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Ansiedad por rendimiento sexual: causas, síntomas y qué hacer


Es común que las personas tengan en alguna ocasión un "percance" durante sus relaciones sexuales, sin que exista ninguna causa física que pueda dar cuenta de ello.

No obstante, la extrema presión que podemos proyectar sobre cómo deberíamos rendir en la cama genera, sobre todo en situaciones como la señalada, sentimientos muy difíciles que se etiquetan bajo el epígrafe general de ansiedad por rendimiento sexual.

En el presente artículo describiremos qué es exactamente este problema de salud, por qué motivos suele producirse y cuáles son algunas de las estrategias más adecuadas para lidiar con él.

Ansiedad por rendimiento sexual

La ansiedad por rendimiento sexual suele ser el resultado de una imposición extrema para el desempeño en esta área. Si bien es cierto que es normal sentirse ligeramente ansioso ante la inminencia de un encuentro de este tipo (muy en especial cuando se está conociendo a una persona nueva), la preocupación en este caso es mucho mayor de la previsible y se extiende hasta condicionar los procesos fisiológicos de los que la sexualidad depende.

Así, es común que quienes la sufren durante demasiado tiempo se acaben quejando de dificultades eréctiles o de un orgasmo demasiado rápido, breve o sutil.

Un porcentaje muy significativo de personas con ansiedad por rendimiento sexual viven de forma aprensiva las expectativas de tener un encuentro íntimo con su pareja, o dudan de su capacidad para proporcionarle placer. Todo se acentúa cuando en el pasado han concurrido situaciones de "bloqueo" que no pudieron ser resueltas con acierto, y que forjaron las dudas que ahora atenazan la sexualidad. En este castillo de naipes emocional, la última carta en caer es la autoestima y el deseo, que pueden quedar oscurecidos por la culpa e inseguridad.

¿Por qué ocurre?

Una de las causas más habituales por las que emerge la ansiedad por rendimiento sexual es la creación de falsas expectativas sobre lo que el sexo debe ser, a menudo como resultado de integrar una imagen idealizada sobre cómo los acontecimientos han de desplegarse durante el desarrollo del mismo. La visión negativa del cuerpo también puede contribuir de una forma muy importante (creencia de que el pene es demasiado pequeño, de que la silueta es en algún punto desagradable o de que el pecho carece de belleza estética).

Todo ello genera una anticipación ansiosa de la experiencia, que puede extenderse durante muchos días antes del momento previsto para que suceda. También es enormemente común que surjan pensamientos desagradables en el mismo instante en el que está pasando ("no soy capaz de hacer esto", "estoy haciendo el ridículo", "espero que no se esté fijando en tal o cual parte de mi cuerpo", "tengo que hacerlo con más intensidad", "no está disfrutando en absoluto", etc.), que desvían la atención de las propias sensaciones e interfieren en la respuesta sexual (imposibilitan o aceleran el orgasmo, alteran la erección o la lubricación, etc.).

También los estresores en otras áreas (como el trabajo, los estudios, etc.) pueden aumentar la ansiedad por rendimiento sexual, siendo un supuesto que requiere del aprendizaje de formas de relajación específicas. En aquellos casos en que el problema se mantenga, puede ser muy importante consultar con un especialista en este ámbito del conocimiento para buscar soluciones concretas.

¿Qué puedo hacer?

A continuación se presentan varias claves útiles para mediar en este problema de ansiedad en el caso de que se presente. Se orientan tanto al refuerzo del vínculo con la pareja como al desarrollo de estrategias más concretas para minimizar su intensidad e impacto.

1. Comunícate con tu pareja

La sexualidad es una forma extraordinaria de comunicación, en la que están implicadas algo más que simples palabras. Las caricias, besos y abrazos que forman parte del contacto con la otra persona son muy importantes; puesto que facilitan la producción central de oxitocina, una hormona vinculada a emociones positivas (como la alegría) y que contribuye a fortalecer el vínculo. Es crucial entender el sexo, pues, como un diálogo en el que los cuerpos toman la palabra.

Esculpir una confianza sólida con la pareja es clave, pues durante las relaciones sexuales permitimos su acceso a las zonas del cuerpo limítrofes con nuestra última frontera: la piel. Todo ser humano tiene alrededor un espacio invisible de seguridad, que únicamente puede ser cruzado por aquellos con los que se siente completamente seguro. De hecho, si existe un conflicto irresoluto entre dos personas, es muy probable que el roce genere un rechazo que interfiera en el deseo mismo; siendo esta una causa que puede contribuir a la ansiedad por rendimiento sexual.

2. Oriéntate hacia los aspectos más sutiles de la sexualidad

Es bastante común que las personas que sufren ansiedad por rendimiento sexual estén particularmente orientadas a llegar al orgasmo durante sus relaciones, obviando el proceso de interacción que finalmente desemboca en él, donde se despliega el deseo en su máxima expresión. Esta perspectiva hace del sexo una actividad mecánica y aburrida, que restringe el placer a apenas unos pocos segundos, los que median entre el inicio y el final del propio orgasmo.

Una recomendación útil para quienes padecen este problema es buscar relaciones sexuales en las que se haga un particular énfasis en los aspectos sutiles, incluyendo los preliminares y el sencillo contacto de piel con piel. Puede ser interesante, de hecho, mantener encuentros en los que no se contemple la penetración, y en los que se estimulen conscientemente los distintos sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto). Esta erotización potencia el deseo y suaviza la rigidez con la que se percibe una sexualidad orientada únicamente al clímax.

3. No te lo tomes como una obligación

Lo más destructivo que puede ocurrir respecto a la sexualidad es la aceptación de la misma como una obligación “con la que simplemente hay que cumplir”. Esta es una de las causas más frecuentes de ansiedad por rendimiento sexual, sobre todo en los casos en los que el problema se ha prolongado tanto tiempo que el deseo ha quedado herido de gravedad. Así, la anticipación de un encuentro con la pareja deviene un motivo de intensa preocupación, al ser un acto completamente desnaturalizado y ajeno a la voluntad real.

El hecho de asumir el sexo como una tarea a satisfacer suele ser el resultado de no revelar los sentimientos a nuestra pareja, por miedo a decepcionarla o por la convicción de que la situación podría degenerar en algún conflicto mayor. Pero lo cierto es que la ficción de la que debemos revestirnos para fingir el deseo es una carga pesada para la vida emocional, y en absoluto justa con nuestras necesidades. Hablar sobre ello puede facilitar un escenario adecuado para buscar soluciones en pareja, y al mismo tiempo explorar nuevas dimensiones de la sexualidad compartida.

4. Rompe con la rutina

La rutina es, para muchos aspectos de la vida, una auténtica losa. El tiempo que se dedica a la misma se siente como carente de propósito, el interludio necesario pero tedioso con el que debemos convivir. Existe amplia evidencia de que cuando nuestra vida transcurre de forma demasiado monótona se percibe, al echar la vista atrás, como excesivamente breve. Y es que en tal caso el cerebro carece de anclajes emocionales con los que definir la experiencia, enviándola a la bandeja de “spam” de nuestra memoria afectiva.

Lo mismo ocurre con la sexualidad. Cuando la pareja asume costumbres rígidas en su día a día, incluyendo lo que sucede en la cama y en el resto de espacios reservados a la intimidad, esta acaba convirtiéndose en un estímulo que no genera satisfacción ni estimula el deseo.

Las personas que padecen de ansiedad por rendimiento sexual pueden sentirse tentadas a imponer una irreductible regularidad a los momentos en pareja, buscando el control y reduciendo artificialmente la probabilidad de imprevistos. Esta actitud impone una falsa sensación de seguridad, pues es la motivación la que paga una factura inasumible a medio y largo plazo.

5. Resta importancia a los pequeños traspiés

No somos máquinas perfectas. Es muy normal que, en algún momento de la vida, tengamos un encuentro sexual en el que las cosas no sucedan de la manera que habíamos previsto.

Es probable que por variados motivos (estar cansados, estresados, somnolientos, etc.) no consigamos rendir del modo deseado, pero es un resultado previsible en el contexto de la variedad de estados físicos y emocionales que pueden condicionar el rendimiento sexual en condiciones no patológicas.

En ocasiones, no obstante, una experiencia negativa (sobre todo cuando ha coincidido con la crítica o la ridiculización del compañero o la compañera) puede alterar de forma profunda y duradera nuestro sentimiento de seguridad y de autoeficacia sexual. Se produciría en este caso la profecía autocumplida: la expectativa ansiosa de que en el futuro podría repetirse de nuevo el mismo incidente provocaría una serie de conductas y pensamientos que favorecería efectivamente su reincidencia.

En este caso, por tanto, lo más importante es asumir con plena naturalidad aquello que sin duda es normal: no siempre las cosas son como nos gustaría que fueran, y la "imperfección" es también una parte del juego del sexo.

6. No consumas alcohol

No son infrecuentes las personas que intentan remendar su sentimiento de ansiedad (ante la expectativa de mantener una relación sexual) ingiriendo alcohol y usándolo como lubricante social. Y es que esta sustancia inhibe la actividad de la corteza prefrontal, lo que nos sumerge en un estado de engañosa euforia (pues realmente está deprimiendo una importante región de nuestro cerebro). Esta estrategia se usa porque permite la laxitud de las preocupaciones e inseguridades, aunque a un carísimo precio.

El alcohol disminuye el aporte sanguíneo a los vasos cavernosos del pene, dos columnas de tejido que posibilitan la erección, y reduce la sensibilidad local (lo que retrasa la llegada del orgasmo en detrimento de la experiencia de placer que se alcanza). Este último efecto se reproduce también en mujeres, que además experimentan una reducción en la lubricación vaginal (por efecto de deshidratación etílica), que puede precipitar sensaciones dolorosas y acabar aumentando el problema de ansiedad de base.

7. Busca tu propia manera de comunicarte en la cama

Muy especialmente en el caso de los primeros encuentros sexuales, una gran parte de lo que se conoce sobre el sexo procede de fuentes que desvirtúan lo que realmente este es. Por ejemplo, se espera de los cuerpos (propios y ajenos), o de la actitud respecto al sexo, una perfección inasumible.

Pero lo que realmente sucede es distinto, pues los cuerpos distan de lo que ha podido verse en películas o en otros medios y el rendimiento no es de la intensidad que se preveía, lo que supone un sentimiento de frustración y el planteamiento de algunas dudas sobre la capacidad de complacer.

Buscar nuestra forma de comunicarnos es esencial, y para ello debemos en primer lugar desprendernos de expectativas irreales sobre el sexo y las apariencias físicas, aceptando lo que somos y buscando sentirnos seguros con la sexualidad. Lo reseñado es particularmente importante en los casos de ansiedad por rendimiento sexual de las personas jóvenes, como los y las adolescentes que se adentran en sus primeras interacciones de este tipo.

8. El sexo empieza más allá de las sábanas

Un hecho probado es que el sexo no funciona como un elemento independiente del resto de las cosas cotidianas que se desarrollan en la vida común.

Así, una relación se fundamenta sobre la pasión (intenso deseo de unión con el otro), la intimidad (capacidad para generar un universo compartido en el que se despliega lo que representa el “nosotros”) y el compromiso (fidelidad y voluntad de proyectar la relación hacia el futuro); siendo todas ellas relevantes para un sexo de mayor calidad. Esto es, existe una asociación entre la fortaleza del vínculo y la intimidad sexual.

Es clave tener en consideración que el sexo no se limita a dos cuerpos desnudos dentro de una cama, sino que se cultiva a lo largo de los días en las situaciones cotidianas; a plena luz, con ropa o sin ella. Y es que son los pequeños actos de complicidad los que acaban forjando la confianza suficiente para trasladarla dentro de las sábanas. Es por ello importante estar con una persona que no solo nos encandile físicamente, sino que también pueda aportar algo más profundo a nuestras vidas.

9. Aprende a disfrutar de tu propio placer

Algunas personas pueden pecar de excesivo altruismo en sus relaciones sexuales. Cuando están con su pareja buscan exclusivamente el placer de esta, obviando sus necesidades. Lo cierto es que este foco descompensado sobre lo que el otro puede estar sintiendo nos desvía por completo de las sensaciones que se dan en nuestra propia corporalidad, e incluso llega a ser contraproducente para las dos partes.

Muchos estudios señalan que este fenómeno es común entre quienes padecen de ansiedad por rendimiento sexual. Es por tanto necesaria la dosis justa de “egoísmo” dentro de la cama, la búsqueda de lo que nuestro cuerpo puede aportar mediante la exploración de algunas de sus sensaciones más intensas y gratificantes, de una manera deliberada y libre de prejuicio. En definitiva, desprenderse del limitante deseo de impresionar y simplemente disfrutar de ese momento. Solo así lo pasaréis bien ambos.

10. Usa el sentido del humor y la empatía

El sentido del humor es una potente estrategia de afrontamiento de la ansiedad en todas sus posibles formas, incluyendo la sexual.

Como se señaló anteriormente, todas las personas son susceptibles de verse sorprendidas por un suceso inesperado mientras tienen relaciones sexuales (el orgasmo llega demasiado pronto, la erección/lubricación no es tan ''buena" como se podía esperar, etc.), y es precisamente en ese momento cuando esta estrategia puede marcar la diferencia.

Caer en el dramatismo ante un hecho tan natural únicamente aporta expectativas oscuras que pueden contribuir a que se repita en las oportunidades sucesivas.

Cuando es nuestra pareja la que se siente avergonzada por un imprevisto como este, es fundamental hacer uso de nuestra empatía y proporcionarle toda la comprensión que pueda necesitar. Es frecuente que las personas que viven esta situación desde “el otro lado” se sientan ofendidas por lo acontecido, dejando aflorar inseguridades en el lienzo del colchón, que acaban labrando un sentimiento de culpa que se extiende más allá de lo que a veces podemos imaginar.