Neuropsicología

10 Consecuencias del Alzheimer en paciente y familia


Las consecuencias principales del Alzheimer más comunes son una notable pérdida de memoria y la incapacidad de acordarse de eventos pasados. Sin embargo, esta enfermedad va mucho más allá y acarrea efectos muy graves tanto para el enfermo como para las personas que está a su alrededor.

Así mismo, las repercusiones del Alzheimer sobre la sociedad tienen un impacto muy elevado que a menudo pasa desapercibido. En este artículo especificaremos qué la pasa a una persona que padece esta patología neurodegenerativa y explicaremos qué impacto crea de forma irreversible en su entorno.

El Alzheimer y su impacto

¿Por qué es tan perjudicial padecer Alzheimer? ¿Cuál es el motivo por el que se asocian tantas consecuencias negativas a esta enfermedad y cómo se explica la magnitud de su impacto en distintos ámbitos?

Para poder dar respuesta a todas estas preguntas es necesario aproximarse y comprender adecuadamente esta enfermedad. Y es que el Alzheimer, a diferencia de lo que mucha gente cree, no implica un simple pérdida de memoria.

De hecho, aunque esta patología implicara solamente una disfunción de este tipo de capacidades, sus consecuencias también serían muy elevadas. No obstante, el Alzheimer es una patología que provoca una degeneración progresiva, irreversible y completa del funcionamiento del cerebro.

Esto quiere decir que una persona con esta patología, va perdiendo poco a poco todas las funciones que realiza a través de su cerebro.

Teniendo en cuenta que la totalidad de las habilidades que tenemos las personas están, en mayor o menor medida, reguladas por las regiones cerebrales, padecer Alzheimer implica perder de forma lenta y progresiva la totalidad de las capacidades personales.

Atendiendo a esto, las consecuencias del Alzheimer pueden abarcar cualquier aspecto de la vida de la persona y, por lo tanto, son de notable intensidad.

Además, el hecho de que una persona vaya perdiendo todas las habilidades que le han definido durante su vida, implica la aparición de repercusiones en sus familiares más directos y en todo su círculo social.

Las 10 consecuencias principales del Alzheimer

1- Pérdida de memoria

Es el síntoma patognómico de la enfermedad y el aspecto que todos relacionamos de forma automática con esta enfermedad. Aunque tal y como hemos dicho, el Alzheimer no implica una simple pérdida de memoria, esta es la consecuencia que aparece con mayor precocidad.

La patología implica una pérdida de la capacidad de memorizar, recordar y aprender desde sus primeras etapas. En un inicio, estos síntomas son menos notorios, y se limitan a una disminución de la capacidad para retener nueva información.

No obstante, como venimos repitiendo, el Alzheimer es una patología progresiva, por lo que poco a poco la memoria va empeorando. A medida que avanza la enfermedad el individuo empieza a no solo aprender cosas nuevas, sino a olvidar cosas previamente aprendidas.

Este factor implica, en un principio, el olvido de aspectos más o menos irrelevantes para la vida del enfermo. Sin embargo, con el transcurso del tiempo el sujeto olvidará cualquier tipo de recuerdo almacenado en su mente, incluido la identidad de sus más allegados, su propio nombre o sus vivencias más importantes.

2- Pérdida de otras funciones

La pérdida de memoria es importante sí, pero posiblemente no la que origine las consecuencias más relevantes sobre el paciente. La persona con Alzheimer no es un individuo que funciona a la perfección con el hándicap de no poder recordar.

Y es que del mismo modo que las regiones cerebrales que llevan a cabo los procesos de memoria se van degenerando y van “muriendo” poco a poco, las zonas del cerebro que realizan otro tipo de procesos también lo hace.

Esto implica que la persona vaya perdiendo su capacidad de hablar, de atender, percibir y razonar de forma adecuada.

El Alzheimer va eliminando poco a poco todas las habilidades y capacidades del sujeto, por lo que este “olvida” cómo se hace un huevo frito, cómo se articulan las palabras o cómo se escribe.

Al igual que sucede con la memoria, estas pérdidas van apareciendo poco a poco, pero tarde o temprano acabarán eliminando cualquier tipo de capacidad cognitiva del individuo.

3- Pérdida de autonomía

Los dos puntos anteriores implican una clara pérdida de autonomía de la persona, ya que la enfermedad le impide funcionar como antes. Durante las primeras etapas el enfermo con Alzheimer puede padecer únicamente ligeras pérdidas de memoria, por lo que puede conservar, en cierta medida, su autonomía.

No obstante, la progresión de la enfermedad impide la conservación de esta y, por lo tanto, hace que el individuo requiera un cuidado intensivo.

En las fases avanzadas del Alzheimer se suelen comparar las necesidades del enfermo con las de los niños pequeños, por lo que muy a menudo se les cataloga como “niños ancianos”.

Una persona con Alzheimer puede necesitar que le hagan la comida, que le ayuden a vestirse o que le tengan que acompañar a cualquier sitio porque si no se pierde. Sin embargo, la progresión de la enfermedad hace que este tipo de consecuencias no es queden aquí y continúen hasta una pérdida de autonomía total.

Un individuo con Alzheimer, en las etapas finales, requerirá ayuda para asearse, para realizar sus necesidades y para que le guíen y le acompañen en cualquier actividad que tenga que realizar.

4- Pérdida de identidad

Esta es una de las consecuencias más devastadoras y más difíciles de aceptar de la enfermedad de Alzheimer. Y es que el olvido que induce la muerte progresiva de neuronas del cerebro, implica a largo plazo, una pérdida total de identidad.

Esto quiere decir que el individuo dejará saber quién es, cómo se llama y cómo es o cómo era antes de la enfermedad. Así mismo, olvidará la identidad de sus familiares y de las personas más allegadas como conyugues, hijos o nietos.

El recuerdo facial sobre estas personas dejarán de estar en el cerebro del enfermo, y su identidad y la relación personal que tienen establecida con él también.

Esta consecuencia es probablemente la que implica un mayor impacto emocional sobre los familiares y las personas que tienen una relación afectiva con el individuo afectado por el Alzheimer.

Aceptar que aunque siga viva, el Alzheimer se ha llevado a la persona que tanto queremos es uno de los procesos emocionales más difíciles de realizar.

5- Dependencia familiar

La pérdida de identidad, capacidad y autonomía del enfermo hace que este pase, de forma automática, a depender de sus familiares. La familia será la encargada de cuidarle y ayudarle a realizar todas esas acciones que ya no puede hacer por sí solo.

La atención que requiere es completa, por lo que la dedicación de la familia debe ser también total, implicando una carga de trabajo más que notoria.

6- Sobrecarga del cuidador

Aunque la dependencia del enfermo recae en la familia, independientemente de las estructuras que pueda tener esta, el cuidado del enfermo recaerá principalmente en una sola persona.

Ante esta situación nace la figura del cuidador principal, es decir, la persona que se encarga de hacer por el enfermo todo eso que él ya no es capaz de hacer. 

Estudios recientes pone de manifiesto que la mayoría de los cuidadores principales (87%) son familiares, mientras que una minoría son cuidadores profesionales. Así mismo, se pone de manifiesto una clara prevalencia del género femenino, ya que el 80% de cuidadores principales son mujeres.

Además, atendiendo al impacto tanto funcional como emocional que genera el Alzheimer sobre los familiares, la sobrecarga y las consecuencias de los cuidadores principales son muy elevadas.

Un estudio reciente puso de manifiesto que el 70% de los cuidadores principales tienen dificultades para llevar una vida normal.

Así mismo, los cuidadores principales suelen padecer con frecuencia estrés, propensión a tomar tranquilizantes, estado de ánimo más bajo, uso de antidepresivos, y disminución del número de actividad y relaciones externas a la familia.

Hay muchos factores que pueden modular los impactos negativos sobre el cuidador principal, sin embargo, implica una situación de riesgo clara para la persona.

7- Repercusión en la familia

A pesar que la carga principal, como acabamos de ver, recae en una única persona, el hecho de que un familiar padezca Alzheimer puede afectar al funcionamiento global de la familia.

Cuando el conyugue del enfermo está vivo y apto para el cuidado, la elección del cuidador principal suele ser sencilla. No obstante, cuando esto no sucede, suele ser complicado acordar quien realizará tales funciones y por qué.

En ambos casos, los problemas familiares pueden aflorar con facilidad debido a la complejidad de la situación.

Hay que tener en cuenta que tener un familiar con Alzheimer no solo implica alteraciones en el funcionamiento logístico y práctico de la familia, sino que la enfermedad va acompañada de un elevado componente emocional.

La carga de trabajo directa sobre la familia de forma conjunta con la alteración emocional que origina el significado de la enfermedad, puede confeccionar una situación más que difícil de gestionar.

Cada miembro de la familia vivirá la patología de una forma distinta, por lo que es muy importante adoptar una buena coordinación, y contar con espacios de diálogo y expresión para mitigar las consecuencias del Alzheimer sobre el seno de la familia.

8- Costes económicos

Calcular y cuantificar el impacto económico que tiene una enfermedad como el Alzheimer es complicado de realizar.

Esta patología implica tanto costes directos, relativos a los gastos que supone la atención del cliente, como costes indirectos, derivados de los cuidados informales.

Los costes directos sanitarios aumentan según progresa la enfermedad, ya que el paciente cada vez requerirá mayores atenciones, utilizará más los servicios sanitarios, acudirá con mayor frecuencia a urgencias, etc.

Por lo que respecta los costes indirectos, la cuantificación es complicada, ya que como el Alzheimer es una patología que suele iniciarse a partir de los 65 años de edad, deben calcularse en función del impacto sobre los cuidadores en vez sobre los impactos sobre el propio enfermo.

Esto quiere decir que en la mayoría de los casos el Alzheimer no provoca una pérdida de capacidad profesional en el enfermo (el cual normalmente ya se encuentra jubilado) pero sí lo hace en el cuidador (el cual ve afectada su capacidad de trabajar debido a la carga de trabajo que le supone el cuidado de su familiar).

Aunque los costes económicos pueden variar en cada caso, tener un familiar con Alzheimer implica unos gastos muy elevados.

9- Efectos en la sociedad

A pesar de todas estas dificultades para calcular los costes de la enfermedad de Alzheimer en el seno de cada familia, sí que existen estudios que ponen de manifiesto cual es el impacto económico de esta patología en la sociedad.

Se ha calculado que a nivel mundial, los costes anuales de la demencia fueron de 422 mil millones de dólares en 2009 (más de la tercera parte del PIB de España en 2010).

En España los costes por paciente oscilan entre los 18.000 y los 52.000 euros anuales, según el grado de demencia. La familia asume el 87% del coste y el resto es sufragado con fondos públicos

10- Fallecimiento

La consecuencia final de la enfermedad de Alzheimer es el fallecimiento del individuo.

Hay que tener en cuenta que la muerte por Alzheimer es secundaria a la enfermedad, por lo que esta patología no causa el fallecimiento de una forma directa pero sí que degenera el organismo e incapacita a la persona para superar otras patologías.

En la investigación actual se están estudiando asociaciones entre Alzheimer y múltiples patologías como hipertensión, enfermedad coronaria o diabetes. No obstante, las principales causas de muerte entre los pacientes con Alzheimer es, con diferencia, las infecciones.

Referencias

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