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Cómo ayudar a los niños a controlar los esfínteres


El control de esfínter se da cuando las conductas de orinar y defecar dejan de ser un comportamiento reflejo para convertirse en una conducta voluntaria y automática. Se estima que la edad promedio para alcanzar el control de esfínter es entre los dos y los tres años.

Cuando estas edades empiezan a acercarse y los niños y las niñas aún no logran controlar sus esfínteres, generalmente se crean situaciones de tensión en las que los cuidadores empiezan a preocuparse; lo que puede provocar más estrés en los pequeños y dificultar de manera importante el proceso.

En este artículo repasaremos varios consejos que pueden ser útiles para ayudar a los niños y niñas a controlar los esfínteres.

¿En qué consiste el control de esfínter?

Específicamente el control de esfínter se trata de dominar a voluntad un músculo que tiene forma de anillo y que cierra o abre conductos en el cuerpo para permitirnos desechar algunas sustancias.

Llegar a controlar los esfínteres que se encuentran dentro del ano y de la uretra es una de las conductas que nos permiten la socialización. Es también un proceso que involucra muchos factores, entre los que se encuentra la edad, la madurez y el desarrollo del niño, así como factores ambientales que pueden tanto favorecer el proceso como dificultarlo.

Decimos que un niño o niña no ha adquirido control de esfínter cuando tiene ya cierta edad o se le han presentado algunas demandas sociales (como ir a la escuela), y continúa mojando o manchando la ropa o utilizando pañal, durante el día y/o durante la noche.

¿Por qué unos niños alcanzan el control de esfínter antes que otros?

En principio hay que recordar que, aunque hemos encontrado ciertos patrones de comportamiento y del desarrollo infantil, estas pautas no son definitivas: hay una gran diversidad en cuanto a los procesos por los que pasamos como seres humanos.

Es decir, que es completamente normal que unos niños o niñas alcancen unas conductas antes que otras, y si queremos favorecer específicamente el control de esfínter debemos empezar por tomarlo con calma.

Como hemos visto, este un proceso que depende de varias cosas. Las situaciones que producen tensión, estrés y ansiedad son uno de los factores que interfieren de manera importante. Estas situaciones estresantes son generalmente los cambios fuertes, que pueden ocasionar tensión porque a corta edad es difícil que los niños o niñas reconozcan las normas de un nuevo lugar y lo que se espera que hagan.

Algunos ejemplos de estos cambios son la llegada de un nuevo hermano, empezar una nueva escuela, la pérdida de un ser querido e incluso una mascota, entre otros eventos similares, e incluso los estilos de crianza que tienden a la sobreprotección; aunque no todos los niños reaccionan de la misma forma ante ninguno de estos ejemplos.

Por otro lado, un niño o una niña puede tardar más en controlar esfínteres si tiene alguna condición del desarrollo que haga que las conductas voluntarias se alcancen a una velocidad distinta. Así mismo, el proceso puede verse influido por infecciones o por presión muscular.

Consejos para ayudar a los niños a controlar los esfínteres

Existen muchas maneras de favorecerlo, y en ocasiones resulta mucho mejor consultar directamente a un especialista que pueda orientar a los cuidadores y acompañar las situaciones estresantes por las que pueden estar pasando los pequeños. Algunas de las estrategias más comunes son las que repasamos a continuación:

1. Favorecer conductas y hábitos relacionados con el autocuidado

Además de ser una conducta, el control de esfínter es un hábito que significa dar un paso de la dependencia a la independendencia; lo que a su vez se acompaña de otros hábitos que también permiten la socialización (como el vestirse solos, lavarse los dientes, ducharse, comunicarse, etc.).

Por eso, si tenemos la intención de estimular el control de esfínter, es útil favorecer también otros hábitos relacionados con la independencia y el autocuidado.

2. Modelamiento y preparar las condiciones del espacio

El modelamiento es una de las estrategias más populares en la psicología cognitivo-conductual y consiste básicamente en servir de modelo a otra persona, para ayudarle a adquirir una conducta. En este sentido, hay que enseñarle al niño cómo y en dónde se orina y se defeca. Esto lo podemos hacer directamente los adultos, pero también podemos apoyarnos en materiales didácticos, como los cuentos.

Asi mismo es importante asegurarnos de que los niños tienen un espacio acondicionado a su tamaño, y ponerles ropa que se puedan quitar con facilidad. A partir de ahí es útil invitarlos poco a poco a sentarse en el orinal en momentos específicos (justo después de las comidas, al despertarse o antes de dormir); así como hacerlos partícipes en su propio cambio de pañal (por ejemplo pedirles que tomen ellos mismos los pañales limpios, las toallas húmedas, la ropa, etc.).

3. No presionar

Es necesario tener bien presente que los niños y niñas tienen diferentes ritmos y que asimilan las situaciones de formas también distintas. Transmitirles tranquilidad y calma es uno de los métodos más eficaces.

Es común que cuando el proceso inicia se presenten periodos de incontinencia, en los cuales hay que evitar regañarlos. En el mismo sentido hay que tener presente que pueden adquirir primero el control de esfínter diurno, por lo que debemos ser pacientes si durante la noche el proceso es más lento.

En el mismo sentido evitar comparaciones como “tu hermano controló mucho antes”, o frases como ”eres un meón”, ya que esto genera angustia y retrasa aún más el proceso. Si lo que queremos es que se sientan responsables sobre su propia higiene no es necesario regañarlos o castigarlos, podemos hacerlo de otras maneras.

Por ejemplo, fomentando el autocuidado y la responsabilidad sobre sí mismos enseñándoles a lavar alguna prenda, o a depositarla ellos mismos en la lavadora (o lo que corresponda según las condiciones o los estilos de vida de cada quien). En todo caso, ser comprensivos, transmitirles confianza y acompañarlos.

4. Utilizar una bitácora

Sobre todo en los casos de niños a quienes por razones del desarrollo fisiológico necesitan más apoyo para alcanzar el control de esfínter, es muy útil llevar una bitácora diaria donde anotemos las horas a las que el niño o niña orina y defeca.

Llevar este registro diariamente y en las semanas previas al inicio un programa especial de entrenamiento es muy útil porque nos permite conocer los ritmos del niño, y de esta manera anticiparse y acompañar en el proceso.

5. Iniciar un programa formal de entrenamiento

En algunos casos es necesario llevar un programa de entrenamiento formal, que puede iniciar quitándole al niño o niña el pañal, y poniendoselo media hora después de que orine o defeque (lo que se anticipa a través de la bitácora que explicamos anteriormente).

Después se trata de mantener puesto el pañal durante una o dos horas, y volver a quitárselo. Este entrenamiento requiere sobre todo mucha paciencia y mucho orden de parte de los cuidadores; sobre todo si se trata de un niño que tiene ritmos de aprendizaje o de conductas adaptativas que son considerablemente distintos a los ritmos que vemos en otros niños.

En este caso es especialmente recomendable buscar una orientación formal, porque los entrenamientos varían según las características del niño y de quienes están a cargo de su cuidado.

6. Asegurarnos de que los niños tienen los conocimientos básicos

Antes de empezar un programa de entrenamiento y antes de invitarles a utilizar el orinal, es importante saber si tienen el conocimiento corporal básico, es decir, si han adquirido nociones relacionadas con el esquema corporal (por ejemplo, arriba, abajo, delante, detrás).

También debemos favorecer el reconocimiento de las palabras clave como retrete, pañal, sucio, limpio, pis, orina, heces, orina, o las que están en su contexto próximo.

7. Ayudarle a reconocer cuando lo está logrando

Consiste en que el niño asocie la conducta voluntaria (el control de esfínteres) con una sensación placentera y agradable. Para esto es importante felicitarlo o demostrarle que estamos contentos y contentas de que haya logrado utilizar el orinal adecuadamente.

La recompensa puede ser distinta para cada niño, pero, en todo caso, es importante no caer en la exageración. Especialmente hay que evitar que el niño o niña termine asociando el hábito de ir al baño con recompensas materiales (porque son recompensas que seguramente no podremos sostener a largo plazo y que podrían generar otras complicaciones después).