Medicina

Matilde Montoya: biografía y aportes a México


Matilde Montoya fue la primera mujer que obtuvo el grado de medicina en México, así como un doctorado en la misma materia. Nacida en 1859, para conseguir ese logro debió enfrentarse a un sistema educativo, social y profesional que no concebía que las mujeres pudieran ejercer determinadas profesiones, incluida la medicina.

Su infancia ya transcurrió en un ambiente difícil a causa de la discriminación hacia las mujeres. Su padre, muy conservador, no entendía que quisiera estudiar y solo el apoyo decidido de su madre le permitió cumplir con sus sueños.

Al no poder ingresar en un primer momento en la Escuela Nacional de Medicina, Montoya debió inscribirse en la Escuela de Parteras y Obstetras de la Casa de Maternidad. Después de un tiempo trabajando como partera, intentó de nuevo estudiar medicina. Ante las dificultades que encontró, decidió recurrir al entonces presidente del país, Porfirio Díaz.

El apoyo de Porfirio Díaz le abrió las puertas para graduarse en medicina y, tras obtener su título, ejercer esa profesión durante varias décadas. Matilde Montoya se convirtió en un símbolo feminista en México y fue pionera para que el papel de la mujer no fuera solo el de trabajar en casa y criar a sus hijos.

Índice del artículo

Biografía

Nacimiento e infancia

Matilde Petra Montoya Lafragua, nombre completo de la futura profesional de la medicina, nació en Ciudad de México, el 14 de marzo de 1859.

Su infancia fue marcada por el diferente carácter de sus padres, Así, José María Montoya, su padre, era un hombre profundamente conservador y dominante, hasta el punto de que prohibía salir a la calle a su esposa, Soledad Lafragua. Esta dedicó casi todo su tiempo a educar a su hija.

El resultado de esa dedicación fue que, con solo cuatro años, Matilde supiera ya escribir y leer. A pesar de eso, su padre seguía sin comprender el interés de la niña por formarse. Solo el interés de su madre, que le conseguía libros y apuntes, permitió que desarrollara todo su potencial.

Matilde Montoya obtuvo así una cultura y educación sobresaliente, lo que paradójicamente le impidió ingresar en algunos centros educativos por su corta edad. De esta forma, cuando terminó su educación primera no pudo ingresar en la secundaria al tener solo 12 años.

La madre contrató a tutores privados para que Montoya pudiera proseguir sus estudios. Con 13 años, aprobó la prueba para convertirse en maestra de primaria, pero no encontró ningún trabajo debido a su edad.

Partera

Después de que su padre falleciera, Matilde Montoya se inscribió en la Escuela Nacional de Medicina con la intención de estudiar la carrera de obstetricia y partera.

Sin embargo, la joven no podía costear los estudios de ese centro y tuvo que abandonar su idea e ingresar en la Escuela de Parteras y Obstetras de la Casa de Maternidad, una institución que principalmente atendía a madres solteras y daba atención a los partos que querían ocultarse.

Montoya pasó dos años estudiando teoría. Con 16 años, tras aprobar un examen y pasar su periodo de prácticas en la Casa de Maternidad, recibió el título de partera. Con ese reconocimiento académico, la joven se trasladó a Puebla para empezar a trabajar.

A pesar de encontrar trabajo como partera, Montoya no dejó de formarse. Así, tomó clases en escuelas particulares para completar sus estudios de bachillerato. Además, ejerció como auxiliar de cirugía de dos doctores, Manuel Soriano y Luis Muñoz.

Primeros ataques en su contra

Durante esta etapa, Montoya empezó a ganarse una gran fama como partera. Su profesionalismo y conocimientos eran considerados mayores que los de muchos médicos locales.

En el aspecto negativo, la fama que Montoya estaba obteniendo provocó que varios médicos empezaron a organizar campañas en su contra, con difamaciones en los medios de comunicación. En esos artículos se aconsejaba no contratarla como partera, ya que la acusaban de ser masona y protestante.

Esta presión acabó provocando que Matilde Montoya se retirara durante un tiempo a Veracruz.

Estudios de medicina

Tras regresar a Puebla, Montoya intentó ingresar en la Escuela de Medicina de esa ciudad. Gracias a un brillante examen de admisión, fue aceptada en el centro en una ceremonia pública a la que asistieron para mostrarle su apoyo el gobernador del estado, los miembros del Poder Judicial, un gran número de maestras y muchas mujeres de la alta sociedad.

Este gran paso para la carrera de Montoya encontró también feroces opositores. Los sectores más radicales aumentaron sus ataques y destacó un artículo cuyo encabezado era “Impúdica y peligrosa mujer pretende convertirse en médica”.

Esas críticas lograron que Matilde decidiera regresar a Ciudad de México. Allí, en 1882, fue aceptada su solicitud para ingresar en la Escuela Nacional de Medicina.

Los ataques contra Montoya volvieron a aparecer. Algunos afirmaban incluso que debía de tratarse de una mujer muy perversa para poder ver cadáveres de hombres desnudos.

Por fortuna, también encontró apoyos durante sus estudios, especialmente de un grupo de compañeros que recibieron el apodo, despectivo, de “los montoyos”.

Trabas a sus estudios

Montoya tuvo que enfrentarse a serias dificultades durante sus estudios. Las primeras se presentaron antes de los exámenes de su primer año, cuando sus críticos pidieron que se revisara la validez de sus materias de bachillerato.

Ante esto, Montoya pidió que en el caso de no se revalidaran esas materias, pudiera cursarlas de nuevo en la Escuela de San Ildefonso por las tardes. Su solicitud fue rechazada porque en el reglamento de la escuela solo aparecía el término “alumnos” y no “alumnas”.

Intervención de Porfirio Díaz

Sin encontrar ninguna salida, Montoya decidió enviar una carta al presidente de México, en esos momentos Porfirio Díaz. Este atendió la petición de la joven y ordenó al secretario de Ilustración Pública y Justicia que “sugiriera” al director de San Ildefonso que permitiera a Montoya cursar las asignaturas que necesitaba.

Gracias a esto, Montoya pudo continuar sus estudios con unas excelentes calificaciones. Sin embargo, después de preparar su tesis, recibió la negativa a su petición de hacer el examen profesional. La causa fue, de nuevo, que en el estatuto solo se contemplaba a los alumnos masculinos.

Montoya volvió a recurrir a Porfirio Díaz, quien pidió a la Cámara de Diputados que reformara los estatutos de la Escuela Nacional de Medicina para que las mujeres pudieran acceder y graduarse.

Para no tener que esperar a que la reforma estuviera aprobada, el presidente emitió un decreto para que Montoya pudiera hacer su examen profesional en 1887.

Esto le costó a Matilde Montoya que sus críticos afirmaran falsamente que había recibido el título por decreto presidencial.

Graduación

La parte teoría del examen fue completada con brillantez por Montoya, que lo realizó apoyada por varias mujeres que se habían reunido en el lugar.

El examen práctico tuvo lugar en el Hospital de San Andrés. Al mismo asistieron varios personajes públicos, incluido el propio presidente Porfirio Díaz.

Montoya tuvo que recorrer la sala de pacientes del hospital mientras respondía a diferentes preguntas sobre las enfermedades que padecían. Finalmente, el tribunal la aprobó por unanimidad, resultado que fue recibido con una gran ovación.

Más adelante, el 19 de agosto de 1891, Matilde Montoya presentó ante el organismo correspondiente el título de médico cirujana, que había sido expedido cuatro años antes, el 24 de septiembre de 1887.

Ejercicio profesional

Durante los años siguientes, Matilde Montoya ejerció su profesión en dos consultorios privados. Un de ellos estaba ubicado en Mixcoac y el otro en Santa María la Ribera. La médica cobraba a sus pacientes una cantidad que dependía de sus posibilidades económicas.

Muerte

Matilde Montoya estuvo ejerciendo la medicina hasta los 73 años, cuando tuvo que retirarse debido a su delicado estado de salud. La primera médica de México falleció seis años más tarde, el 26 de enero de 1938.

Aportes de Matilde Montoya

El principal aporte de Matilde Montoya fue más allá de su logro personal de convertirse en médica. Su trayectoria supuso un gran impulso para la situación de las mujeres en el país. Tras su graduación, la prensa nacional comenzó a publicar artículos que apoyaban la promulgación de leyes más inclusivas.

Además, Montoya consiguió que el término partera, que hasta entonces había sido utilizado de forma despectiva, adquiriera prestigio.

Su trayectoria fue reconocida en 1937 en un homenaje pública por la Asociación de Médicas Mexicana, la Asociación de Universitarias Mexicanas y el Ateneo de Mujeres.

Símbolo feminista

La lucha de Montoya para conseguir estudiar en un contexto dominado por los hombres la convirtió en un auténtico símbolo feminista. Ella se convirtió en partera, obstetra y cirujana en 1887 y abrió el camino para que hoy en día más de la mitad de los alumnos de la facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México sean mujeres.

Para conseguir su sueño de ser médica, Matilde Montoya tuvo que enfrentarse a un conjunto de leyes que consideraban a la mujer como menor de edad. A finales del siglo XIX, su representación recaía en sus padres o maridos.

En la educación, la diferencia de género era muy clara. Así, los hombres podían acceder a la educación superior, mientras que las mujeres solo llegaban a la secundaria. Por ese motivo, muchas jóvenes empezaron a aprender con clases particulares en sus casas.

Además de su labor como médica, Matilde Montoya formó parte de asociaciones femeninas como el Ateneo Mexicano de Mujeres y Las Hijas de Anáhuac. En 1923, fue una de las asistentes a la Segunda Conferencia Panamericana de Mujeres.

Dos años más tarde de ese encuentro, en 1925, Matilde Montoya fundó, junto a la doctora Aurora Uribe, la Asociación de Médicas Mexicanas. Sin embargo, nunca llegó a ser invitada a formar parte de ninguna academia o colegio médico oficial, que todavía eran exclusivamente para hombres.

Otros aportes

Matilde Montoya fue también la fundadora de la Sociedad Filantrópica. Entre sus actividades se encuentra el taller de costura que organizó en 1890 para las obreras de la casa número 305.

En 1891, colaboró con la Sociedad Luz y Trabajo para fundar la Escuela-Obrador: Luz y Trabajo, una institución destinada a la formación de las hijas de las obreras.

Por otra parte, Matilde también se unió a la Sociedad Mexicana de Costureras «Sor Juana Inés de la Cruz», y fue socia del Ateneo de Mujeres.

Otra de sus actividades para mejorar la situación de los más desfavorecidos la desarrolló como miembro de la Liga Médica Humanitaria. Esta asociación abrió en 1891 varios consultorios médicos nocturnos en los que aquellos con pocos recursos económicos podían ser atendidos a cualquier hora a un precio módico.

Referencias

  1. De la Garza Arregui, Bernardina. Matilde Montoya: la historia de la primera médica mexicana. Obtenido de mxcity.mx
  2. Alemán Saavedra, Tania. Dra. Matilde Montoya: primera médica mexicana. Obtenido de mexicodesconocido.com.mx
  3. EcuRed. Matilde Montoya. Obtenido de ecured.cu
  4. Academic. Matilde Montoya. Obtenido de enacademic.com
  5. Secretaría de Salud. Do you Know Matilde Montoya, the first Mexican female doctor?. Obtenido de gob.mx
  6. Schuett, Katja. Matilde Montoya Lafragua The First Mexican Lady Physician and Homeopath. Obtenido de hpathy.com
  7. Alchetron. Matilde Montoya. Obtenido de alchetron.com