. En estos casos sí que puede ser adaptativo eliminar el foco del miedo, ya que la persona realmente necesita realizar tales acciones para poder llevar una vida normal.

¿Y los cambios son permanentes?

Totalmente. Los cambios se mantienen en el tiempo porque trabajamos desde el origen y pasando por cada uno de los recuerdos alimentadores (otros sucesos traumáticos que han añadido emociones negativas), de tal manera que la persona ha reprocesado o transformado todas las emociones negativas por emociones positivas.

Llegados a este punto, los alumnos me dijeron que estas terapias no se las habían enseñado en la facultad, pero que estaban con ganas de conocer más sobre ellas.

Al final el conocimiento avanza al igual que lo hace la sociedad, y cada vez las neurociencias están más presentes en todos los ámbitos de nuestras vidas. No es magia, es ciencia.