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Lizbeth García: «Es importante hablar más de las emociones»


Pocas personas pondrían en duda que las emociones son una parte muy importante de nuestras vidas. Sin embargo, durante mucho tiempo, se ha asumido que en numerosas situaciones estas deben ser totalmente reprimidas en favor de supuestos mandatos morales o de la necesidad de ganar aceptación social. Se proponía actuar como si lo emocional fuese una ficción.

Por suerte, con el paso del tiempo, hemos ido cobrando consciencia de que convertir las emociones (y, sobre todo, las llamadas "emociones negativas") en un tabú no solo no tiene sentido, sino que resulta dañino. Pero incluso hoy en día siguen quedando restos de esas dinámicas sociales ancladas en la tradición y los roles en las que lo emocional es combatido y castigado.

Por eso, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, psicólogos y psicólogas como nuestra entrevistada de hoy, Lizbeth García, proponen dar mucha más visibilidad a nuestro lado emocional.

Entrevista a Lizbeth García: la campaña #EmocionesAlChile ante el Día Mundial de la Salud Mental

Lizbeth García es psicóloga clínica y fundadora de Astronauta Emocional, uno de los centros de psicoterapia de referencia de Ciudad de México.

Desde su formación basada en el modelo cognitivo-conductual y la perspectiva de género, lleva años trabajando tanto en el apoyo individual a pacientes, como promoviendo y dando visibilidad a iniciativas de sensibilización en temas de salud mental a niel social y cultural. Esto último lo hace tanto desde las redes sociales de Astronauta Emocional (su cuenta de Instagram tiene muchos seguidores) como desde el podcast De Otro Planeta, dedicado a los temas relacionados con la Psicología.

En esta ocasión, Lizbeth os habla sobre la campaña que Astronauta Emocional lanza con motivo del Día Mundial de la Salud Mental: #EmocionesAlChile. A través de este hashtag, desde el que se difundirán vídeos e imágenes con referencias en el folklore mexicano, propone normalizar el hecho de hablar abiertamente sobre los problemas psicológicos más allá de los estigmas, de expresar las emociones, y evitar que determinados problemas se conviertan en tabú en vez de ser abordados o dar lugar a situaciones de apoyo social o psicoterapéutico.

¿Por qué sigue estando bastante normalizado ocultar nuestras emociones más intensas, o al menos no hablar de ellas?

Existen múltiples respuestas a esta pregunta, pero me atrevo a decir que una de las más representativas es que las emociones pueden tomarse como un símbolo de debilidad o vulnerabilidad y, bajo esta perspectiva, aquellas personas que se permiten experimentarlas pueden recibir respuestas invalidantes por parte de quienes lo rodean, o incluso, por sí mismas y por ello, se prefiere minimizarlas.

Otro punto es que a veces se ignora el papel que las emociones tiene en nuestra vida (las emociones como un mecanismo de interacción que nos “avisan” de los efectos en nosotrxs que tienen las situaciones internas y externas que conforman el día a día) y por el contrario se les ve como obstáculos o estorbos en nuestra experiencia humana.

Bajo esta lógica, las personas prefieren “ignorarlas” al no hablar sobre ellas, pero eso no cambia que las emociones sigan ahí. Es importante mencionar que estos mecanismos de evitación, minimización o intentos de ignorar nuestras emociones suelen ser más dañinos que benéficos por lo que es preferible aprender nuevos métodos de relacionarnos con nuestras experiencias emocionales.

Se tiende a asumir que los hombres deben ser unas personas frías, que no muestren sentimientos y emociones que puedan ser asociadas a la vulnerabilidad. ¿Qué papel juegan los roles de género en esta especie de autocensura?

Tienen un papel muy importante ya que los roles de género tradicionales dictan que las emociones son tema completamente del género femenino y aquel hombre que las muestre suele recibir descalificaciones al respecto (por lo regular descalificaciones machistas u homofóbicas).

Es evidente que los patrones de crianza basada en roles en conjunto con la presencia implícita de estos roles de género en distintos escenarios de interacción social permiten que estas ideas se perpetúen a lo largo de la vida de los hombres, que el proceso de permitirse vivir o no sus emociones se moldee de acuerdo a este aprendizaje homogéneo y que, por ende, se llegue a consolidar como una parte de la identidad masculina.

Frases tan cortas como “llorar es de niñas” o “compórtese como un hombrecito” suelen atribuir que los niños u hombres no pueden (o no deben) tener experiencias emocionales, y aunque seguramente ir en contra de estas ideas puede ser sumamente adverso en algunos contextos sociales, actualmente se comienzan a ver movimientos que normalizan las emociones ya que no son una cuestión de género, son parte de la experiencia humana, y es por ello que se debe hablar de nuevas formas en las que los hombres se pueden relacionar con el componente emocional que indudablemente está presente en su vida.

¿Qué temas tabú acerca del modo en el que experimentamos las emociones son los más prevalentes hoy en día? Tanto dentro del ámbito de la salud mental como fuera de este.

Que hablar de emociones es solamente necesario cuando ya no podemos con ellas, cuando son muy intensas o molestas, y que en estos momentos la tarea es aprender a controlarlas. La realidad es que no, no solo deberíamos hablar de emociones cuando ya son demasiado intensas y tampoco aprendemos a controlarlas, solamente aprendemos a regularlas y vivir con ellas de una manera más compasiva, más tranquila.

Otro tabú es que existen emociones buenas y malas. La realidad es que esta polaridad viene de la interpretación que le damos a nuestras emociones y de lo molestas que pueden ser algunas emociones, sin embargo, todas y cada una nos comunican cómo nos encontramos ante un evento y por ello, son importantes en nuestra vida.

Otro tabú que encontramos y que lamentablemente se ve perpetuado por figuras públicas que a veces hablan de este tema con fines de lucro, es que la mejor posibilidad que tenemos ante las emociones es siempre tratar de verle el lado positivo o mantenernos con la mejor actitud en todo momento. No es cierto.

Si bien sentir tristeza, miedo o enojo (por poner tan solo unos ejemplos) suele ser desagradable, es posible que estas emociones se minimicen si para hacerles frente tratamos de distorsionar nuestra visión en el extremo de la actitud positiva, ¿por qué no intentar y permitirnos sentir estas emociones que están ahí por algo? ¿Por qué no integrar los matices que conforman nuestra experiencia emocional?

Quizás esto suene raro “¿por qué alguien querría estar triste?”, pero no se trata de que queramos o no ciertas emociones, sino que es un hecho que las viviremos a lo largo de nuestra vida y por ello que mejor que aprender mejores formas de sentirlas.

¿Cuáles son las consecuencias más dañinas de no expresar lo que sentimos?

Indudablemente las emociones “buscan” algún método para ser expresadas o procesadas, entonces, aquellas personas que tienden a no hacerlo presentan conductas no deseables que cumplen esta función y en múltiples ocasiones presentan consecuencias adversas para su bienestar o integridad, comienzan a interponerse con sus actividades o incluso en su forma de relacionarse con otras personas.

En este punto es importante resaltar que no es que las personas busquen este tipo de mecanismos menos favorables para la expresión de emociones porque así lo quieran o porque sean incapaces de vislumbrar las posibles consecuencias adversas: como lo comentamos anteriormente, hay patrones sociales o culturales que rigen esto, y por ende, son poco conocidos otros métodos más favorables para el manejo emocional, o a veces estos métodos más adaptativos empiezan a tener efectos después de un largo plazo de su uso.

Por ejemplo, es común que, al sentir estrés o ansiedad, las personas quieran liberarse de ello y se emplean mecanismos de alivio emocional que tengan efectos inmediatos (pero adversos a largo plazo) como beber alcohol, ingerir comida sin realmente tener hambre o aislarse.

Por ello es importante hablar más de las emociones, y a veces acciones tan pequeñas como notar cuando empezamos a experimentarlas, escribirlas o incluso compartirlas con alguien de confianza, pueden contribuir a vivir con nuestras emociones de una manera más cálida.

Esto no es un trabajo menor y también es uno de los motivos por los que existen profesionales en la materia, especialmente los profesionales de la salud mental.

¿De qué manera puede ayudar una campaña como #EmocionesAlChile para facilitar que las personas expresen su manera de sentir?

Puede ser un primer acercamiento a normalizar lo que nos acontece a muchos de nosotrxs, hablar de aquello que le pasa a más de una persona y verlo como son: una parte de nosotrxs.

Claro que al ser un tema del que poco se habla, es importante hacerlo desde una perspectiva que nos sea familiar y es por ello que decidimos utilizar muchas referencias de nuestra cultura popular que tanto nos representa.

#EmocionesAlChile se trata de ver las emociones no desde el tabú o desde ese tema aburrido que solo los expertos abordan, se trata de reconocer que hablar de ellas puede ser una tarea fácil, a la que nos referimos con las palabras que cotidianamente utilizamos y más importante aún: que hay más de una persona sintiendo lo mismo que tú.

Emocionesalchile

Finalmente... ¿Qué consejos darías a una persona que quiera ayudar a otra a expresar sus emociones sin paralizarse por el miedo o la desconfianza?

El apoyo social es una de las herramientas más poderosas que tenemos para afrontar momentos difíciles, así que el simple hecho de hacernos presentes en la vida de aquellas personas que lidian con una situación particular es de gran ayuda.

Para brindar este apoyo siempre será importante tomar como punto de partida la perspectiva del otro para poder realmente tener una perspectiva empática, y la empatía no necesariamente se trata de aquello que llamamos “ponerse en los zapatos del otro” sino de que incluso en las diferencias que podamos tener con el otro, hacemos un esfuerzo por acompañarlo en aquello que lo aflige.

Quizás nunca sabremos a ciencia cierta cómo cada una de las personas viven sus emociones, pero mostrar interés y ofrecer un espacio donde puedan expresarlo sin prejuicios de por medio, puede ser el primer paso para que las personas comiencen a hablar de emociones.