Tópicos Cerebro Neurología

Cápsula interna (parte del cerebro) componentes y funciones


La cápsula interna es una estructura del cerebro compuesta por fibras con mielina, por la que pasan las proyecciones nerviosas que van desde la corteza hacia la médula y estructuras subcorticales, y viceversa.

En este artículo te explicamos con más detalle qué es la cápsula interna, cuál es su composición y estructura anatómica, qué funciones desempeñan las vías nerviosas más importantes y qué consecuencias tienen las lesiones en esta región del cerebro.

¿Qué es la cápsula interna del cerebro?

La cápsula interna es una región del cerebro formada por una pequeña banda de fibras mielinizadas, también denominada sustancia blanca, que separa al núcleo lenticular del núcleo caudado y el tálamo. Dicha sustancia se compone de proyecciones que van desde la corteza cerebral hasta distintas estructuras subcorticales.

Esta estructura se compone de un brazo anterior y un brazo posterior, así como de proyecciones ascendentes y descendentes. Precisamente, cuando éstas discurren entre el núcleo lenticular y la zona del tálamo y el núcleo caudado, la materia se compacta dando lugar a la cápsula interna.

Esta zona del cerebro contiene vías de una importancia vital, como los tractos corticobulbar y el corticoespinal. De hecho, lesiones específicas en la cápsula interna (que pueden ocurrir, por ejemplo, por accidentes cerebrovasculares como infartos o ictus) pueden generar deficiencias clínicas devastadoras para la persona afectada.

Estructura anatómica

La cápsula interna no conforma uno de los ganglios basales, sino un haz de fibras que atraviesa los mismos. La forma de la cápsula interna varía en función de cómo analicemos el cerebro. Si realizamos un corte frontal, esta estructura cerebral adopta la forma de un ángulo abierto externamente con un lado inferior, horizontal, por debajo del núcleo lenticular.

Si realizamos un corte horizontal, presenta una apariencia en forma de V, donde la rodilla (su extremo) apunta medialmente, y podemos dividirla en tres componentes fundamentales:

El brazo anterior

El brazo anterior o porción lentículo-caudada de la cápsula interna separa al núcleo lenticular del núcleo caudado.

Contiene fibras que van del tálamo a la corteza (talamocorticales) y, al revés, de la corteza al tálamo (corticotalámicas), que unen al núcleo talámico lateral con la corteza del lóbulo frontal; a los tractos frontopontinos del lóbulo frontal con el núcleo pontino; y a fibras que corren de forma transversal desde el núcleo caudado al putamen.

El brazo posterior

El brazo posterior o porción lentículo-talámica de la cápsula interna, localizado entre el tálamo y el núcleo lenticular, contiene vías ascendentes y descendentes esenciales.

Los tractos corticobulbar y corticoespinal transitan en la mitad anterior del brazo posterior, con las fibras a la cara y al brazo, frente a las fibras de la pierna. Las fibras corticorrubrales, que provienen de la corteza del lóbulo frontal al núcleo rojo, acompañan al tracto corticoespinal.

El tercio posterior del brazo posterior se compone de fibras sensoriales de tercer orden que van del núcleo posterolateral del tálamo al giro poscentral (donde se localiza la corteza somatosensorial, área de recepción sensorial, como por ejemplo el tacto).

Como en el caso de las fibras corticoespinales y corticobulbares, existe una organización somatotópica de las fibras sensoriales del brazo posterior, con la cara y el brazo ascendiendo por delante de las fibras de la pierna.

Composición de sus fibras nerviosas

La cápsula interna está compuesta de sustancia blanca, es decir, fibras nerviosas cubiertas de mielina, una sustancia que envuelve y protege los axones, permitiendo que exista una mayor velocidad en la transmisión del impulso nervioso.

Según la longitud del trayecto que recorra cada uno de los haces de fibras, podemos dividir éstas en fibras cortas y largas.

Fibras cortas

Este tipo de fibras unen al tálamo con diversas zonas de la corteza cerebral (fibras talamocorticales). Emergen a lo largo de toda la masa ovoide de sustancia gris que conforma el tálamo y, vistas a nivel macroscópico, parece que irradian en todas las direcciones (de ahí el nombre de radiaciones talámicas).

El pedúnculo talámico anterior está compuesto por fibras que emergen de la parte anterior del tálamo y se dirigen al lóbulo frontal, ocupando el brazo anterior de la cápsula interna. El pedúnculo superior, por su parte, emerge de la parte superior y posterior del tálamo para dirigirse al lóbulo parietal, pasando por el brazo posterior de la cápsula interna.

Por otra parte, las fibras que unen la zona posterior del tálamo con el lóbulo occipital forman el pedúnculo posterior, que recorre también el brazo posterior de la cápsula interna. Y por último, las fibras que salen de la parte anterior del tálamo y se proyectan al lóbulo temporal ocupan la región sublenticular de la cápsula interna y forman el pedúnculo inferior.

Fibras largas

Este otro tipo de fibras se encargan de unir la corteza cerebral con zonas nerviosas más alejadas del cerebro, pasando a través de la cápsula interna y ocupando el brazo anterior, la rodilla y el brazo posterior.

Estas fibras constituyen: el fascículo frontopontino; el fascículo geniculado, responsable de los movimientos voluntarios de la cabeza; la vía piramidal, responsable de los movimientos voluntarios del tronco y las extremidades; la vía sensitiva; los fascículos parieto-pontinos y occipito-pontinos; y la porción retrolenticular o pasillo de Wernicke, área de gran relevancia tanto a nivel motor como sensitivo, y en la que se cruzan las radiaciones ópticas y acústicas.

Funciones

La cápsula interna es una región cerebral en la que convergen dos tractos de fibras nerviosas muy importantes: el tracto corticoespinal y el tracto corticobulbar. A continuación, veremos qué funciones cumplen cada una de ellas.

El tracto corticoespinal

El tracto o la vía corticoespinal es un conjunto de fibras nerviosas que forman parte de la cápsula interna y se encargan de controlar el movimiento voluntario del cuerpo. Es fundamental para gestionar la ejecución de movimientos finos (con los dedos de la mano, por ejemplo). Su función es asegurar que los movimientos de este tipo cuentan con la habilidad y la precisión adecuadas.

Por otra parte, también interviene en la regulación de los relevos sensitivos y a la hora de seleccionar la modalidad sensorial que finalmente alcanza el córtex cerebral. El tracto corticoespinal estimula las neuronas encargadas de la flexión e inhibe las responsables de la extensión.

En la vía corticoespinal existe una representación somatotópica de las distintas partes del cuerpo en la corteza motora primaria, con cada área del miembro inferior localizada en la corteza medial y el área de la extremidad cefálica localizada en la corteza lateral, en la convexidad del hemisferio cerebral (el homúnculo motor).

El área motora del brazo y de la mano es la que ocupa un mayor espacio (ocupando el giro precentral, localizado entre el área del miembro inferior y la cara).

El tracto corticobulbar

El tracto o vía corticobulbar es un haz de fibras nerviosas que se encarga de dirigir los músculos de la cabeza y el cuello. Este tracto nervioso es el responsable de que podamos controlar, por ejemplo, la expresión facial, o de que podamos masticar o deglutir.

El tracto surge en la parte lateral de la corteza motora primaria y sus fibras terminan por converger en la cápsula interna del tronco del encéfalo. Desde ahí, se dirigen a los núcleos motores de los nervios craneales y éstos conectan con las neuronas motoras inferiores para inervar los músculos faciales y los del cuello.

Consecuencias del daño en esta región del encéfalo

Las lesiones en una región del cerebro como la cápsula interna pueden comprometer la función motora y sensorial de forma selectiva. Por ejemplo, los infartos lacunares, accidentes cerebrovasculares de menos de 15 mm de diámetro y originados por la oclusión de las arterias perforantes del cerebro, pueden llegar a comprometer, de forma selectiva, a la parte anterior del brazo posterior de la cápsula interna, produciendo hemiparesias motoras puras.

Los infartos o ictus lacunares pueden provocar otra serie de síntomas y síndromes, en función de la zona afectada. El síndrome sensitivo puro es otra de las afecciones que se dan al producirse infartos localizados en la cápsula interna y/o el núcleo posterior del tálamo. La persona afectada, en este caso, sufre de hemi-hipoestesia facio-braqui-crural (reducción de la sensibilidad en prácticamente la mitad del cuerpo).

Otra de las consecuencias asociadas a un daño en los vasos sanguíneos cerebrales, que producen infarto o trombosis en el brazo posterior de la cápsula interna, es la hemiplejia contralateral (del lado contrario del cuerpo), debido a una interrupción de las fibras corticoespinales que van de la corteza a la médula espinal y los músculos que realizan las funciones motoras.

Por último, hay dos trastornos más que están asociados al daño específico en la cápsula interna y estructuras relacionadas. Por un lado, el síndrome de disartria-mano torpe, por un daño en la rodilla de la cápsula interna y que cursa con síntomas como la debilidad facial, la torpeza manual, disfagia y disartria; y por otro lado, la paresia con hemiataxia, cuando se ve afectada la vía cortico-ponto-cerebelosa y el brazo posterior de la cápsula interna, y que cursa con síntomas como la parálisis y la descoordinación de pierna o brazo.

Referencias bibliográficas:

  • Pendlebury, S. T., Blamire, A. M., Lee, M. A., Styles, P., & Matthews, P. M. (1999). Axonal injury in the internal capsule correlates with motor impairment after stroke. Stroke, 30(5), 956-962.
  • Snell, R. S. (2007). Neuroanatomía clínica. Ed. Médica Panamericana.