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¿Cómo reaccionar ante una humillación?


Que pisoteen nuestra dignidad no le sienta bien a nadie. La humillación es una sensación muy desagradable, producto habitualmente de situaciones sociales en las que otros nos minusvaloran, consciente o inconscientemente, y que se viven con profundo dolor.

Las reacciones ante una humillación pueden ser diversas, y no todas ellas son convenientes. Hay quienes se enfadan y empeoran más la situación, otros lloran y otros tratan de tomar represalias. Es sorprendente como unas palabras dichas con malicia o interpretadas como ofensivas pueden afectarnos tanto.

Tener claro cómo reaccionar ante una humillación de forma adecuada es algo complicado, nada fácil. Requiere de cierta calma y mente fría, además de tener la fuerza para evitar que las palabras ajenas nos afecten. Veámoslo más a fondo a continuación.

¿Cómo reaccionar ante las humillaciones y burlas?

El sentimiento de humillación es una experiencia cuyo impacto es tan intenso, tan fuerte, que puede llegar a destrozarnos. Sentirnos humillados es sinónimo de sentirnos borrados, confusos, indefensos, llenos de rabia. Puede manifestarse incluso con sensaciones físicas, como dolor de estómago, y reacciones emocionales visibles, como el llanto o los ataques de ira. Una respuesta común a ser humillado es querer esconderse, que la tierra nos trague y desaparecer. A menudo, cuando somos humillados, perdemos toda capacidad para tomar medidas.

A todos nos ha pasado que en alguna ocasión nos hemos sentido humillados y es bastante probable que pensemos en lo que podríamos haber hecho en ese preciso momento, o después, para protegernos. Es difícil volver a ese preciso instante y hacer lo correcto, pero no es una mala idea pensar en lo que podríamos hacer para protegernos si vuelve a sucedernos otra vez, ya que en el momento en el que nos humillen, probablemente no podamos pensar mucho, excepto en cómo escapar.

Es inevitable que reaccionemos de una u otra forma ante una humillación, pero sí que podemos evitar la forma en cómo las palabras que nos han dicho nos afecten. No debemos otorgarle más poder a la opinión de los demás que a la nuestra propia. La autoestima es clave para gestionar una experiencia humillante. A continuación vamos a ver unas cuantas sugerencias para saber cómo reaccionar ante una humillación.

1. Tómate un tiempo para pensar

Es difícil pensar con claridad en el momento en el que nos humillan, pues nuestra mente se congela por el horror y la frustración. Sin embargo, si de casualidad conseguimos que nuestro cerebro comience a funcionar de nuevo al momento, podemos descubrir una manera de responder.

Pero si no es así, lo mejor es que te tomes un tiempo para pensar una respuesta manteniendo la calma y la serenidad en la medida que puedas.

No tenemos que disculparnos, ni aceptar la culpa ni contraatacar, puesto que todo ello puede ser contraproducente en el momento. En esta situación, la víctima puede ser fácilmente victimizada de la manera más desagradable, incluso cuando tienen toda la razón sobre sus quejas.

2. No te lo tomes como un ataque personal

Es normal que de primeras interpretemos la humillación como un ataque personal pero... ¿Y si no lo es? Puede suceder que nuestro “agresor” realmente esté teniendo un mal día y justo ese día nos ha encontrado y nos ha hecho el comentario humillante, o puede ser que él o ella ya sea así de normal y simplemente nos hemos cruzado.

Un buen consejo es que, ante un comentario humillante, en vez de decir nada y contraatacar airadamente, nos paremos en silencio y nos mostremos ante él o ella con la boca entreabierta y expresando esa emoción de sorpresa. Puede que ni sepa que ha hecho un comentario ácido y, al mostrarnos con ese gesto de sorpresa y desagrado ante sus palabras, capte quizás ha hecho un comentario inapropiado y sienta lo que nos haya dicho. Es más, puede que al comprender lo que ha pasado ahora sea él o ella la persona que se siente avergonzada.

Si crees que quien te ha hecho el comentario humillante realmente no tuviera la intención de avergonzarte frente a los demás, una buena forma de reaccionar a la misma es respondiéndole con el tono adecuado, de forma simple pero directamente, en privado. Puedes usar la frase de “sé que no querías hacerlo pero, cuando me has dicho eso, me he sentido un poco molesto”.

Si el caso es que nos quiere avergonzar sí o sí, hay que tenerlo claro: da igual lo que hayamos hecho mal, no merecemos una humillación por ello. Cierto que debemos asumir la responsabilidad de nuestros actos y enmendar el error cometido, ahora, no debemos pensar que cometer un error significa que somos personas que deben ser denigradas.

Si una persona quiere que nos sintamos mal con nosotros mismos, lo más probable es que el problema esté en ellos, que esté frustrada con sus vidas y sientan la necesidad de tratar de buscarle defectos o humillar a los demás para tratar de reafirmarse. Desde luego, eso es un comportamiento patológico.

No tomárselo personalmente es saber que eres la víctima, no la causa del problema.

3. Comprende la motivación del otro

Si la situación humillante acaba de pasar, ahora que nos encontramos fuera de peligro, podemos dedicarnos un tiempo a pensar qué es lo que podría estar pasando. Comprender la motivación de la otra persona nos puede dar una visión más global de por qué ha sucedido esto y, relacionado con lo que ya hemos comentado antes, quizás nos permita entender que realmente no ha habido intención de lastimarnos.

Comprender no significa perdonar ni sentir lástima por la otra persona, al menos no necesariamente. Simplemente se trata de una herramienta para ayudarnos a salir de las potenciales y dañinas consecuencias de su comportamiento. También es una forma de ayudarnos a no tomar sus acciones personalmente, y de ver más claramente que se trata de algún problema que se encuentra en esa persona más que en nosotros mismos.

Cómo gestionar las humillaciones

4. Busca apoyo de los demás

Nadie puede escapar de la humillación. Es difícil encontrar a alguien que no se haya sentido humillado alguna vez en su vida. Por eso, es muy fácil encontrar a otras personas que pueden contarnos sus experiencias con esta emoción, haciéndonos sentirnos escuchados y, a la vez, hacer apoyo emocional mutuo ante situaciones en las que uno sintió que su dignidad fue pisoteada.

Por ejemplo, si nos hemos sentido humillados por nuestro jefe, puede ser que no seamos los únicos, y que el resto de compañeros de la oficina también hayan vivido una experiencia así en alguna ocasión. Hablando con ellos puede permitirnos conocer qué herramientas o estrategias usaron para saber salir del paso, y también comprender por qué nuestro jefe nos dijo eso.

5. Mejor no tomes represalias

La humillación es una mezcla de ira y vergüenza, por lo que sentir ganas de vengarse o tomar represalias es una consecuencia de la misma. Creemos que vengándonos vamos a conseguir restaurar nuestra dañada autoestima tras la humillación que alguien nos ha hecho.

El problema de hacer esto es que corremos el peligro de que actuemos sin pensar, metamos la pata todavía más y demos más material a nuestro humillador para humillarnos más. Podemos convertir una situación en la que ya éramos la víctima en una todavía peor, haciendo que parezca que los malos de la película somos nosotros. No tomar represalias no tiene por qué significar que estamos siendo débiles.

6. Sigue adelante

La mejor reacción ante una humillación es no permitir que la persona influya sobre nosotros, tanto si lo ha hecho inocentemente como adrede. Tenemos fortalezas y la capacidad de vivir una vida plena a pesar de los comentarios desagradables de ciertos individuos.

Si la persona que nos humilla lo hace adrede y encima lo hace de forma continuada, la única opción adaptativa posible es cortar la relación con él o ella, sea una pareja, un compañero de trabajo o un jefe. Cierto que no debemos dejar que nos incluya, pero si lo hace constantemente y no parece que vaya a aprender de lo que le comentemos que nos duele, lo mejor es evitar a esa persona en la medida de lo posible.