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''Me muero'': el miedo a enfermar


Muchas personas viven con el único objetivo en la vida de no enfermar, al sentir que estar enfermo nos acerca bastante a la muerte, a abandonar este mundo en el que de forma paradójica “no viven”.

Vamos a ver los posibles orígenes de este problema y la posible evolución de este tipo de personas que tienen la atención orientada hacia sí mismas, con el miedo a enfermar por bandera.

Posibles orígenes de personas con miedo a enfermar

Las principales causas son las siguientes.

1. La activación

La activación del sistema nervioso simpático que surge ante cualquier situación de nuestra vida; nos permite actuar para responder de una forma más o menos idónea, y que, según nuestra forma de interpretar dichos estímulos, generaremos mayor o menor activación según el “peligro” que entendamos que estamos a punto de pasar.

A lo largo del tiempo, esa activación surge de forma inconsciente ante cualquier aspecto de nuestro medio ambiente o cualquier pensamiento que cruce nuestra mente y la active, como si de un coche de carreras se tratase.

Con esta forma de reaccionar extendida en el tiempo. acabamos teniendo diversos síntomas en nuestro cuerpo. Síntomas de ansiedad y síntomas psicosomáticos, que en un principio pueden pasar desapercibidos, pues estamos ocupados con aquello que nos ha alertado en ese momento. Pero una vez que pasa dicha alerta y dichos síntomas se manifiestan en el cuerpo, lo ocurrido acaba preocupando, y mucho, a dichas personas, hasta el punto de sentir una muerte inminente en ellas.

2. Educación sobreprotectora

Unos padres, cuidadores o tutores sobreprotectores en la infancia conforman otro ingrediente (quizás no definitivo, pero sí que suma), para acabar desarrollando la hipocondría o miedo a enfermar.

Si ante el mínimo estornudo, la mínima caída, el mínimo raspón en la rodilla... los padres, cuidadores o tutores reaccionan de una manera exageradamente sobreprotectora acudiendo al doctor con un nivel de excitación muy elevada, ese hecho puede acabar generando en el niño la idea de que no estar bien es algo muy malo.

Esto puede generar que cuando tenga un poco de más edad y más uso de razón, algún ligero revés como un leve síntoma (como pudiera ser un mínimo dolor de cabeza) sea visto como algo muy malo, y lo que posiblemente pueda ser un efecto del estrés de la vida, o incluso del cansancio, pueda despertar la idea de un derrame cerebral o tumor.

Enfermedad

3. Vulnerabilidad biológica

Tener una salud física un poco frágil puede llevar a algunas personas a realizar unos autocuidados un tanto exagerados para las posibles problemáticas que se padecen. Y más aún, al comparar su salud con la de las demás y verse por debajo, en un principio solo por la salud, pueden surgir problemas de autoestima.

Esto genera una idea equivocada de inferioridad general: surge la idea de que debe extremar la precaución puesto que a la mínima puede enfermar, y por consiguiente, morir.

4. Experiencias traumáticas con personas cercanas

Tener un familiar que empezó con un leve bultito en el pecho, por ejemplo, o con sangre en las heces y esta clase de complicaciones acabaron desencadenando en un cáncer que terminó llevándose la vida de esas personas, es algo que puede acabar afectando a dichos familiares, haciendo que cada vez que estas personas sientan una leve sensación en el pecho (un picor, un cosquilleo…) o vean cualquier cosa puntual anómala en sus heces (demasiado liquidas, demasiado oscuras, demasiado duras…) piensen en un fatal desenlace de su vida.

Tipos de personas con miedo a enfermar

¿Cómo suelen ser los comportamientos de este tipo de personas? Suelen ser de tres tipos.

1. Personas muy preocupadas por su salud que ante la mínima sensación corporal piensan lo peor

Se preocupan en exceso por dichas sensaciones; su cuerpo va por un lado a una velocidad y su cabeza (su mente) va por otro lado, a una velocidad muchísimo mayor (pensamientos atropellados de posibles diagnósticos fatales).

Son personas que visitan de una forma frecuente las consultas médicas, diversos especialistas según el tipo de dolencia (leve) o sensación, lo que se conoce como “doctor shopping”. Son personas que no se creen que no tengan nada, que no se conforman con lo que les dice el doctor de la no existencia de dicha enfermedad, pues han sentido algo e interpretan que “no es normal que no tengan nada”.

2. Personas que no buscan ayuda sanitaria

Personas que tienen tanto, tantísimo pavor a la enfermedad, que tratan de no mirar nada relacionado con enfermedades y dolencias, personas que tratan de no pisar los hospitales o las consultas médicas, a pesar de sentir dolencias, por el terror que les produce todo este tema de las enfermedades

3. Personas con una mezcla de los dos tipos anteriores

Son personas a las que una temporada les da por mirar todos y cada uno de los síntomas anteriores y preocuparse en exceso (y siempre con ideas pesimistas sobre lo que tienen y como va a terminar) y otra temporada, se despreocupan en exceso, y no quieren saber nada del tema de la salud. Personas que para unos síntomas se preocupan y que para otros tipos de síntomas se despreocupan.

Ejemplos de cómo puede afectar esta situación

A.R., en una inspección rutinaria frente al espejo, se dio cuenta de que poseía un pecho (el izquierdo) un poco más grande que el otro. Se palpaba ambas mamas y no se notaba ningún bulto extraño; aun así, no se quedó conforme y pidió cita a su médico de familia, quien achacó eso a un posible efecto por tomar una determinada medicina contra la acidez de estómago. Aún con todo eso, y no pareciéndole un signo de gravedad, decidió mandarle una ecografía que se le haría una semana después.

A partir de aquí, a A.R. le invadían pensamientos sobre un posible cáncer de mama. Este pensamiento le generaba una especie de nerviosismo, cosquilleos producto de la ansiedad que recorría todo su cuerpo al mismo tiempo que su corazón se ponía fácilmente a una frecuencia entre 120 y 140 pulsaciones por minuto, todo esto a diario hasta la fecha de la cita. Todos los días, se sentía sensaciones raras en el pecho izquierdo como cosquilleos, leves pinchazos, etc.

Se la pasaba buscando y preguntando al “Doctor Google” el significado de todas sus dolencias y sensaciones. Finalmente, llegó el día de la ecografía, mientras el médico le pasaba el artefacto por su pecho izquierdo su corazón estaba bombeando tan rápido por el temor a lo que pudiera encontrar, que sus latidos se oían de forma exagerada en dicho artefacto, y solo cuando el médico que le hacia la prueba le dijo que no tenia nada y que estuviera tranquila, fue cuando realmente pasó a bajar sus niveles de activación.

F.P. decidió, un día que estaba con un familiar a solas en casa, probar un cigarro de hachís (lo que se conoce como “porro” en el lenguaje coloquial).

Como se sabe, uno de los efectos secundarios por intoxicación de THC (cannabis) es una ligera taquicardia. F.P. interpretó esto como algo muy malo, fatal, y su nerviosismo aumentaba al verse con taquicardia, lo que crearía un círculo vicioso: me late el corazón deprisa y me pongo nervioso, al ponerme nervioso, mi corazón aún se pone más rápido, y al ir más rápido más nervioso me pongo... así que decidió ir al médico después de más de dos horas de ansiedad extrema debido a este tipo de ideas referentes a un posible ataque al corazón inminente.

Signos, síntomas y recomendaciones

Tener miedo a la muerte es algo normal y natural. Por naturaleza tememos a lo desconocido pues no sabemos que pasará, pero anteponer ese miedo normal como una forma de vida; y por tanto, transformarlo en un miedo irracional y constante, delimitando nuestra vida, es claramente un signo y un síntoma de que hay que empezar a trabajar en ello de una manera importante. La ansiedad extrema y la depresión pueden funcionar tanto como factores detonantes o como factores mantenedores, de dicho miedo.

Conclusión

A modo de conclusión, quisiera hacer referencia a una escena que me gusta muchísimo de la película “Saw 2”.

En esa escena, hablan el protagonista (que tiene un cáncer cerebral inoperable), y otra persona, sobre lo paradójico que es que las personas que no tienen una fecha mas o menos exacta de su muerte realmente no disfruta de la vida, pues piensan que su tiempo es infinito en este mundo; sin embargo, cuando a una persona se le dice esa fecha y que ésta es inminente, trata de saborearlo todo, desde un vaso de agua hasta un paseo por el parque.

Alguien que constantemente se diagnostica a sí misma, con los más extremos desenlaces negativos ante el mínimo síntoma o sensación corporal, que en su día a día vive con los ojos vueltos para adentro mirándose constantemente cualquier signo o síntoma, por ese terror tan grande a morir, realmente no vive su vida, realmente está muerta en vida, pues en su cabeza solo está la palabra “muerte”. Desafortunadamente, no vive ni disfruta de su vida, pues en su cabeza la idea de la muerte es más grande que la idea de estar hoy vivo y saborear el presente.

Ante esto, mi recomendación es buscar ayuda psicológica profesional, puesto que la tela de araña de los miedos es tan poderosa y tan grande que a uno solo, le es muy difícil desengancharse, cuando se ha liado bastante profundo a lo largo de tanto tiempo.