Definición de extrínseco

El término extrínseco procede del vocablo latino extrinsĕcus. Se trata de un adjetivo que alude a aquello que es exterior o externo y a lo que no es primordial.

Por ejemplo: “Necesitamos contar con un punto de vista extrínseco ya que nosotros, al estar involucrados en el asunto, no podemos apreciar ciertas cosas que seguramente se observan desde fuera”, “Aunque el salario es muy importante, hay otros elementos extrínsecos que también inciden en la satisfacción del trabajador”, “Si sólo te quedas con lo extrínseco, nunca llegarás a conocer el problema a fondo y, por lo tanto, no lo podrás resolver”.

Muchas veces se entiende lo extrínseco por oposición a lo intrínseco. Mientras que lo extrínseco es externo y/o no constituye la esencia de algo, lo intrínseco es interno y/o resulta esencial.

Lo extrínseco, por lo tanto, procede de fuera o no es propio. Es habitual que se hable del envejecimiento extrínseco, por citar un caso. Este envejecimiento, a diferencia del intrínseco que se asocia a la genética, es causado por variables que no forman parte del organismo: la exposición a los rayos solares, el hábito de fumar, etc. Por lo tanto, si una persona no se expone al sol ni fuma, no va a sufrir estas consecuencias del envejecimiento extrínseco.

Con respecto al envejecimiento intrínseco, podemos mencionar los tres factores fundamentales: el tono, el pigmento de la piel nos provee una protección natural contra los rayos del sol, razón por la cual las pieles oscuras se mantienen mejor que las claras; la anatomía, cuestiones como la composición y el espesor de la piel de cada parte del cuerpo repercuten en que su envejecimiento no sea parejo; las hormonas, cuyos cambios afectan la piel.

Pues el envejecimiento extrínseco atiende todos las demás factores, los que nos llegan en forma de estímulos externos y afectan aún más nuestro inevitable deterioro. Retomemos el caso de la radiación solar, la principal de las causas: los rayos UVA provocan daños en nuestra piel que la llevan a envejecer antes de tiempo. También entran en esta ecuación la luz visible (la emitida por las pantallas) y la radiación infrarroja.

También hemos hablado del consumo de tabaco, que es peor porque no sólo afecta a quien lo realiza sino también a su entorno. La lista de estudios médicos acerca de los efectos de este hábito en la piel es interminable; incluso se ha comparado el estado de salud de hermanos gemelos, en familias donde solamente uno de ellos fumara, para demostrar que el tabaco es muy nocivo.

En particular, el envejecimiento extrínseco provocado por el consumo de tabaco se puede apreciar por medio de los siguientes signos:

* disminución del flujo sanguíneo, a causa de lo cual la piel recibe menos nutrientes y oxígeno;

* reducción de la elastina y del colágeno, que se traduce en la aparición de arrugas antes de tiempo y en mayor número;

* hiperpigmentación de la piel de la cara, que se aprecia en forma de irregularidad en su tono;

* aparición de cáncer de piel como resultado del daño oxidativo.

Nuestra alimentación es otro de los factores que repercute en el envejecimiento extrínseco, precisamente porque si la llevamos a cabo de manera responsable podemos adecuarla a nuestras necesidades nutricionales. Los expertos recomiendan una dieta abundante en antioxidantes, siendo la Vitamina C uno de los más importantes. Lo opuesto, por supuesto, es una alta en carbohidratos y grasas saturadas.

Tomemos el caso de los factores extrínsecos que afectan el estado y la calidad de un alimento. Entre ellos se encuentran la humedad ambiental y la temperatura de almacenamiento, que no “pertenecen” al producto en cuestión, pero pueden alterar su composición y sus cualidades.

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