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Hugo Grotius: biografía de este jurista neerlandés


Hugo Grotius es una de las figuras clave en los estudios de derecho de Europa del siglo XVII, aportando valiosas obras.

A continuación realizaremos un recorrido por toda su vida mediante una biografía de Hugo Grotius, descubriendo cuáles fueron los hitos más importantes, cómo influyó a la sociedad de su época y cuál es la repercusión de su legado incluso en nuestros días.

Breve biografía de Hugo Grotius

Hugo Grotius, Grocio o de Groot, nació en 1583 en Delft, Países Bajos, en plena guerra de la independencia de Holanda. Hijo de buena familia, de padre intelectual y reconocido político, recibió una educación de muy alto nivel, basada en los principios aristotélicos y humanistas. Las capacidades de Hugo Grotius muy pronto quedaron patentes en diferentes campos, por ejemplo en el de las artes. Y es que con tan solo 9 años ya era capaz de componer poemas de calidad asombrosa.

A la más que impresionante edad de 11 años, comenzó a estudiar Derecho, en la universidad de Leiden, y tardó solo 4 años en completar su formación, aprovechando el tiempo además para estudiar otras materias tan diferentes como eran la teología, la astrología (que en esos momentos era una disciplina de estudio científica) o las matemáticas. Incluso publicó la primera de sus obras literarias, un estudio de los trabajos de Martianus Capella, que generó un gran impacto.

Con solo 15 años, Hugo Grotius ya participa en actividades diplomáticas, viajando a París y despachando con el rey Enrique IV de Francia. Un año después recibe su título de abogado en La Haya y comienza una fulgurante carrera como jurista. Se convierte también en historiógrafo y recibe el importante encargo de redactar la historia de los Países Bajos de manera que queden en una posición superior a la de España (de la que se acababan de independizar).

Aprovecha sus conocimientos de derecho para publicar también obras acerca de principios internacionales de justicia, basándose en el caso real de la incautación de un navío portugués que la flota holandesa realizó en las costas de Singapur. Este hecho fue el precedente para comenzar a generar tratados jurídicos acerca de la legalidad de actuaciones internacionales, por lo que Hugo Grotius fue todo un pionero en la materia.

Su carrera como eminencia del Derecho

El evento de la incautación de la carraca portuguesa y el posterior estudio jurídico al respecto que realizó Hugo Grotius supuso su despegue como figura de referencia en el derecho internacional. Su obra culminó en el tratado conocido como De Indis, o "De las Indias". En esta obra comenzó a hablar acerca del derecho natural y a debatir acerca de la propia legalidad de las guerras. Su siguiente gran aportación fue la de Mare Liberum, o El mar libre.

En este texto, lo que Hugo Grotius afirmaba es que los mares deberían ser territorios neutrales internacionalmente, es decir, que no pertenecieran a nadie en particular y por tanto todas las naciones pudieran hacer uso de ellos. Este argumento fue utilizado políticamente por los Países Bajos para reclamar a naciones como Inglaterra que cesaran en su monopolio del uso del mar, aunque lo hicieron con el propósito de aumentar su propio poder naval posteriormente.

Hay que decir que Hugo Grotius no fue el primer autor en tratar en su obra la temática sobre la libre navegación por los mares, pues Francisco de Vitoria, autor español del siglo anterior, ya había mencionado esta idea en su obra, utilizando el principio del derecho romano conocido como ius gentium. A día de hoy, se sigue considerando que las aguas de alta mar han de ser de libre uso para cualquier nación.

Para el año 1613, Grotius ya era una persona tan influyente que incluso fue elegido como alcalde (en su figura administrativa equivalente) de Rotterdam. Justo entonces tuvo lugar un conflicto marítimo entre Holanda e Inglaterra, ya que estos capturaron dos embarcaciones holandesas. El gobierno de los Países Bajos vio en Hugo Grotius el perfil de diplomático ideal para viajar a las islas británicas y mediar en la situación, para recuperar los barcos retenidos. Sin embargo, no hubo éxito en el intento, ya que Inglaterra no cedió.

Controversia teológica

También durante estos años surgió otro tipo de conflicto, en este caso de corte religioso, entre los calvinistas y los arminianos. La lucha de poder entre ambos sectores se exacerbó a raíz del nombramiento de Conrad Vorstius (arminiano) como catedrático de teología en la universidad de Leyden, y los seguidores calvinistas le acusaron de ejercer enseñanzas religiosas más allá de lo que sus creencias dictaban.

Hugo Grotius tomó partido en esta polémica, escribiendo el Ordinum Pietas, un manifiesto en el que afirmaba que las autoridades civiles tenían el poder para nombrar a quien considerasen oportuno para ejercer en las universidades, sin tener que contar con el beneplácito de los líderes religiosos para ello. Como no podía ser de otra forma, los contrarremonstrantes (la facción que se oponía) le acusaron de incendiario y empezaron una campaña contra él.

A raíz de este conflicto, se le pidió a Hugo Grotius, que por entonces ya era fiscal general de Holanda, que preparase un escrito para zanjar el problema. Esta obra sería el edicto de tolerancia, llamado Decretum pro pace ecclesiarum. Con él se trataba de llegar a una posición armoniosa respecto a las cuestiones religiosas en el orden civil, afirmando que las diferencias teológicas deben dejarse de lado en este sentido.

Por supuesto, en esa época, muchos poderes estaban altamente influidos por la religión, y esta posición les pareció inadmisible, y se inició una escalada de protestas que desembocaría incluso en disturbios alrededor de todo el territorio. Las autoridades civiles trataban de mantener el orden, pero cuando una de las facciones se hizo fuerte, arrestó a varios de los que consideraban responsables del conflicto, entre ellos, Hugo Grotius.

Grotius fue juzgado y se le condenó a cumplir cadena perpetua en el castillo de Loevestein. Tras dos años de encierro, su esposa y su asistenta le ayudaron a trazar un plan de huida de la fortaleza, escondiéndose en un arcón con el que pudo trasladarse hasta Francia.

Exilio en París

En 1621 Hugo Grotius llega a París, donde da comienzo su vida en el exilio, lejos del conflicto religioso que le había privado de la libertad en los Países Bajos. El gobierno francés le proporcionó una pensión. Eran los tiempos del rey Luis XIII y el gobierno del cardenal Richelieu. Precisamente al monarca le dedicó la que probablemente sea una de sus obras más conocidas, "Sobre la ley de la guerra y la paz".

Otra de sus contribuciones literarias en este tiempo fue De veritate religionis Christianae, la traducción al latín de unos versos que escribió en holandés durante su encierro. Esta obra trataba sobre las verdades fundamentales del cristianismo.

Tuvo un intento de regreso a su país natal, en el año 1631. Sin embargo, la respuesta de las autoridades fue hostil, por lo que tuvo que renunciar a su plan de retorno. En su lugar, decidió trasladarse a la ciudad alemana de Hamburgo, pero dos años después, Suecia le reclamó para ser su embajador en París, por lo que regresó de nuevo a la capital francesa, esta vez con un estatus diferente.

Eran los tiempos de la Guerra de los Treinta Años, y su principal tarea fue trabajar para lograr una solución a este conflicto desde su nuevo puesto como embajador en París. Se mantuvo durante toda una década trabajando para lograrlo. Al mismo tiempo también publicó nuevas obras de corte religioso, reunidas fundamentalmente en el Opera Omnia Theologica.

Últimos años

El conflicto religioso comenzó a amainar en los Países Bajos, y las personas que se habían visto obligadas a optar por el exilio pudieron ir retornando paulatinamente a su país de origen. En cuanto a Hugo Grotius, la reina Cristina de Suecia le trasladó de nuevo a Estocolmo, tras su trabajo como embajador en París. Durante el viaje sufrió un naufragio que le provocó secuelas físicas de las que ya no se recuperaría.

Corría el año 1645, y Hugo Grotius no deseaba continuar en Suecia, sino regresar a su tierra natal, Holanda. Así lo hizo, de manera que pudo pasar los últimos días de vida que le quedaban en su país, donde falleció ese mismo verano. Grotius recibió sepelio en la ciudad de Delft, concretamente en la iglesia de Nieuwe Kerk. Dicen que las últimas palabras que pronunció fueron: “He entendido muchas cosas y no he logrado nada”.

Como legado quedan todas sus obras, sus aportaciones a los estudios de teología, a los tratados de derecho internacional, especialmente los que tienen que ver con las leyes marítimas, y su trabajo como diplomático en el que trató de mediar en importantes conflictos que asolaban las naciones europeas. Y además de todo ello, dejó un lema: Ruit hora, que significa “El tiempo se acaba”.

Referencias bibliográficas:

  • Forde, S. (1998). Hugo Grotius on Ethics and War. American Political Science Review.
  • Haakonssen, K. (1985). Hugo Grotius and the history of political thought. Political theory.
  • Van Ittersum, M. (2006). Profit and principle: Hugo Grotius, natural rights theories and the rise of Dutch power in the East Indies, 1595-1615. Brill.