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Síndrome del chico malo: ¿Por qué me enamoro de la persona equivocada?


En muchas ocasiones los medios de comunicación centran el foco en casos espectaculares de criminales que, aparentemente por el hecho de serlo, se ganan una generosa cantidad de fans y de personas interesadas románticamente en ellos. El caso más conocido es el de Ted Bundy, asesino en serie que alcanzó la fama tanto por lo mediático de su juicio como por su carisma, hasta el punto de que varias mujeres intentaron ponerse en contacto con él, poniéndose de su parte e intentando entablar una relación.

Este fenómeno es lo que se conoce como hibristofilia: la atracción psicopatológica hacia personas muy peligrosas y con varios crímenes a sus espaldas, especialmente aquellos de naturaleza violenta y que involucran asesinatos, robos con intimidación, violaciones, etc.

Ahora bien, entre esta problemática tendencia en lo sexoafectivo, por un lado, y las relaciones “normales”, por el otro, hay una rica escala de grises. Y en esos puntos intermedios es posible encontrar a quienes notan que, si bien no sienten atracción por gente extremadamente peligrosas, sí tienden a caer rendidos/as a los pies de perfiles problemáticos: gente que miente todo el rato, que le gusta hacerse notar y estar siempre por encima de los demás, que rompe la ley con bastante frecuencia y sin necesidad de buscar justificaciones… Es lo que a veces es llamado “síndrome del chico malo” y que ocurre especialmente durante la adolescencia y la adultez joven, sobre todo en mujeres. ¿Cuáles son las causas de esto?

Causas del síndrome del chico malo

Entre quienes acuden al psicólogo por problemas de tipo emocional, es relativamente habitual encontrarse a personas jóvenes que se quejan de no encontrar a la persona adecuada para iniciar una relación de pareja estable y sana. Entre ellas, suele ocurrir que tras el encandilamiento inicial, surgen los dolores de cabeza de tener que lidiar con alguien con poco interés por comprometerse teniendo en cuenta los intereses y opiniones de alguien más, o que directamente rompe las reglas sistemáticamente, como si eso formase parte de su estilo de vida. Y a la larga, esto genera tanto problemas prácticos por lo complicado de convivir con una persona así, como malestar por el hecho de ser consciente de que no es posible contar con la protección y el cuidado mutuo que se desea estando con alguien en un noviazgo o matrimonio.

Pero si en el día de cada día no faltan las “red flags” y las señales de que esa persona lo tiene muy complicado para conectar emocionalmente con los demás… ¿Cómo se explica que surja el enamoramiento en la primera etapa de la relación? Veamos cuáles son las principales causas del síndrome de chico malo en las relaciones de pareja.

1. El enamoramiento se basa en la idealización

El enamoramiento es siempre profundamente irracional y basado en las primeras impresiones, no surge de un análisis de la información objetiva de la que disponemos acerca de una persona.

Aquí entran en juego dos elementos psicológicos clave: el efecto halo y la idealización. El efecto halo consiste en un sesgo cognitivo que nos lleva a asumir que, porque vemos una cualidad positiva o virtud en una persona o entidad, esta está llena de otras cualidades positivas o virtudes y son estas las que predominan sobre los defectos. Por ejemplo, el efecto halo está detrás del fenómeno “fan”, en el cual muchas personas admiran prácticamente todas las facetas de un cantante únicamente por su presencia espectacular sobre el escenario. Así, el efecto halo es muy relevante sobre todo en las primeras tomas de contacto, cuando no conocemos bien a alguien y tiramos de nuestra imaginación para despejar las incógnitas acerca de su manera de ser y de comportarse, su personalidad, etc.

Qué es el síndrome del chico malo

Por el otro lado, la idealización nos lleva a fiarnos solo en lo positivo de alguien, y a pasar por alto lo negativo, atribuyéndolo en todo caso a la mala suerte, la influencia de elementos externos (por ejemplo, gente que supuestamente “le provoca” para que muestre su faceta agresiva), etc.

Combinados, estos dos ingredientes pueden llevar a una persona a interesarse románticamente por alguien que conoce poco únicamente porque de manera inconsciente no fija su atención en las señales preocupantes de su manera de ser.

2. La atracción por los perfiles que destacan

Por otro lado, no hay que olvidar que una de las características de las personas que se muestran rebeldes y que rompen con las normas es que en muchos casos, llaman la atención. Y en la juventud, una etapa de la vida en la que se da mucha importancia a capacidad para destacar y ganarse la admiración o llamar la atención, esto puede ser interpretado como una característica ligada al carisma. El estereotipo de “chico malo” es alguien que es respetado por prácticamente todos porque no tiene que esforzarse por agradar a los demás, él marca sus propias condiciones para relacionarse con él.

3. La combinación de rasgos de la tríada oscura se asocia al encanto y a la seducción

La tríada oscura es una combinación de rasgos de personalidad relacionados con lo malévolo, el comportamiento antisocial y la predisposición a dañar a los demás en beneficio propio. Estos rasgos son tres: el maquiavelismo, en narcisismo y la psicopatía.

Pues bien; varios estudios muestran que las personas narcisistas, estadísticamente, tienden a resultar más atractivas físicamente, hipotéticamente porque cuidan más su imagen. E incluso si dejamos de tener en cuenta la apariencia física, en promedio, los hombres que presentan puntuaciones altas en los rasgos de personalidad de la tríada oscura resultan algo más seductores que el resto de hombres por su manera de ser, su manera de hablar, de desplegar el lenguaje no verbal, etc. Se cree que esto se debe a que son capaces de manipular mejor a los demás mediante estrategia que los hacen parecer encantadores, porque lo tienen más fácil al tratar a los demás como objetos y al no empatizar con ellos, se ponen menos nerviosos y son capaces de comunicar de una manera más fluida; es casi como si actuasen frente a un espejo, sin preocuparse por la imagen que dan.

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Mi nombre es Tomás Santa Cecilia y soy psicólogo especializado en el modelo cognitivo-conductual, desde el cual intervengo en personas, equipos y empresas. Atiendo de manera presencial en Madrid y de manera online a través de videollamada.