Historia

Revolución rusa: causas, características, desarrollo y consecuencias


La Revolución rusa fue un levantamiento armado que se produjo, con diversos escenarios, entre febrero y octubre de 1917 según el calendario juliano, entonces utilizado en Rusia. Para el resto de los países, con calendario gregoriano, los meses de la revolución fueron marzo y noviembre.

La situación en Rusia antes de la Revolución era muy precaria. El gobierno zarista conservaba aún rasgos casi absolutistas. La situación en el mundo rural era prácticamente feudal, aunque en teoría ese tipo de organización social había sido abolido. El hambre era habitual entre la población, exceptuando a los miembros de las clases privilegiadas.

La Primera Guerra Mundial, que comenzó en 1914, empeoró aún más la situación. Rusia veía como su ejército no podía contener al enemigo. Ante esto, en febrero de 1917, estalló la primera fase de la Revolución. El resultado fue el derrocamiento del Zar y la creación de dos poderes en el país: el Parlamento y los soviets bolcheviques. La segunda fase, en octubre, acabó con estos segundos tomando el poder.

De esta manera nació, pocos años después, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Hasta finales del siglo XX, sería el contrapunto a todos los niveles de los países capitalistas, encabezados por los Estados Unidos.

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Antecedentes

Aunque el sistema feudal había sido abolido en 1861, fuera de las grandes ciudades poco había cambiado en la Rusia de principios del siglo XX.

A diferencia de la mayor parte del continente europeo, no se había producido ningún proceso de industrialización y la situación económica era dramática para todos los que no pertenecieran a la nobleza.

Aspectos económicos

Los expertos señalan que a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, en Rusia la mayoría dela población se dedicaba a la agricultura y a la ganadería. Sin embargo, paradójicamente, la producción era insuficiente para cubrir las necesidades.

Las principales causas eran el uso de técnicas anticuadas y la gran corrupción existente en la administración. Además, la estructura de propiedad estaba basada en grandes latifundios en manos de la Corona, los nobles y la Iglesia.

Todo esto, unido a la falta de industrialización, provocaba que la población, a excepción de los privilegiados, viviera en la penuria, con graves episodios de hambrunas.

Aspectos sociales y políticos

En lo político, la Rusia zarista se caracterizaba por la falta de libertades y derechos. El Zar acumulaba en sus manos todo el poder como cabeza visible de un régimen absolutista y teocrático. La Iglesia, la aristocracia y el ejército completaban los organismos con autoridad en el país.

La Duma, el parlamento ruso en esos momentos, apenas tenía atribuciones y su poder quedaba supeditado al del Zar.

Por otra parte, en Rusia apenas había aparecido la clase media ni la burguesía, aunque sí comenzaba a crearse una élite intelectual. Esta tendría gran importancia durante la Revolución.

Revolución de 1905

El antecedente más conocido de la Revolución de 1917 tuvo lugar 12 años antes, en 1905. El escenario fue la capital del país, San Petersburgo. Allí, a principios de año, una manifestación acabó siendo violentamente reprimida en una jornada que recibió el nombre de “Domingo Sangriento”.

A partir de esa fecha, se sucedieron las protestas, sin que el gobierno pudiera calmar la situación. A finales de año, el Zar Nicolás II tuvo que acceder a implementar varias reformas tras ser obligado a firmar el Manifiesto de Octubre.

Mediante este documento se comprometió a crear un parlamento con poderes legislativos y con miembros que no fueran solo de la nobleza. Además, garantizó derechos civiles como la huelga y una mayor libertad de prensa.

Sin embargo, Nicolás II no cumplió lo prometido. Cuando el ejército regresó de Asia, donde había estado luchando contra Japón, la represión fue brutal. La Duma, que fue convocada en varias ocasiones, no tenía los poderes prometidos y no podía oponerse a las decisiones del monarca.

A pesar de todo eso, la Revolución de 1905 supuso la toma de consciencia política de la población. Por primera vez, el poder del Zar había sido desafiado.

Oposición al Zar

Muchos líderes opositores, especialmente los socialistas, marcharon al exilio. El más destacado fue el bolchevique Lenin, quien abogaba por una revolución socialista en el país.

Tas 1905, la izquierda rusa se había convertido en la oposición más importante al régimen zarista. Dentro de ella existían varias facciones, destacando la de los mencheviques, que apostaban por una revolución burguesa, y la de los bolcheviques, partidarios de una revolución socialista.

Primera Guerra Mundial 

Rusia entró en la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914. Nicolás II aprobó la entrada en el conflicto y todos los partidos existentes, menos bolcheviques y mencheviques, apoyaron su decisión.

Como el resto de lo contendientes, Rusia pensó que la guerra sería corta. El país se posicionó junto a Francia y Gran Bretaña, enfrentándose a Austria-Hungría y Alemania, principalmente.

Sin embargo, el conflicto fue alargándose. Rusia, tal y como le ocurriera en su guerra con Japón, empezó a mostrar síntomas de debilidad, con algunas derrotas importantes.

Además, el esfuerzo bélico afectó a la economía nacional. El pueblo padeció aún más penurias y la tensión era enorme entre los propios soldados. Para finales de 1916, la moral de las tropas era muy baja y el frente de guerra se aproximaba a la capital.

Inicios de 1917

A principios de 1917, el pueblo comenzó a protestar. El 9 de enero (22 de febrero en el calendario gregoriano) se convocó una gran manifestación en la capital. Según los cálculos, 150000 trabajadores secundaron la huelga convocada.

Esta no fue la única manifestación de descontento en esa época. El invierno había sido muy frío y la escasez de alimento aumentó todavía más. En toda Rusia faltaban alimentos y productos de primera necesidad, incluso se producían colas para comprar pan.

Causas

El estallido de la Revolución rusa se debió a varias causas, aunque hubo diferencias entre la primera fase, en febrero, y la segunda, en octubre. Mientras la primera fue una reacción a la situación política, social y económica que vivía el país, la segunda fue provocada por la intención de los soviets de instaurar el socialismo.

Causas políticas

A pesar de las reformas prometidas por el Zar tras la Revolución de 1905, el sistema político del país estaba basado en el autoritarismo.

El Zar acumulaba todos los resortes del poder, sin tener que rendir cuentas a nadie. Solo la aristocracia, el clero y el Ejército tenían buenas condiciones de vida. El resto sobrevivía sin libertades públicas ni derechos de ningún tipo.

Causas sociales

Lo anterior provocaba que la sociedad rusa fuera totalmente desigual. En ella existían dos clases sociales perfectamente delimitadas, con el monarca en la cúspide de poder.

Tras su figura se encontraba la nobleza, cuyos privilegios iban desde la propiedad de la tierra a la influencia política.

En la base de esa pirámide estaba el resto de la población, tanto profesionales como obreros y campesinos. Las condiciones laborales eran inhumanas, con un excesivo número de horas de trabajo y salarios de miseria.

Causas económicas

Como se ha señalado, Rusia era un país con una economía casi totalmente agrícola. Las tierras, y por lo tanto las riquezas, estaban concentradas en manos de la nobleza, mientras el resto vivía en la pobreza.

Además, la situación se agravó por la falta de modernización de las técnicas agrícolas. La industria, por otra parte, no había sido impulsada por el gobierno.

Poco a poco, esto provocó que la oposición al régimen creciera y se fortaleciera, aunque tenía que permanecer en la clandestinidad. Muchos de sus líderes, como Lenin o Plejanov, tuvieron que partir al exilio.

Características

La Revolución rusa fue uno de los hitos más importantes del siglo XX. Sus protagonistas fueron los trabajadores, con ayudas de miembros del ejército hastiados por las malas condiciones en las que tenían que luchar durante la Primera Guerra Mundial. Se trató, como había ocurrido en Francia algo más de un siglo antes, de derrocar a un régimen absolutista.

Primera fase

La primera parte de la Revolución, en febrero de 1917 (marzo según el calendario occidental) se asemejó más a las revoluciones burguesas que a una proletaria.

Fueron los burgueses, junto con oficiales del ejército y los intelectuales los que la dirigieron, aunque los movimientos y partidos obreros tuvieron una gran importancia.

En un principio, esta primera fase no tuvo como intención instalar un gobierno socialista, sino uno controlado por la burguesía. Sin embargo, el creciente protagonismo de los obreros puso las bases para el posterior levantamiento de octubre.

Con el Zar apartado del poder y con un gobierno provisional, la situación no mejoró, algo que aprovecharon los bolcheviques para efectuar su movimiento.

Segunda fase

Durante los meses intermedios existieron dos poderes diferentes en Rusia. Por una parte, el gobierno provisional, por otra, los soviets.

Estos últimos fueron fortaleciéndose, aprovechando la falta de resultados del gobierno. Los bolcheviques impulsaron la nueva rebelión en octubre (noviembre en occidente) y, mediante una insurrección popular, depusieron al presidente Kerensky. En esta ocasión, la intención no era crear un Estado burgués, sino uno socialista y revolucionario.

Teoría marxista

Aunque Karl Marx había escrito su obra pensando en sociedades industrializadas, como Alemania, los socialistas rusos pensaron que podían adaptar el marxismo a un país tan atrasado en ese sentido como era Rusia.

La teoría marxista expresaba que los medios de producción no debían estar en manos privadas, denunciaba la plusvalía y abogaba por la igualdad social. Para el pensador, el motor de la historia era la lucha de clases.

Soviets

Los soviets, con un significado similar a “asamblea” en ruso, fueron la base de la Revolución. En ellos se reunían los obreros y el resto de los trabajadores, junto con los líderes del movimiento para tratar de defender los intereses populares.

Durante los convulsos meses que transcurrieron entre las dos fases de la Revolución, aparecieron soviets de soldados, de campesinos o de obreros.

Desarrollo

Como se ha señalado, la Revolución rusa constó de dos fases diferentes. La primera, en febrero de 1917, derribó al Zar e intentó establecer una república liberal.

La segunda se desarrolló en octubre de ese mismo año. Los bolcheviques, liderados por Vladimir Lenin, derrocaron al gobierno provisional.

Día Internacional de la Mujer

El invierno había sido muy duro, lo que había provocado malas cosechas y hambrunas. A esto se le unió el cansancio por los años de guerra y la búsqueda de más libertades públicas. Así, el febrero de 1917, los trabajadores comenzaron a realizar algunas huelgas espontáneas en las fábricas de la capital, Petrogrado (San Petersburgo).

El día 23 de ese mes, 8 de marzo según el calendario gregoriano y, por lo tanto, Día Internacional de la Mujer, se produjo una gran manifestación en la capital. Fueron, precisamente, las mujeres quienes salieron a la calle ese día, pidiendo pan y libertad. Los obreros acudieron a apoyarlas y decidieron prolongar los paros en las fábricas.

27 de febrero

Durante los días posteriores, las huelgas fueron generalizándose por toda la ciudad. La tensión fue aumentando y aparecieron las primeras demandas que pedían acabar con el régimen de los zares.

Las manifestaciones empezaron a ser reprimidas con violencia. Los manifestantes, para defenderse, robaron armas a la policía.

El Zar, después de tres días de manifestaciones, ordenó a la guarnición militar de la capital que se movilizara para terminar con las protestas. Al principio, los soldados obedecieron y varios obreros resultaron muertos. Sin embargo, pronto las propias tropas comenzaron a unirse a los manifestantes. La respuesta del monarca fue disolver la Duma.

El 27 de febrero se produjo la unión definitiva de los soldados con los que protestaban. Ante esto, los oficiales intentaron huir, aunque casi ninguno lo consiguió.

Juntos, soldados y manifestantes, marcharon hacia el palacio de Táurida, sede de la Duma. Esto implicaba la defensa de esa institución frente a la decisión del Zar de disolverla.

Ante la situación que se estaba viviendo, los parlamentarios de la Duma se negaron a cesar sus funciones. El mismo día 27, crearon el Comité Provisional de la Duma, en el que participaron miembros de varias corrientes ideológicas, desde burgueses liberales a mencheviques.

Los bolcheviques

Los manifestantes liberaron a muchos presos políticos, que se unieron en la marcha hacia Taurida. Igualmente, se fundó el Soviet de Petrogrado, denominado Soviet de obreros y soldados, nombre que reflejaba la unión de ambos colectivos en la búsqueda de un mismo objetivo.

Los bolcheviques, por su parte, lanzaron un comunicado alentando a la revolución. Además, pedían que Rusia saliera de la Primera Guerra Mundial.

Por la noche de ese día 27, el gobierno zarista estaba en una situación insostenible. En la práctica, ya no mantenía ningún poder ni capacidad de acabar con la insurrección.

El fin de la revolución de febrero

Días después, el 15 de marzo, Nicolás II presentó su abdicación. Su hermano rechazó ocupar el trono, con lo que se certificó el final del zarismo. Finalmente, la familia real al completo fue arrestada y entregada al ejército.

Dualidad de poderes

Las semanas posteriores a la abdicación del Zar fueron bastante confusas, aunque el paoyo de la población crecía cada vez más.

Una de las causas que provocaban inestabilidad era la dualidad de poderes que existía en el país. Por una parte, estaba el gobierno provisional, instalado en Moscú. Por otra, el Soviet de San Petersburgo era cada vez más fuerte.

Así, mientras Kerensky, hombre fuerte del gobierno provisional, abogaba por la convocatoria de una Asamblea Constituyente y por continuar en la guerra, los seguidores de Trostsky, que más tarde ingresaría en el partido bolchevique, reclamaban medidas revolucionarias y que Rusia abandonara la Gran Guerra.

Las Jornadas de abril

La participación en la Primera Guerra Mundial se convirtió en uno de los motivos más importantes de división. La población, en líneas generales, era partidaria de dejar el conflicto, pero el gobierno provisional prometió a sus aliados continuar luchando.

Las manifestaciones por esta causa, a favor y en contra de seguir en la guerra, provocaron varios muertos. Tras esto, los socialistas moderados, partidarios del abandono del conflicto, entraron en el gobierno.

Por otra parte, Lenin, que había regresado al país desde su exilio, publicó sus Tesis de abril. En esta obra defendía que los soviets tenían que tomar el poder, así como la salida de la guerra. Además, se negó a apoyar al gobierno provisional y demandó la expropiación de las tierras de cultivo y su posterior reparto entre los campesinos.

Al principio, estas ideas no eran mayoritarias, ni siquiera entre los bolcheviques. Sin embargo, el colapso económico hizo que la posición de Lenin fuera ganando terreno. A principios de junio, los bolcheviques lograron el control del Soviet de Petrogrado.

Las Jornadas de julio

El gobierno provisional lanzó a principios de julio una operación en el marco de la Primera Guerra Mundial, la llamada Ofensiva Kerensky. El resultado fue un fracaso y los soldados empezaron a negarse a ir a la primera línea del frente. La popularidad del presidente sufrió una gran caída.

Una de las reacciones fue protagonizada por los obreros, quienes se manifestaron para pedir a los dirigentes del Soviet de la ciudad que tomaran el poder. Los bolcheviques, poco preparados en esos momentos, afirmaron que no era el momento de dar ese paso.

A pesar de esa declaración, el gobierno comenzó una gran campaña de represión contra los bolcheviques. Trotsky fue encarcelado y Lenin tuvo que exiliarse en Finlandia. De igual forma, los obreros fueron desarmados y, muchos de ellos, encerrados en las cárceles.

En el frente bélico, mientras tanto, la situación empeoraba. A partir del 8 de julio, ante la oleada de deserciones, se dio orden de disparar contra los soldados que intentaran huir.

Por último, los partidarios del zarismo comenzaron a reaccionar, con el estallido de pogromos en la costa. En el gobierno, Kerensky, social-revolucionario, sustituyó a Lvov en la presidencia, aunque pronto comenzó a perder su popularidad entre las masas populares.

Golpe de Kornilov

Kerensky nombró al general Lavr Kornilov como comandante en jefe del Ejército. Este, con fama de ser muy duro, había sido quien implementó las órdenes de disparar a los desertores, siendo partidario de que Rusia continuar en la Primera Guerra Mundial.

El ambiente en las fábricas era de temor por una posible contrarrevolución, algo que también ocurría en el Ejército. Ante esto, los sindicatos bolcheviques convocaron una huelga que contó con un enorme seguimiento.

Al mismo tiempo, una organización militar, la Unión de Oficiales del Ejército y de la Marina, pidió públicamente que se instaurara una dictadura militar.

En este contexto fue cuando Kornilov, en agosto de 1917, encabezó un levantamiento armado con el objetivo de acabar con los soviets y con las organizaciones obreras.

El gobierno provisional demostró entonces que no estaba capacitado para afrontar ese ataque y tuvieron que ser los bolcheviques quienes se encargaron de defender la capital. Con la participación de numerosos obreros, la intentona de Kornilov fue derrotada. Esto fortaleció a los bolcheviques y debilitó aún más a Kerensky.

Crecimiento de los bolcheviques

A partir de ese momento, y a pesar de los esfuerzos de Kerensky, los bolcheviques no pararon de fortalecerse y ganar presencia. A finales de agosto, controlaban totalmente el Soviet de Petrogrado. León Trotsky fue nombrado su presidente el 30 de septiembre.

Antes de ese nombramiento, el 31 de agosto, el Soviet de Petrogrado, junto con otros 126 más de otras partes del país habían votado una resolución a favor de establecer un Estado soviético. El lema que comenzó a utilizarse fue “todo el poder para los soviets”.

Revolución de octubre

El momento esperado por los bolcheviques para tomar el poder llegó en octubre de 1917. Lenin y Trotsky consideraron que la situación era la adecuada, con un gobierno provisional totalmente aislado y los obreros deseosos de dar el paso.

Aunque encontraron algunas reticencias internas, fijaron una fecha para la insurrección: el 24 de octubre (6 de noviembre según el calendario juliano).

Ese día, por la noche, comenzó el levantamiento. En realidad, los revolucionarios apenas encontraron oposición. La Guardia Roja bolchevique tomó, sin resistencia, el banco central, la central telefónica, los puentes y las estaciones. Asegurados esos puntos, procedieron a asalta el Palacio de Invierno.

Tras esa jornada, solo quedaba medir el apoyo popular. En el 2º Congreso de los Soviets de Diputados de Obreros y Campesinos, convocado para el día 25, Trotsky anunció la disolución del gobierno provisional.

La respuesta mayoritaria fue de apoyo. Sin embargo, algunos mencheviques y socialistas revolucionarios abandonaron en Congreso y crearon, al día siguiente, un Comité de Salvación de la Patria y de la Revolución”.

El día 26, aparentemente sin preocupación por el movimiento de los opositores, los soviets fundaron el Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom), formado solo por bolcheviques.

El nuevo gobierno

Una vez logrado el poder, los bolcheviques comenzaron a legislar. Promulgaron, en apenas unas semanas, 33 nuevas leyes, entre las que aparecían muchas que ya se encontraban entre las promesas del antiguo gobierno provisional.

En primer lugar, Lenin emitió una propuesta a todos los participantes en la Primera Guerra Mundial para que iniciaran conversaciones de paz.

Posteriormente, se promulgó el esperado Decreto sobre la Tierra, que eliminaba los latifundios. Mediante esta ley, los soviets de campesinos tenían libertad para reestructurar la propiedad de esas tierras como quisieran, ya fuera socializar el terreno o repartirlo entre los trabajadores del campo.

Otras medidas aprobadas durante esas primeras semanas fueron la abolición de la pena de muerte, el control obrero sobre los medios de producción, la soberanía y derecho de autodeterminación de todos los pueblos de Rusia y la supresión de privilegios políticos y religiosos.

Consecuencias

La Revolución rusa tuvo, por una parte, consecuencias locales como el fin del régimen zarista y el cambio de sistema de gobierno.

Sin embargo, más importantes fueron las consecuencias globales, ya que supuso la aparición de una gran potencia, protagonista de una etapa histórica en la que el mundo quedó dividido en dos grandes bloques: el comunista y el capitalista.

Final del régimen de los Zares

La primera consecuencia de la La Revolución rusa fue el fin del gobierno de los zares y su sustitución, en una primera fase, por una república.

El carácter autoritario, casi absolutista, de la Rusia de los zares había dejado a este país sin la influencia de las corrientes modernizadoras que habían alcanzado al resto del continente desde las revoluciones burguesas.

El Zar acumulaba todo el poder político y la aristocracia gozaba de privilegios económicos frente a una población depauperada.

Guerra Civil

A pesar de la fácil victoria de los revolucionarios de octubre, Rusia sufrió todavía varios años de inestabilidad.

Los bolcheviques, en el poder, no controlaban todas las regiones del país y sus opositores, desde zaristas a mencheviques, prepararon pronto una contrarrevolución. Además, varios países extranjeros, temerosos del contagio revolucionario, apoyaron a los opositores.

De esta forma, comenzó una guerra civil que duró hasta 1923, cuando los bolcheviques lograron derrotar a todos sus rivales, consolidando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Salida de la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial y sus consecuencias para Rusia fue una de las causas de la Revolución. Por ese motivo, no es de extrañar que los bolcheviques intentaran solucionar ese problema nada más tomar el poder.

Lenin promulgó el Decreto de Paz en el que explicaba sus intenciones de sacar a Rusia del conflicto. Además, sabía que hasta que los soldados que estaban luchando en ella no regresaran iba a ser imposible enfrentarse a sus opositores internos.

Finalmente, Rusia firmó la paz con Alemania el 3 de marzo de 1918, a pesar de que las condiciones del tratado, llamado Paz de Brest-Litovsk, perjudicaron a su país: Rusia perdió Polonia, Finlandia, Letonia, Estonia, Lituania, Georgia y Ucrania.

Economía soviética

El nuevo gobierno puso en marcha un nuevo sistema económico basado en las ideas socialistas. Sus principios básicos era la mejora de los materiales y de las condiciones laborales del proletariado, el bien común y asegurar la igualdad social en términos de derechos y deberes del pueblo.

Las tierras, por ejemplo, fueron repartidas entre los campesinos y las fábricas fueron puestas en manos de los obreros.

Aunque les costó unos años, y políticas muy represivas, el crecimiento económico de la URSS fue enorme, hasta convertirse en una gran potencia. Fue Stalin el que implantó los planes quinquenales para lograr ese crecimiento

Capitalismo frente a comunismo

Aunque la guerra civil y, después, la Segunda Guerra Mundial, retrasaron el enfrentamiento, después de 1945 el mundo quedó dividido en dos bloques irreconciliables.

Por una parte, liderado por la URSS, se encontraba el bloque comunista. Este comprendía Europa del Esta más otros países con regímenes socialistas.

El segundo bloque era el capitalista, encabezado por los Estados Unidos. En este se incluía la Europa occidental, la mayor parte de Latinoamérica y Oceanía.

Aunque ambas grandes potencias nunca llegaron a enfrentarse militarmente, si lo hicieron indirectamente. Durante el periodo llamado Guerra Fría, en casi todos los conflictos del mundo se escondía la lucha entre ellas.

Liberación de las costumbres y emancipación de la mujer

Socialmente, la Revolución supuso una gran cambio de costumbres. Los bolcheviques, por ejemplo, modificaron las leyes sobre el divorcio, el matrimonio y el aborto.

Durante la década de los 20, especialmente después del final de la guerra civil, se vivió lo que ha sido calificado por los expertos como una revolución sexual, muchas veces más avanzada de lo que deseaban los dirigentes.

En cuanto al papel de la mujer, los bolcheviques impulsaron políticas para favorecer su estatus en la sociedad. Así, desde finales de 1917, la ley estableció que la jornada laboral femenina fuera de 8 horas. Igualmente, comenzaron a poder negociar los salarios y recibieron ayuda para el cuidado de sus hijos durante las horas de trabajo.

Según el régimen soviético, la mujer debía poder trabajar fuera de casa, ya que, como ellos mismos declaraban, “encadenada al hogar, la mujer no podía ser igual al hombre”.

Personajes principales

Aunque la Revolución rusa ha sido catalogada como una revolución de masas, hubo una serie de líderes sin los que no hubiera sido posible. Los más importantes fueron Lenin, TrotsKy, Kerensky y, en el otro bando, el último zar, Nicolás II.

Vladimir Lenin

Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) vino al mundo el 22 de abril de 1879 en Simbirsk (Rusia). Abogado de profesión, entró en contacto con los círculos marxistas de San Petersburgo a mediado de la década de 1890. Sus actividades políticas le costaron ser desterrado a Siberia.

Posteriormente, en 1905, debió abandonar el país, exiliándose en Suiza y Finlandia, aunque sin perder contacto con los activistas socialistas del interior de Rusia.

Lenin regresó a Rusia en 1917, tras el inicio de la Revolución. Pronto se convirtió en el líder de la facción bolchevique y condujo a los suyos a tomar el Palacio de Invierno en octubre de ese mismo año.

Conseguido el poder, Lenin fue nombrado Presidente de los Comisarios del Pueblo. En 1918, firmó la paz con Alemania para sacar al país de la Primera Guerra Mundial.

Al año siguiente, fundó la Internacional Comunista y, junto a León Trotsky, el Ejército Rojo. Este logró derrotar a los contrarrevolucionarios durante la guerra civil.

A partir de 1921, Lenin aplicó la llamada Nueva Política Económica, que permitió la propiedad privada en algunos sectores, especialmente en la agricultura.

El 21 de enero de 1924, Vladimir Lenin falleció en Gorki, víctima de un infarto cerebral.

Aleksandr Kérensky

Aleksandr Kerensky nació en Simbirsk el 4 de mayo de 1881. El futuro político estudió derecho en la Universidad de San Petersburgo, graduándose en 1904. En la capital inició su trayectoria política, uniéndose al entonces clandestino Partido Socialista Revolucionario.

Años después, una vez creada la Duma, Kerensky se convirtió en uno de sus miembros más influyentes. Así, era uno de los líderes del bloque progresista, formado por socialistas, mencheviques y liberales.

Cuando estalló la revolución, en 1917, Kerensky era el vicepresidente del soviet de Petrogrado, por lo que tuvo una importante participación en el derrocamiento del zar y en la creación del gobierno provisional.

En este gobierno, fue, primero, ministro de justicia y, después, ministro de la guerra. Más adelante, en julio de ese mismo año, se convirtió en primer ministro.

Sin embargo, los bolcheviques de Lenin no apoyaron el gobierno, en buena parte por su negativa a sacar a Rusia de la guerra. En octubre, una nuevo estallido revolucionario acabó con el gobierno provisional.

Kerensky tuvo que marchar al exilio, instalándose en Nueva York al terminar la Segunda Guerra Mundial. El político falleció en esa ciudad estadounidense el 11 de julio de 1970.

León Trotsky

León Trotsky nació el 7 de noviembre de 1879, en la ciudad ucraniana de Yanovka. Cuando estalló la Revolución de 1905, se convirtió en uno de los líderes de la facción menchevique. A pesar del triunfo de esta rebelión, Trotsky fue arrestado y enviado a Siberia, aunque logró escapar y exiliarse al extranjero.

Ya en 1917, Trotsky regresó a Rusia y se involucró en las actividades revolucionarias que acabaron derrocando al zar. Durante esa época, acercó posturas con Lenin hasta acabar ingresando en las filas bolcheviques.

Siendo el segundo de Lenin, Trotsky tuvo una importante participación en el levantamiento de octubre.

Una vez logrado el poder, fue nombrado Comisario del Pueblo para los Asuntos Exteriores y, más tarde, fue uno de los fundadores del Ejército Rojo. Desde esa posición, fue una de las figuras fundamentales en la guerra civil rusa.

La muerte de Lenin, en 1924, desató una lucha interna por el poder. Esta enfrentó a Trotsky con Stalin y terminó con el triunfo del segundo.

Así, Trotsky fue expulsado del Partido Comunista y debió exiliarse en México. Allí, Ramón Mercader, cumpliendo las órdenes de Stalin, asesinó al dirigente ruso.

Nicolas II

El último zar de Rusia, Nicolás II, nació en San Petersburgo en 1868. Miembro de la dinastía Romanov, llegó al trono tras suceder a su padre, Alejandro III, en 1894.

Nicolás II continuó con las mismas políticas autoritarias de su padre, aunque los historiadores siempre han considerado que no tenía demasiadas aptitudes para el puesto. Sus críticos lo acusaban de reinar siguiendo las directrices de la zarina, Alejandra Fiodorovna, y, a través de esta, de su consejero Rasputín.

El zar tenía proyectos muy ambiciosos en política exterior, pero fracasó en todos ellos,  aceleraron la llegada de la Revolución. Por una parte, Rusia fue derrotada en la guerra que libró con Japón por el control del Extremo Oriente y, por otra, su injerencia en los Balcanes fue uno de los detonantes de la Primera Guerra Mundial.

La participación de Rusia en este conflicto provocó un gran aumento de la oposición a sus políticas. Las continuas derrotas del ejército minaron, aún más, la posición del zar.

La Revolución de 1917 obligó a Nicolás II a abdicar. Aunque aún tenía algunos partidarios, la llegada al poder de los bolcheviques, en octubre, selló la suerte del monarca. Pocos meses después, fue asesinado junto a su familia y algunos sirvientes.

Referencias

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  2. Departamento de Educación del Gobierno Vasco. La Revolución Rusa. Obtenido de hiru.eus
  3. Historia Universal. Revolución Rusa. Obtenido de mihistoriauniversal.com
  4. The Editors of Encyclopaedia Britannica. Russian Revolution. Obtenido de britannica.com
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