Lengua y literatura

Licencias poéticas: definición, cuáles son y ejemplos


¿Qué son las licencias poéticas?

Las licencias poéticas son una serie de recursos utilizados en poesía para poder mantener el número de sílabas de cada verso. Esos recursos permiten no cumplir las normas de la gramática con el fin de mejorar el ritmo de la obra. En total, las licencias son cuatro: sinalefa, hiato, diéresis y sinéresis.

El uso de esas licencias viene dado por una de las principales características de la poesía: su uso de la medición. Los escritores que cultivan este género han de tener muy presente aspectos como la longitud de las palabras utilizadas, su terminación y cómo se comportan las sílabas.

De manera muy resumida podría afirmarse que los poemas están compuestos por varias estrofas formadas por un número determinado de versos según el tipo de pieza poética. La métrica, esto es, la medida de esos versos y su forma de estructurarse son fundamentales para que el autor transmita su mensaje.

Para que la métrica sea la adecuada, los poetas utilizan las cuatro licencias poéticas. Con ellas, consiguen que el verso tenga las sílabas adecuadas, ya que permiten restar o sumar alguna al total. Por ejemplo, si se quiere escribir un verso alejandrino, que tiene 14 sílabas, las licencias ofrecen la posibilidad de ajustar la medida.

¿Cuáles son las licencias poéticas?

Para restas o sumar las sílabas de los versos, los poetas pueden utilizar cuatro licencias poéticas diferentes, cada una con un efecto diferente: sinalefa, hiato, sinéresis y diéresis.

1- Sinalefa

La sinalefa es la licencia poética con la que el autor une dos o más sílaba pertenecientes a palabras distintas, siempre que estas estén una al lado de otra. Con esto, se consigue convertir esas dos sílabas en una sola.

Se trata de unir la vocal final de la palabra con la vocal con la que comienza la siguiente. También es posible utilizar la sinalefa cuando la segunda palabra comienza con “h”. En su uso, la “y” final o inicial permite hacer la sinalefa.

  • Un ejemplo puede verse en la oración “Marta estaba enferma“.

Utilizando la sinalefa, la cuenta de las sílabas de esta palabra sería la siguiente: Mar/ta_es/ta/ba_en/fer/ma. En total, seis sílabas en lugar de las ocho que se obtendrían sin esta licencia poética.

Por otra parte, la sinalefa puede realizarse incluso con vocales cerradas, aunque normalmente dos de ellas dan lugar a un hiato.

Por último, también se puede usar la sinalefa uniendo tres vocales continuas pertenecientes a tres palabras.

Sin embargo, no es posible formar una sinalefa cuando las vocales a unir son tónicas, esto es, son las que reciben la acentuación:

  • Ejemplo: Me reí alto. Tanto la “í” final del verbo como la a inicial de “alto” son tónicas, lo que impide formar la sinalefa. Por lo tanto, siempre deben contarse esas sílabas por separado.

Ejemplo en un poema

Dentro de Cien sonetos de amor, de Pablo Neruda, se encuentra el siguiente soneto:

“Sabrás que no te amo y que te amo

puesto que de dos modos es la vida,

la palabra es un ala del silencio,

el fuego tiene una mitad de frío”.

El primero de los versos cuenta con dos sinalefas, ambas formadas con las palabras “te amo”. Gracias a esto, el autor pudo descontar dos sílabas al total.

2- Hiato

La función del hiato como licencia poética es evitar la formación de una sinalefa, algo que al recitar es natural en español.

En este caso, una palabra que termina en vocal no debe unirse con la siguiente, aunque esta se inicie con otra vocal. El autor debe conseguir que amabas sílabas continuas se pronuncien por separado, tanto por una cuestión rítmica como para obtener la métrica (el número de sílabas del verso) que se pretende.

Para conseguirlo, el autor utiliza una palabra cuyo acento rítmico se encuentre en la última sílaba. Otro método es poner un símbolo de puntuación o una conjunción que obligue a hacer una pausa al pronunciar lo escrito.

Ejemplo en un verso

Los versos siguientes ofrecen un buen ejemplo de hiato:

La única verdad es el amor;
el resto es un error.

En esta ocasión, el autor ha evitado que se produzca una sinalefa entre “la” y “única”. Lo mismo ha ocurrido entre “resto” y “es”. En ambos casos ha sido la introducción de sílabas tónicas la que ha provocado la formación del hiato.

Otro ejemplo se puede contemplar en el siguiente verso:

Escrito está en mi alma vuestro gesto.

En esta ocasión, el autor ha permitido la formación de una sinalefa entre “escrito” y “está”. En cambio, ha formado un hiato entre las palabras “mi” y “alma”, ya que esta segunda comienza con una sílaba tónica. Al final, el verso cuenta con once sílabas.

3- Sinéresis

Esta licencia poética, también llamada sinícesis o y sinecfónesis, consiste en formar un diptongo en una palabra que no lo tiene. El diptongo se presenta cuando dos vocales de una misma palabra se unen, para lo que no pueden tener acento ortográfico.

Un ejemplo de diptongo se encuentra en la palabra “triunfo”, en la que dos vocales cerradas, la “i” y la “u” se unen para formar el diptongo “iu”. “Mediterráneo” también presenta un diptongo entre las letras “e” y “o”, mientras que “reina” lo hace con las vocales “e” e “i”.

En la poesía, el diptongo es utilizado por el autor para crear un único bloque silábico. El objetivo es reducir la cantidad de sílabas del verso para ajustarlo a la métrica de la forma poética que se pretenda escribir.

Ejemplo en un poema

En su poema Ahora que estoy despacio, Luis de Góngora escribió los siguientes versos:

“… ellas ponian el dedal

y yo ponía la aguja.

A todas quería bien,

con todas tenia ventura…”.

En esta ocasión, el autor eliminó la tilde en las palabras “ponían” y “tenía”. Su propósito era crear diptongos y que el ritmo de su obra redujera su intensidad al llegar a esos puntos.

4- Diéresis

La diéresis consiste en romper intencionadamente un diptongo, es decir una sílaba formada por dos vocales unidas. Así, el verso gana una sílaba en su métrica y se produce una variación en su ritmo.

Esta licencia poética no es demasiado utilizada. Para señalar su uso se coloca una diéresis (¨) sobre la vocal correspondiente.

Ejemplo en un poema

Égloga II de Garcilaso de la Vega

“El dulce murmurar deste rüido

el mover de los árboles al viento

el süave susurro

con un manso rüido

de agua corriente y clara…”.